República Dominicana figura entre los países con mayor nivel de conectividad en América Latina y el Caribe. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-2024) de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 91% de la población utiliza internet y el 94,7% de los hogares cuenta con teléfono celular. A eso se suma que, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), casi siete de cada diez dominicanos utilizan inteligencia artificial al menos una vez por semana.
Sin embargo, detrás de esos indicadores persiste una brecha digital de género que limita la participación de las mujeres en la transformación tecnológica y la economía digital del país.
Informes recientes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la ONE advierten que la brecha digital de género ya no se limita únicamente al acceso a internet o dispositivos, sino también al desarrollo de habilidades digitales avanzadas, el uso estratégico de la tecnología y la participación femenina en sectores tecnológicos y STEM.
En el documento Educación y desarrollo de competencias digitales en América Latina y el Caribe, publicado en 2025, la CEPAL señala que persisten brechas en el uso de herramientas digitales y en el desarrollo de habilidades necesarias para beneficiarse de las oportunidades de la economía digital.
Mientras, en el documento Superar las trampas del desarrollo de América Latina y el Caribe en la era digital, el organismo sostiene que la transformación digital podría profundizar desigualdades sociales y económicas si no se implementan políticas inclusivas y estrategias de formación tecnológica.
Por su parte, la ONE, en su Panorama Estadístico 117: Brecha digital de género en República Dominicana, indica que las diferencias entre hombres y mujeres también se reflejan en el uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación.
Asimismo, el informe Mujeres en ciencia, tecnología, innovación y digitalización en Iberoamérica, publicado en 2026 por ONU Mujeres, Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sostiene que las mujeres continúan subrepresentadas en carreras y empleos tecnológicos, y que los marcos normativos todavía no logran traducirse en resultados medibles de igualdad.
La brecha también se refleja en la producción científica. El Informe Cienciométrico de la República Dominicana, elaborado por la PUCMM y presentado en marzo de 2026, reveló que las mujeres representan apenas el 28.8% de los autores científicos dominicanos, pese a que el número total de investigadores se multiplicó durante las últimas dos décadas
Lea más: Brecha Digital RD 2025
Uso estratégico de la tecnología
Para la presidenta de la Federación de Mujeres Empresarias Dominico Internacional (FEM), Rossy Escotto Minaya, el principal reto ya no es únicamente el acceso a internet o dispositivos móviles.
“La brecha digital de género en el país ya no se centra principalmente en el acceso a la tecnología, sino en la calidad del uso y el nivel de aprovechamiento de las herramientas digitales”, afirmó.
Explicó que muchas mujeres utilizan internet y redes sociales de manera frecuente, pero todavía existen diferencias importantes cuando se analiza el uso estratégico de herramientas digitales para crecimiento empresarial, automatización, comercio electrónico, análisis de datos o inteligencia artificial.
“Persisten brechas en áreas como comercio electrónico estructurado, automatización de procesos, análisis de datos, herramientas de gestión empresarial e incorporación de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial”, sostuvo Escotto.
La dirigente empresarial indicó que uno de los problemas más importantes es la falta de capacitación y alfabetización digital avanzada.
“Aunque todavía existen zonas con limitaciones de conectividad, actualmente el mayor reto está relacionado sin dudas con la falta de capacitación y alfabetización digital avanzada”, expresó.
Según explicó, hoy no basta con tener acceso a internet, sino que resulta necesario aprender a utilizar la tecnología para vender, gestionar finanzas digitales, automatizar procesos y proteger información.

Desigualdad territorial y limitaciones estructurales
Las diferencias también se reflejan entre Santo Domingo y otras provincias del país.
Más allá de la capital, el panorama se complica. De acuerdo con Escotto Minaya, las diferencias entre Santo Domingo y el interior del país son significativas y estructurales: "En Santo Domingo hay más acceso a universidades, centros tecnológicos, capacitaciones, eventos y redes empresariales. En muchas provincias, las emprendedoras enfrentan más limitaciones para acceder a herramientas tecnológicas, programas de formación y oportunidades de vinculación."
A eso se suma un problema de infraestructura. El estudio Desigualdad en el acceso a Internet fijo: un análisis territorial para la República Dominicana de INTEC, citado en mayo de 2026, advierte que en el 87.5% del territorio nacional solo entre cinco y seis hogares de cada diez tienen conexión fija a internet, lo que limita el alcance de los programas de alfabetización digital.
