Los soldados han obligado a las tres familias a concentrarse en dos viviendas, han ocupado una tercera y, desde allí, ejercen diversas formas de violencia: les impiden recibir comida de sus allegados e incluso dormir. Las familias aseguran sentirse en una prisión. Qusra pide ayuda a la comunidad internacional.

"Es una sensación muy difícil. Mi otro hermano está a dos o tres pasos y no puedo llegar a él", dice Aisha Hamdan, palestina de 35 años, sitiada junto a su madre y su hermano. Ella pasa los días encerrada con ellos en su casa, que se encuentra junto a otras viviendas que el Ejército israelí ha convertido en posiciones militares. Aisha afirma que los soldados les prohíben acercarse a las ventanas y abrir la puerta para limpiar. Aunque, añade, teme más perder la casa si se marcha que a los colonos y soldados que la rodean.

"Si me voy, adiós a esta casa. Además, ¿a dónde iría? Los israelíes se quedarían con la casa, pero no se detendrían ahí, sino que avanzarían poco a poco y tomarían el control de tantas casas como puedan", dice.

Hablamos con ella por teléfono mientras vemos su hogar desde un alto de Qusra, porque el Ejército ha declarado la zona "militar cerrada" y ya no pueden acceder civiles. Los colonos, sin embargo, siguen moviéndose libremente.

También observamos a civiles frente a la casa de Loui Ridi, un palestino-estadounidense que, harto de seguir esta violencia desde Ohio, tomó un vuelo y se plantó en la casa en la que creció. Al llegar, colgó la bandera de Estados Unidos, el gran aliado de Israel, para subrayarlo.

"Dejé mi cómoda vida cotidiana en Ohio porque temo por mi familia aquí. Temo que los colonos se apoderen de mi casa. Es duro y, para mí, es una pesadilla. Estoy en una prisión dentro de mi propia casa", dice Loui Ridi.

Mientras Aisha y Loui viven este doble asedio desde dentro, Abdul Karim Hassan lo observa desde lejos, apenado, desde su coche. Tiene en esas casas a su mujer, sus hijos y sus nietas, y cuando intentó llegar hasta ellos los colonos se lo impidieron.

"Los soldados les cortan internet y tiran basura alrededor de la casa. De noche, no paran de gritar y no les dejan dormir. No es solo que no pueda hacer nada, es que el mundo entero no sabe qué hacer con el terrorismo israelí", dice Abdul Karim Hassan, desplazado por el operativo israelí y cuya familia también permanece bajo asedio.

Qusra se ubica en la llamada "zona B" de la Cisjordania ocupada, donde Israel controla la seguridad y la Autoridad Palestina, la administración. Es también una zona en la que las milicias de colonos vienen concentrando sus agresiones, tras desplazar a miles de palestinos de la "zona C", donde Israel ejerce un control total. Por eso, Abdul Azim Wadi pide ayuda internacional ante un cerco que él, como alcalde, no tiene poder para romper.

"Son días de espera, ansiedad y miedo. El Ejército no está arrestando a los colonos ni desalojándolos para poner fin al asedio. Debe haber una intervención diplomática", dice Abdul Azim Wadi, alcalde de Qusra.

Es la política del gobierno que lidera Netanyahu junto a la ultraderecha y los partidos ultraortodoxos, el más favorable a la anexión. Y es la que aquí, en Qusra, permite el cerco de once personas, entre ellas niños: el más prolongado, pero no el único, de Cisjordania.

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