Por Zeenat Hansrod, con información de Raphaël Morán, redacción medioambiental de RFI
El sábado 3 de octubre, en una jornada internacional de acción contra los plaguicidas, agricultores y activistas de todo el mundo se están movilizando para denunciar los plaguicidas que venden las grandes empresas agroquímicas, los cuales, según afirman, están dañando su salud y destruyendo el medioambiente.
“Los plaguicidas se fabrican en Francia y se exportan al Sur Global por empresas que saben perfectamente que contienen moléculas prohibidas aquí. Están ganando dinero, no cumplen con las regulaciones francesas y desafían los derechos humanos”, afirmó Fleur Breteau, fundadora de Cancer Colère, una de las cuatro organizaciones francesas que organizaron la campaña del sábado.
A ellas se han sumado agricultores y organizaciones de todo el mundo —desde Pakistán hasta Argentina— que “comparten la misma indignación” ante lo que ella describe como “colonización química”.
“Nosotros, los agricultores, debemos unirnos ante el colonialismo químico de estas poderosísimas empresas agroquímicas. Como occidental, como francesa, esto es un rotundo no, porque están ganando dinero mientras violan las leyes francesas”, dijo Breteau, quien lucha contra un segundo episodio de cáncer de mama.
En Argentina, Agustín Brun, activista de Exaltación Salud —un grupo que lucha contra el uso de pesticidas químicos—, está de acuerdo con ella. Brun vive en Exaltación de la Cruz, en la provincia de Buenos Aires, un pueblo rodeado de campos de soja y maíz donde el uso de pesticidas es masivo.
“La Unión Europea y China, grandes compradores de nuestros granos, exportan plaguicidas —algunos de los cuales están prohibidos en sus propios países— mientras importan productos básicos a un precio más barato sin tener que enfrentar los costos socioambientales y los problemas de salud que genera la contaminación por plaguicidas en sus territorios”, estima Brun.
“En otras palabras, esos países están externalizando sus problemas”, declaró a RFI.
Brun agregó que los países desarrollados "extraen" productos agrícolas de Argentina que benefician principalmente a las grandes empresas farmacéuticas y agroquímicas, como Bayer-Monsanto o Syngenta.
"En mi pueblo hemos encontrado varias moléculas de agroquímicos, incluida la atrazina, en el suelo, el agua y muestras de sangre humana. Hay una alta tasa de cáncer y otras enfermedades crónicas, más elevada en Exaltación de la Cruz que en las ciudades cercanas", dijo a RFI.
El activista agregó que un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario reveló que los habitantes de los municipios fumigados con pesticidas tienen 2,5 veces más probabilidades de enfermarse y morir de cáncer que en las otras ciudades de Argentina.
“Lo sentimos en nuestros propios cuerpos, ¿sabes? Varios miembros de nuestro grupo murieron de cáncer”, dijo.
Existen varias pruebas científicas documentadas que relacionan la atrazina con el cáncer. Los científicos han declarado que la atrazina es un disruptor endocrino; afirman que tiene efectos neurotóxicos, teratogénicos y genotóxicos, y que es dañina para el hígado y los riñones.
Brun señaló que la atrazina fue desarrollada por primera vez por la empresa agroquímica Syngenta —uno de los cuatro gigantes mundiales del sector de semillas y pesticidas, junto con BASF, Bayer y Corteva—, que también es uno de los mayores proveedores de plaguicidas en Argentina.
La atrazina ha sido prohibida en 60 países, incluida la Unión Europea.
En 2019, una avioneta roció ilegalmente plaguicidas sobre una escuela cerca de Exaltación de la Cruz. “Los niños y el personal de la escuela resultaron intoxicados y sufrieron daños a la salud. Posteriormente se introdujo una prohibición contra la fumigación aérea de plaguicidas en todo nuestro municipio, no en la provincia, pero hemos estado haciendo campaña a favor de dicha prohibición desde 2012”, recuerda Brun.