La presidenta de la FEM señaló también que en algunos casos existe menor conciencia sobre la importancia estratégica de las herramientas digitales para el crecimiento de los negocios, lo que retrasa la adopción de soluciones tecnológicas. Explica, además, que reducir esa brecha territorial y de conocimiento es fundamental para lograr una transformación digital verdaderamente inclusiva.
Las responsabilidades de cuidado limitan el acceso digital
En abril de 2026, el Ministerio de la Mujer y la ONE presentaron datos conjuntos en un encuentro regional de organismos estadísticos, donde República Dominicana fue reconocida por sus avances en la producción de estadísticas con enfoque de género. De acuerdo con esa presentación, las mujeres dominicanas duplican a los hombres en trabajo de cuidado no remunerado.
Así lo confirma Escotto Minaya a partir de la experiencia directa con las empresarias dominicanas: "Muchas mujeres deben equilibrar su tiempo entre negocios, familia y responsabilidades de cuidado, lo que limita las oportunidades de formación continua y adaptación tecnológica. Por eso es importante impulsar programas flexibles, accesibles y diseñados tomando en cuenta la realidad cotidiana de muchas mujeres empresarias y emprendedoras."
Solo una de cada tres mujeres quiere estudiar tecnología
El PNUD puntualiza que apenas el 34,8% de las mujeres dominicanas manifiesta interés en formarse en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) frente al 52.7 % de los hombres. De acuerdo con ese mismo informe, las mujeres utilizan más plataformas educativas digitales que los hombres, pero ese uso no se traduce en formación tecnológica formal.
A ello se suma una barrera cultural que, según Escotto Minaya, agrava el panorama:
"Todavía existen mitos relacionados con la edad y la tecnología. En ocasiones, mujeres de generaciones mayores sienten que la transformación digital es demasiado compleja o que está dirigida únicamente a personas jóvenes, cuando la realidad es que la tecnología debe ser una herramienta accesible para todos. Hemos visto mujeres reinventar y fortalecer sus negocios exitosamente gracias a herramientas digitales, independientemente de su edad o experiencia previa".
¿Qué está haciendo el gobierno?
En los últimos años, el Estado ha impulsado distintos programas de inclusión tecnológica y conectividad.
En febrero de 2026, el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) lanzó la Canasta Digital Social 3.0, un programa que contempla la entrega de dispositivos móviles, conectividad gratuita y alfabetización digital para miles de personas en comunidades vulnerables.
Ese mismo organismo inauguró en abril el Digitalab-CIMUDIS, un laboratorio tecnológico orientado a mujeres con discapacidad, financiado por el Fondo de Desarrollo de las Telecomunicaciones.
Además, los Centros Tecnológicos Comunitarios (CTC) certificaron durante abril y mayo de 2026 a cientos de jóvenes en programas vinculados a tecnología y habilidades digitales, con iniciativas enfocadas en incentivar la participación de niñas y adolescentes en las TIC.
En paralelo, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) lanzó el Plan de Atracción de Inversión Extranjera Directa para Empresas TIC 2026-2036, mientras la Oficina Gubernamental de Tecnologías de la Información y Comunicación (OGTIC) continúa impulsando proyectos de expansión de fibra óptica y digitalización estatal.
Aun así, persisten desafíos relacionados con la formación tecnológica avanzada, el acceso a financiamiento para innovación y la participación femenina en sectores digitales estratégicos.
Para Escotto Minaya, el país está carente de políticas integrales que impulsen la inclusión digital.
"En el país se han impulsado avances importantes en conectividad, alfabetización digital y programas de inclusión tecnológica, liderados por instituciones como INDOTEL y el Ministerio de la Mujer. Sin embargo, todavía hace falta fortalecer políticas más integrales que conecten la inclusión digital con la educación tecnológica avanzada, el acceso a financiamiento para innovación y un acompañamiento real a las MIPYMES lideradas por mujeres."
Riesgo de exclusión económica
La digitalización también plantea riesgos de exclusión si no se garantiza una participación más equitativa.
Escotto consideró que dejar a miles de mujeres fuera de la transformación digital tendría consecuencias económicas importantes para el país.
“Sería una pérdida importante de talento, productividad, innovación y crecimiento económico. La economía digital necesita diversidad, creatividad y una participación amplia para poder desarrollarse de manera competitiva”, afirmó.
Agregó que las mujeres tienen una participación significativa dentro del ecosistema de micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), por lo que excluirlas de la transformación tecnológica limitaría el potencial de crecimiento económico nacional.
Mientras tanto, el país ha avanzado en conectividad y programas de inclusión digital, pero la brecha de género sigue trasladándose hacia espacios más complejos, como la formación tecnológica, la participación científica y el liderazgo dentro de la economía digital.
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