Por Alexandre Buccianti, corresponsal de RFI en El Cairo
En Egipto, el umbral de los dos millones de nacimientos al año se había superado por primera vez en 2008 y parecía destinado a crecer continuamente. Esta dinámica pesaba mucho sobre las infraestructuras del país: escuelas, hospitales, viviendas, transporte o incluso el abastecimiento alimentario.
Para evitar que una generación cada vez más numerosa llegara masivamente al mercado laboral veinte años después, las autoridades multiplicaron las medidas destinadas a limitar los nacimientos.
Entre ellas, la supresión de ciertas ayudas a partir del tercer hijo. La mayor parte de las subvenciones se destinaban a los centros de planificación familiar y a los medios anticonceptivos. El Estado también movilizó a sus intermediarios mediáticos y religiosos al término de una campaña publicitaria: "¡Dos [hijos, nota del editor] fuertes son mejores que cuatro débiles!".
La crisis económica, principal factor del descenso de la natalidad
Es sobre todo el deterioro económico del país lo que explica este descenso de la natalidad. En cuatro años, la libra egipcia ha perdido más de la mitad de su valor, mientras que los salarios no han seguido el mismo ritmo.
Una inflación que bate récords y pone a la población en una situación muy difícil. Para los hogares más modestos, es decir, aquellos que solían tener más hijos, tener un hijo supone ahora un gasto difícil de asumir. La leche infantil, que ya no está subvencionada salvo excepciones, puede llegar a consumir por sí sola la mitad del salario mensual del hogar. A esto se suman los gastos de asistencia sanitaria y de medicamentos, que tampoco están subvencionados.
Resultado: muchas parejas, ya afectadas por los costes del primer hijo, renuncian a ampliar más su familia. Muchas se quedan en dos hijos, aunque no hayan tenido un varón, como dicta la tradición.
Una transición demográfica que no lo resuelve todo
Sin embargo, este descenso de la natalidad no resuelve el principal reto al que se enfrenta Egipto: el empleo juvenil. Las generaciones que llegan -o que llegarán- al mercado laboral nacieron en pleno auge demográfico. Según los expertos, se necesitaría un crecimiento económico superior al 5 % anual durante varios años para empezar a reducir el desempleo.
Es cierto que el servicio militar obligatorio absorbe a una parte de esta juventud, con unos 400.000 reclutas. También está la cohesión familiar y social, pero esta empieza a flaquear.
Para muchos jóvenes egipcios, la emigración sigue siendo la principal perspectiva. Los destinos más buscados siguen siendo los países del Golfo. Los más precarios prueban suerte en Libia, con la esperanza de llegar después a Europa, cueste lo que cueste.
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