Impulsada por la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha radical), el primer partido del país, esta iniciativa, en una Suiza donde los extranjeros representan más de una cuarta parte de la población, tiene por objeto limitar la inmigración para evitar que la población residente permanente supere los 10 millones de habitantes de aquí a 2050, cuando actualmente el país cuenta con 9 millones.
La población suiza ha crecido desde el 2002 pasando de 7,3 millones en ese año a 9,1 millones en el 2026. El 28% son residentes suizos nacidos en el extranjero. Si se aprueba, el Gobierno tendrá que prever restricciones de residencia y asilo si el número supera los 9,5 millones.
Los últimos sondeos daban un resultado muy ajustado con una ligera ventaja, con el 52%, para los votantes en contra de la iniciativa, un aumento con respecto a sondeos precedentes que situaban en el 47% ese porcentaje. Pero todo parece muy abierto porque hay un 3% de indecisos y además estos estudios se hicieron antes del ataque con cuchillo de Winterthur, a finales de mayo, calificado por las autoridades de “terrorista” y que podría movilizar a una parte del electorado.
Amenaza de los acuerdos con la UE
Si ganara el sí a la iniciativa, a partir del umbral de 10 millones antes de 2050, Suiza tendría que denunciar al acuerdo de libre circulación de las personas con la Unión Europea.
Tal denuncia activaría la denominada “cláusula guillotina”: la rescisión de un acuerdo bilateral conlleva la caducidad de todo el paquete acordado en 1999 entre Berna y Bruselas.
Quedaría entonces amenazado todo el entramado que rige hoy en día las relaciones económicas y políticas de Suiza con su principal socio comercial, incluida su participación en los acuerdos de Schengen y Dublín sobre seguridad y asilo. Una especie de Brexit a la suiza.
Los retos del crecimiento demográfico
Desde el punto de vista de la extrema derecha, hay retos que resultan problemáticos. “Escasez de viviendas, subida de los alquileres, urbanización del paisaje, atascos, trenes abarrotados, aumento de la delincuencia, un sistema sanitario al límite y la disminución de la calidad de la enseñanza”, constituyen los principales argumentos de los promotores de esta iniciativa.
“Un país pequeño que no es extensible”
“Suiza es un país pequeño que no es extensible” y nosotros “no queremos acoger a toda Europa ni a toda la miseria del mundo”, resume el diputado de la UDC Yvan Pahud, entrevistado por la AFP.
La iniciativa se presenta como una respuesta de “sentido común” a una sensación de saturación. Sobre el terreno, algunos representantes del partido nacional-conservador aseguran querer tranquilizar a una población inquieta sin poner en tela de juicio la presencia de los extranjeros ya instalados.
“No le pedimos a nadie que se vaya, no somos racistas”, afirma así Olivier Agassis, viticultor y representante local del partido, al tiempo que evoca un creciente “hartazgo”. (con AFP)
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