Ramón Almánzar no eligió la izquierda como quien elige una carrera o un partido. La izquierda lo eligió a él desde antes de que pudiera nombrarlo. Nació el 20 de septiembre de 1953, en plena dictadura trujillista, tercer hijo de nueve en una familia monoparental de un barrio marcado por la vulnerabilidad.

La desigualdad no fue para él un concepto aprendido en un aula: fue la caja de limpiabotas que cargó de niño para llevar algo a la boca de sus hermanos. Como diría Frei Betto —y como él mismo vivió en carne propia—, "la cabeza piensa donde los pies pisan", frase que compartió con su compañera de vida, la pedagoga María Josefina Cantisano Rojas

Lo cierto es que los pies de Ramón pisaron el hambre, la precariedad y la injusticia, y su cabeza nunca olvidó ese territorio mocano del cual provino.

Esa misma raíz popular atravesó su formación como Ingeniero Agrónomo y sus 17 años en la Secretaría de Agricultura. No fue el técnico que mira el campo desde un escritorio: fue el extensionista que leyó en el campesino y la campesina la misma explotación que había conocido de niño en el barrio.

Desde ahí construyó su visión sobre la desigualdad estructural dominicana, y desde ahí también libró sus batallas en la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos (ANPA) y en las estructuras sindicales donde militó durante décadas, peleando por el respeto a los derechos humanos, por las libertades de asociación y por condiciones laborales dignas. "No era un ideólogo que bajaba línea: era un hombre que conocía el nombre y la historia de cada persona cuya causa defendía", expresión que surge de las respuestas escritas con el poder de la memoria de Cantisano Rojas.

Lo que hace singular el legado de Almánzar —hoy, a once años de su muerte— no es solo lo que hizo, sino cómo lo hizo.

En la República Dominicano la cooptación política es una práctica casi institucionalizada, él se postuló dos veces a la presidencia por el Movimiento Alternativa Revolucionaria no para ganar sillones, sino para instalar ideas. Militó en la Línea Roja, en el Partido de los Trabajadores Dominicanos y terminó como vicepresidente del Movimiento Patria para Todos —no por ambición de cargo, sino por convicción unitaria—.

Su secreto, afirman quienes lo conocieron, no era ningún secreto: era la certeza plena de que sí es posible hacer política con ética, transparencia y confianza en el pueblo. Esa certeza, hoy, sigue siendo la deuda más grande de la izquierda dominicana consigo misma.

En un diálogo mediado por la escritura, con matices biográficos, familiares y políticos, en el cual la la maestra María Josefina Cantisano Rojas recoge un legado

Doce preguntas para recoger el legado de Ramón Almánzar

¿Cuál fue el momento o la experiencia que convirtió a Ramón Almánzar en un hombre de izquierda? ¿Hubo un punto de quiebre, una injusticia concreta que lo marcó para siempre?

El 20 de septiembre del 1954 la sociedad dominicana vivía no uno, sino varios puntos de quiebre llamados injusticias, desigualdades, exclusiones, hambre, miseria, asesinatos, desapariciones, encarcelamientos cotidianos de la dictadura trujillista. En ese contexto de profunda oscuridad democrática, de bienestar social y de libertades doña Idalia Almánzar “daba a luz” a Ramón. Ser el tercer hijo de nueve, en una familia monoparental, en un barrio de marcada vulnerabilidad, las precariedades alimentarias y de salud le hablaron del trabajo infantil traducido en una caja con cepillo, pasta marrón, negra y paño en manos el limpiabotas salió a buscar cómo brillar las tripas de sus hermanas, hermanos por lo menos para un “chao”. Pienso entonces, en una idea especialmente popularizada por intelectuales como Frei Betto y Paulo Freire: "la cabeza piensa donde los pies pisan".

Almánzar era Ingeniero Agrónomo y trabajó 17 años en la Secretaría de Agricultura. ¿Cómo se conjugaban en él el técnico y el revolucionario? ¿Esa formación agraria moldeó su visión sobre la desigualdad en el campo dominicano?

Más que los dispositivos de la formación agraria, su visión sobre la desigualdad desde la responsabilidad como técnico de extensión Ramón la reafirmó en la lectura del contexto rural, de las limitaciones del campesino, de la campesina, de las y los productores del campo quienes también vivían en la explotación agropecuaria.

Fue presidente de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos y militó en estructuras sindicales durante décadas. ¿Qué batallas concretas libró por los derechos de los trabajadores dominicanos y cuáles considera que ganó?

Luchó por el respeto a los derechos humanos, a las libertades de las asociaciones profesionales y sindicales; a unas condiciones laborales dignas y la profesionalización continua de los miembros de la ANPA.

Almánzar se postuló a la presidencia de la República en dos ocasiones por el Movimiento Alternativa Revolucionaria. ¿Qué buscaba realmente con esas candidaturas? ¿Era una apuesta electoral genuina o una plataforma para instalar ideas en el debate público?

Las ideas para el debate público era una responsabilidad política propia de su quehacer y líneas como militante de izquierda, consciente de sus implicaciones dentro de los funestos y largos años del balaguerismo y del balaguerato.

Militó en la Línea Roja y el Partido de los Trabajadores Dominicanos, y terminó como vicepresidente del Movimiento Patria para Todos. ¿Qué nos dice ese recorrido sobre la evolución —y las fracturas— de la izquierda dominicana en las últimas décadas?