Movilización en Francia
Exaltación Salud es una de las múltiples organizaciones que participarán este sábado en la protesta mundial contra los pesticidas. Se prevén acciones también en Costa Rica, Pakistán, Hawái, Estados Unidos, Bélgica e Indonesia.
“Nos hemos dado cuenta de que la ira es saludable”, declaró Fleur Breteau a RFI. “Y nos ha llevado a unirnos y a aunar fuerzas. Somos millones y tenemos razón para estar enojados. Cuando unimos toda esta impotencia y angustia, podemos volvernos muy poderosos. Y eso es lo que demostraremos el sábado 3 de octubre”.
En Francia, habrá una marcha de protesta frente a una de las plantas de fabricación de plaguicidas de Syngenta en Saint-Pierre-la-Garenne y varias acciones en un campo cercano.
Agricultores, pacientes con cáncer, víctimas de la contaminación por plaguicidas, trabajadores de la salud, investigadores del cáncer y abogados se unirán a la manifestación que tendrá lugar a unos 100 km al noroeste de París.

“Cuatro gigantes de la industria de la fabricación de pesticidas y semillas —BASF, Bayer, Corteva y Syngenta— han formado una especie de oligopolio en el que ejercen un poder inmenso a nivel mundial. Están patentando organismos vivos y están haciendo que los agricultores dependan de sus pesticidas, semillas y tecnología para cultivar alimentos”, denunció Breteau.
Syngenta fue adquirida, en 2017, por la empresa estatal china ChemChina, que a su vez es una subsidiaria de Sinochem Holdings.
“Una semilla de Syngenta no crecerá si simplemente la pones en la tierra por sí sola; necesita pesticidas para prosperar. Es como si pusieras pesticidas en el biberón de un niño y dijeras: ‘Esto lo hará crecer más rápido’. Es una locura”, afirmó Breteau.
La respuesta de la empresa química Syngenta
Syngenta declaró a RFI que los agricultores deben poder contar con una diversidad de soluciones y tecnologías para hacer frente a los desafíos interrelacionados de la producción agrícola, el cambio climático, la seguridad alimentaria y la protección de las personas y el medio ambiente.
“Respetamos plenamente el derecho a reunirse y protestar. Sin embargo, organizar una protesta en las instalaciones de Saint-Pierre-la-Garenne parece infundado dada la realidad de sus operaciones actuales: el 70 por ciento de la producción actual de las instalaciones es apta para su uso en la agricultura orgánica”, dijo un portavoz de Syngenta.
Kenia
En Kenia, Susan Owiti, de la Liga de Campesinos de Kenia, declaró a RFI que la mayoría de los plaguicidas que se usan en Kenia están prohibidos en el Reino Unido y se muestra de acuerdo con esta idea de una “colonización química” por parte de los países y las empresas más ricas.
“Quien te alimenta, te controla. La soberanía alimentaria consiste en tomar el control y la propiedad. Control sobre lo que cultivas. Por eso, al volcar sus productos prohibidos sobre nosotros, el Sur Global, quieren tomar el control de nuestros sistemas alimentarios”, afirmó.
La Liga de Campesinos de Kenia (KPL), una organización social de alrededor de 5,000 campesinos en transición hacia la agroecología, también participa en la movilización del 3 de octubre a través de las redes sociales. Están planeando una “tormenta en Twitter” y numerosas publicaciones en Facebook para crear conciencia sobre los agroquímicos, mostrando las historias de éxito de sus agricultores.
Owiti es una pequeña agricultora y activista de Migori, en el oeste de Kenia. Dijo que ha sido agricultora toda su vida.
“La agricultura agroecológica ha sido una tradición familiar desde que tengo memoria. Significa que trabajamos en estrecha colaboración con la naturaleza. Utilizo mis propias semillas, preparo mi propio abono y elaboro mis propios pesticidas basándome en los conocimientos que me transmitieron mi abuela y nuestros mayores”, dijo.
