Por el enviado especial de RFI a Sao Paulo
A sus 80 años, el presidente Lula se agarró uno de los peores enfados de su vida cuando terminó la primera vuelta. Llegó a afirmar en privado que había sido la peor campaña de su vida. Pero si algo tiene el presidente brasileño es tenacidad para dar la batalla y tomó una serie de decisiones drásticas que estos días muchos periodistas brasileños comentan en corrillos. A sabiendas de que su rival, Flávio Bolsonaro, le llevaba mucha ventaja en la batalla digital, el analógico Lula (que ni siquiera tiene un smartphone) decidió lo más complicado que puede haber en la vida cuando ya uno lo ha vivido todo y acumula años de experiencia: dejarse asesorar y salir de la zona de confort. Llamó a los cargos electos jóvenes de su partido, se dejó asesorar por influencers cercanos al PT y decidió prohibir a las viejas estructuras de su partido que encorsetaran la campaña en los parámetros clásicos.
Más allá de las denuncias a META por presuntamente haber favorecido al hijo de Jair Bolsonaro, Lula dejó de relamerse la herida para plantar cara a la campaña en redes del bolsonarismo que hasta entonces había multiplicado por cinco la inversión del lulismo en este campo. Parece que la jugada ha tenido resultado y los últimos sondeos hablan de empate técnico entre ambos candidatos.
Lo que este domingo se pone en juego, además de esas dos ideas de Brasil frente a frente, es sobre todo, la apuesta de un presidente por un cambio radical en su campaña queriendo demostrar que más allá de su perfil analógico, Lula no es Biden y a sus 80 años parece haberse tomado muy en serio lo de implicarse activamente en la campaña. "Se ha hecho más selfies en quince días que en toda su vida anterior", nos decía Fernanda, una joven del Partido de los Trabajadores (PT) de su equipo de campaña renovado. La maratón de cierre de campaña, con actos masivos en Sao Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, ha formado parte de ello. Como también lo ha sido bajar al barro en los debates cara a cara con su rival derechista.
Al contrario de lo que le había asesorado su equipo de campaña anterior, Lula entró a los ataques familiares por corrupción, especialmente durante el primer cara a cara. Como queriendo responder en primer lugar a los Bolsonaro y ya de paso a todos aquellos que dejaban caer la comparativa con Biden y la sombra de los achaques de la edad.
Este domingo se pone a prueba ese cambio de estrategia para saber si ha sido suficiente para remontar. El cambio era perceptible estos días en las calles de Sao Paulo. "El PT no tenía ni tensión de campaña antes de la primera vuelta, parecía que no se jugaba nada. Ese cambio es la novedad", explicaba a RFI el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Minas Gerais Joao Botelho. Mientras el triunfo de Lula supondría la continuidad y mantendría a Brasil, junto con México, como el último reducto de la izquierda en el renovado tablero político de Latinoamérica, una victoria de Bolsonaro consolidaría definitivamente la ola derechista en Latinoamérica.
158 millones de brasileños están llamados a las urnas en lo que podría ser la elección más ajustada en la historia del país. Los colegios electorales abrirán a las 08.00 de la mañana (hora de Brasilia) y cerrarán a las 17.00, nueve horas más tarde. A pesar de lo reñido de la contienda, el sistema de urnas electrónicas del Tribunal Superior Electoral, adoptado desde 1996, ofrece un escrutinio veloz al término de la jornada electoral. Hay algunas claves que muchos expertos y politólogos han ofrecido estos días al equipo de enviados especiales de RFI a Brasil y que pueden ayudar a comprender la situación:
33 millones de abstencionistas en primera vuelta
El voto en Brasil es obligatorio, pero la sanción es tan baja que no es disuasoria. 33 millones se abstuvieron en primera vuelta y su incidencia fue mayor en sectores de clases bajas, tradicionalmente más cercanas a Lula. Para el presidente brasileño la clave de estas elecciones es mover a esas bolsas populares para que acudan a votar este domingo. Así se entienden algunas de las subvenciones y ayudas anunciadas por Lula durante los últimos días que han sido muy criticadas por la derecha, que las ha tachado de compra de voto popular y de irresponsabilidad fiscal.
El efecto de los debates
En una carrera que puede definirse por centésimas, el efecto de los dos cara a cara televisados de esta última semana puede ser letal. El último fue en Río de Janeiro en la noche del viernes y las encuestadoras no han tenido tiempo de evaluar sus efectos. Durante más de dos horas de cara a cara, el tono se mantuvo más constructivo que en el áspero debate anterior. Lula contrapuso su perfil obrero al de su rival, mientras Bolsonaro incidió en su versión más moderada. El poder de compra del brasileño fue el tema estrella y una de las grandes preocupaciones de las que se habla estos días en las calles del país. La clase media brasileña que no percibe que los datos macroeconómicos del país, con casi un 2% de crecimiento este año y un récord de empleo, se estén traduciendo en una vida mejor. Y ese argumento juega muy a favor de Flávio Bolsonaro, que ha intentado explotarlo en los debates.
La cuestión de la soberanía
Las acusaciones contra META y contra los intereses de Trump por beneficiar a los Bolsonaro podrían tener un efecto repliegue hacia el presidente brasileño. El tema de la soberanía en Brasil levanta ampollas y quizá por ello el presidente de EE.UU. ha mantenido una prudencia poco habitual en él durante las jornadas previas a la votación. La entrada de Trump de la mano de un nuevo gobierno bolsonarista para explotar recursos como minerales raros es otro asunto de impacto en la soberanía que está sobre la mesa pero sobre el que el hijo de Bolsonaro ha querido pasar de puntillas estos días.
Los evangélicos y las mujeres
Hay dos segmentos de voto que se miran con lupa y cada uno de ellos beneficia a uno de los dos candidatos. Un 62% de los evangélicos, según Datafolha, votará este domingo por Bolsonaro, privilegiando la cuestión de la familia tradicional. En Brasil hay 47 millones de evangélicos y este voto es fundamental. Lula ha hecho muchos esfuerzos por rescatar un voto que tuvo en su momento durante su primer mandato ,pero que luego fue virando al bolsonarismo. Las mujeres y las minorías LGTB, en cambio, sí que podrían dar la victoria al presidente. El voto bolsonarista sigue estando muy masculinizado.
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