Quiero cuidar poner en boca de Ramón unas que otras respuestas como son las relacionadas con la evolución y/o fracturas de la izquierda dominicana en las últimas décadas. Releyendo más allá que declaraciones, apuntes y/o registros de asambleas populares, pienso que en él quedaron certezas traducidas en acciones y apegos necesarios e indispensables por la unidad del movimiento popular, progresista, de izquierda, mujeres y hombres, jóvenes, en todo el territorio nacional para que construyéramos una sociedad en la que quepamos todas y todos. Tengo la certeza de que, por ejemplo, sus convicciones unitarias responden por qué al momento de su fallecimiento él fuera vicepresidente del Patria para Todos; Ramón militó por ideas, no por cargos ni títulos en los espacios de izquierda.

A 11 años de su muerte, ¿qué queda vivo del pensamiento de Ramón Almánzar en la política dominicana actual? ¿Hay dirigentes, organizaciones o causas que lo reivindiquen genuinamente?

Para mí, en este contexto, hablar de pensamiento es hablar de acción. Cuando escucho consigna como ¡Ramón vive, la lucha sigue! Me quedo en la condición performativa de la palabra LUCHA. Hablar de lo que queda vivo del pensamiento de Ramón en la política dominicana actual es hablar de las luchas que hoy día libran diferentes movimientos sociales en particular por la defensa y protección del medio ambiente, sin embargo, dónde están las luchas por la defensa de la soberanía nacional, contra la corrupción gubernamental, contra los letargos legislativos, en favor de las tres causales, en fin…

Almánzar resistió, según sus compañeros, "las embestidas de todos los gobiernos" sin traicionar sus principios. En un país donde la cooptación política es una práctica extendida, ¿qué le permitió mantenerse fiel a sus convicciones? ¿Cuál era su secreto?

No se trataba de secreto, sino de una plena convicción de que SÍ es posible hacer política con ética, transparencia, honestidad, coherencia y confianza en el pueblo y desde el pueblo.

La desigualdad, la precariedad laboral y la debilidad sindical siguen siendo problemas estructurales en la República Dominicana. Si Almánzar estuviera vivo hoy, ¿qué estaría haciendo? ¿Qué batallas daría en 2026?

Denunciar a todo pulmón y accionar incansablemente junto al pueblo en la defensa de la soberanía nacional, de las luchas comunitarias por el medio ambiente, contra la explotación minera sin los debidos estudios de impacto ambiental, por un Código de Trabajo decente, que respete la dignidad humana de las trabajadoras y los trabajadores atendiendo ampliar licencias y proteger la cesantía, por ejemplo. No descansaría en la lucha contra la corrupción y la impunidad permanentemente vigentes en la que solo hay cambios de personas.

Su muerte fue calificada como "un duro golpe para el movimiento de izquierda y las fuerzas democráticas" de la República Dominicana. Once años después, ¿ese vacío fue llenado? ¿Existe hoy en el país una izquierda con la coherencia, la honestidad y la capacidad de movilización que él representaba?

Nuestro país cuenta con la coherencia y honestidad política de mujeres y hombres progresistas y de izquierda; sí, sí! A pesar de que se impone el reconocimiento de que estamos en momentos de una tímida movilización y se impone la autocrítica que retome los caminos de las luchas sociales, económicas, políticas y culturales

¿Qué le diría usted hoy a las nuevas generaciones de dominicanos sobre Ramón Almánzar? ¿Por qué deberían conocerlo y qué pueden aprender de su vida para enfrentar los problemas del país en este momento?

(Esta pregunta, a solicitud de Cantisano Rojas, la responden sus hijos Amilcar y Aldo, y su hija Amelia) Les diría que Ramón Almánzar representa una generación de dominicanos que vivió tiempos muy difíciles, de represión política, de desigualdad social, de persecución ideológica y de grandes diferencias entre ricos y pobres. Fue una persona que supo involucrarse, organizarse y defender causas sociales sin importar que esto le costara cárcel, ataques y sacrificios personales. Si se puede aprender algo de él es que la política puede ser un acto de servicio y no solo de poder, que la coherencia tiene valor, que los derechos humanos no son un tema abstracto y que no hay que ser indiferente o vivir de espaldas a los problemas del país, conocer a lideres de izquierda como Almánzar ayuda a entender parte importante de la historia de República Dominicana y mas allá de su ideología aprender de él que defender la dignidad, la justicia social y la participación popular es hoy en día igual de relevante y necesario.

¿Hubo algún momento en que Almánzar dudó o cometió un error que reconoció públicamente?

La permanente actitud autocrítica era una manifestación de reconocer, atender y avanzar la militancia política.

Qué diferencia a Almánzar de otros dirigentes de izquierda que terminaron acomodándose al sistema?

Hacer política con ÉTICA y DIGNIDAD HUMANA CON Y DESDE EL PUEBLO.

Dos días antes del 27 de mayo de 2015 había intercambiado con Mary y Ramón uno de los ensayos de Florence Marie Therèse Thomas, psicóloga, columnista, escritora y activista feminista colombofrancesa, a quien la maestra Cantisano Rojas había invitado al país para desarrollar actividades formativas en torno a los derechos de la mujer.

Al terminar la lectura, aquella sonrisa con la que expresó: "No es tarea fácil ser esposo de una feminista; uno tiene que estar reconstruyendo y aprendiendo siempre", queda para siempre en mi mente. Una frase de respeto y lealtad hacia su compañera, una actitud, la de siempre reaprender, que marcó su vida.

Elvira Lora

Subdirectora

Periodista especialista en investigación, documentación y derechos humanos. Doctora en Periodismo & Comunicación de la #UAB. Productora transmediática y fundadora de una plataforma de periodismo feminista Ciudadanía Fémina.

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