“No dependemos de las empresas agroquímicas”, recalca.
Según Owiti, los pesticidas que venden las grandes empresas agroquímicas —en los que se pueden encontrar sustancias prohibidas— son responsables de la degradación del suelo; afectan la salud de los agricultores y sus familias; y los atrapan en un ciclo de deudas para pagar los pesticidas.
“Como necesitan los pesticidas para las semillas que compran a estas empresas, los agricultores se ven obligados a pedir dinero prestado a los bancos para pagar los préstamos a las empresas de pesticidas”, explica a RFI.
Owiti agregó que ha visto a muchas mujeres —la mayoría de los agricultores en Kenia son mujeres— que padecen enfermedades de la piel y pulmonares, ya que no utilizan ningún equipo de protección al manipular los pesticidas.
“El gobierno debe poner en práctica el plan estratégico agroecológico lanzado por el Ministerio de Agricultura en 2024”, recomienda, aludiendo a la “Estrategia Nacional de Agroecología para la Transformación del Sistema Alimentario 2024-2033”.
Para Owiti, compartir los conocimientos ancestrales de los agricultores de mayor edad es una de las formas de “luchar contra las grandes empresas”.
“Los agricultores de mayor edad son como bibliotecas que atesoran años y años de investigación”, afirmó.
“Este aprendizaje intergeneracional, transmitido a los agricultores más jóvenes, nos ayudará a conservar esos conocimientos y a alejarnos de las prácticas de la agroindustria”.
Denuncian a los grupos de presión industriales
La activista francesa Fleur Breteau acusa a los legisladores de estar bajo la influencia de los gigantes agroquímicos.
“Hoy se ha cruzado la línea roja y se ha pisoteado la ética. Los legisladores, en su mayoría del centro a la extrema derecha, están poniendo en duda la evidencia científica que relaciona algunos plaguicidas con las enfermedades que causan. Se están aprobando leyes que reintroducen plaguicidas que antes estaban prohibidos debido a su toxicidad para la salud humana”, dijo.
Breteau se dio a conocer en julio de 2025 cuando gritó desde la tribuna del público: “Están coludidos con el cáncer y nos aseguraremos de que todos lo sepan”.
En ese momento, los diputados franceses debatían el proyecto de ley Duplomb, que incluía el levantamiento de las restricciones al uso de plaguicidas, entre ellos el acetamiprid.
“Hay una maniobra política para imponernos aún más pesticidas, no para facilitarles la vida a los agricultores ni para garantizar la soberanía alimentaria, sino que se trata simplemente de una cuestión de ganancias.
Los pesticidas están diseñados para impulsar la producción y aumentar los rendimientos a costa de nuestra salud, la biodiversidad y el agua, al tiempo que se utiliza la menor cantidad posible de trabajadores”, afirmó.
El Parlamento Europeo examinará en octubre un controvertido paquete legislativo de simplificación sobre seguridad alimentaria y de alimentos para animales. Su objetivo es agilizar la legislación en materia de alimentos y alimentos para animales. Su plan para “procedimientos eficientes de renovación de plaguicidas” ha sido objeto de numerosas críticas.
Este plan “autorizará más del 90 por ciento de los plaguicidas que se encuentran actualmente en circulación, incluso si los estudios científicos demuestran que son tóxicos. En otras palabras, una vez que se apruebe, no podremos retirarlos del mercado, a pesar de su toxicidad comprobada. Esto es muy grave porque crea un mercado europeo sin restricciones para los fabricantes de estos plaguicidas”, insiste Breteau.
“A cualquier miembro del Parlamento Europeo que vote a favor de esta ley ómnibus lo consideraremos un criminal”, afirmó Breteau.
“¿Cómo se supone que vamos a mejorar en un mundo que nos envenena un poco más cada día?”, se pregunta.
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