Con Lucas Lazo, corresponsal de RFI en Kiev
"Son actos de sabotaje cometidos por Rusia", denuncia Jan Van de Putte, especialista en cuestiones de protección radiológica de Greenpeace Ucrania. "Lo que llama la atención es que la electricidad necesaria hoy para mantener la seguridad de la central la suministra Ucrania", explica. "Solo quedan dos líneas de las diez originales. Y estas dos líneas han sido dañadas en varias ocasiones por Rusia".
Estas acusaciones no se basan en simples alegaciones. Jan Van de Putte se apoya, en particular, en imágenes satelitales recopiladas por Greenpeace al día siguiente de un corte anterior, en septiembre de 2025: "Rusia había afirmado entonces que se trataba de un ataque ucraniano, que la torre había sido bombardeada. Lo hemos verificado. Hemos podido constatar que la torre seguía en pie. Y que no había ningún cráter en las inmediaciones. Así que hemos podido demostrar que no hubo ningún bombardeo".
Una estrategia rusa de alto riesgo
Según este experto, este sabotaje de las líneas de alta tensión persigue un objetivo muy claro: "Desconectarlas y obligar así a Ucrania a permitir que Rusia conecte la central a la red rusa. Si los rusos lo lograran, y pudieran volver a poner en marcha, aunque fuera un solo reactor, ya no habría vuelta atrás, lo que les garantizaría el control de la central para siempre".
Una estrategia particularmente arriesgada: al privar a la central de su suministro eléctrico, Rusia la expone a un riesgo importante para su seguridad, con la amenaza, a largo plazo, de un grave accidente nuclear, según Greenpeace.
Compartir esta nota