Por Stéphane Geneste
A pesar de décadas de sanciones, severas restricciones financieras y un creciente aislamiento político, Irán no está aislado del resto del mundo. Las cifras hablan por sí solas: en 2022, casi 150 países seguían comerciando bienes con Teherán. En otras palabras, las sanciones no significan cero comercio. Sobre todo, redefinen la naturaleza de los intercambios: con qué socios, según qué modalidades y a través de qué canales paralelos. El comercio iraní sigue existiendo, pero se ha transformado, fragmentado y a veces trasladado a canales menos visibles, en los márgenes de los circuitos financieros tradicionales.
Una economía basada en el intercambio de una renta por capacidades de producción
Si tantos países siguen haciendo negocios con Irán, es sobre todo por la propia estructura de su economía. El país vende principalmente productos de alto valor natural: hidrocarburos, derivados del petróleo, productos químicos. Por otro lado, Teherán importa lo que necesita para mantener su economía y satisfacer las necesidades de su población.
Así, Irán intercambia una renta por capacidades de producción. Esta lógica revela una fuerte dependencia del mundo exterior, especialmente de maquinaria, tecnología, insumos agrícolas y algunos productos alimentarios. Una dependencia que hace que el comercio exterior sea vital, tanto económica como socialmente.
China, Europa: socios clave a pesar de las limitaciones
Entre los países que comercian con Irán, un socio destaca claramente: China. Alrededor del 80 % del petróleo exportado por Teherán el año pasado fue comprado por Pekín. Un vínculo que va mucho más allá del simple marco comercial. Ante sanciones financieras que limitan las transacciones en dólares o euros, China ha establecido mecanismos alternativos de pago, fortaleciendo una relación que se ha vuelto estratégica. Otras economías asiáticas, como India y Turquía, gravitan en torno a este giro chino, y también continúan comerciando con Irán en mayor o menor medida.
Contrariamente a la creencia popular, los países que sancionan Teherán no están completamente ausentes del comercio iraní. En Europa, el comercio ha caído drásticamente desde que se impusieron las sanciones, pero no ha desaparecido. Alemania sigue siendo uno de los socios europeos más activos, especialmente en los sectores farmacéutico, industrial y químico, aunque los volúmenes siguen siendo modestos en comparación con los de Asia.
Esta relación euro-iraní está marcada por una profunda ambigüedad. Por un lado, las empresas europeas ven a Irán como un mercado relativamente poco equipado con más de 85 millones de habitantes. Por otro lado, los riesgos legales y financieros asociados a las sanciones están frenando cualquier ambición a gran escala.
Repercusiones posiblemente graves
Es precisamente porque muchos Estados siguen haciendo negocios con Irán que Donald Trump amenaza ahora con imponer aranceles. El objetivo declarado es aislar económicamente Teherán. Pero las repercusiones podrían ser graves: sancionar la actividad de empresas extranjeras y, en última instancia, la de los propios Estados.
Para el régimen iraní, el comercio exterior es una condición para la supervivencia. Los ingresos por exportaciones financian al país, mientras que las importaciones mantienen asociaciones que también actúan como relevos diplomáticos. Esta es una nueva ilustración del comercio internacional que es tanto pragmático como estratégico —y del lugar singular que Irán aún ocupa en él.
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