Los escándalos y las disputas en los medios sociales no han mermado la popularidad de Gustavo Petro. A medida que se acerca el final de su mandato, él quiere seguir involucrado en la política.
El año pasado, Gustavo Petro recibió un golpe que habría acabado con la carrera de la mayoría de los presidentes.
Su exministro de Relaciones Exteriores publicó una carta en la que acusaba al líder colombiano de ser un drogadicto y de haber desaparecido durante dos días durante un viaje oficial a París.
"Su recuperación, lamentablemente, no se ha producido", escribió Álvaro Leyva el pasado mes de abril.
Petro simplemente se rio de las acusaciones. Había, dijo él, cosas "más interesantes" que hacer en París que pasar tiempo con Leyva, de 83 años. Petro también negó las acusaciones, diciendo que había estado con su hija, mientras que Leyva admitió más tarde que no había visto directamente a Petro consumiendo drogas.
El episodio fue solo un ejemplo de la sorprendente resiliencia de Petro. Mientras los colombianos se preparan para acudir a las urnas este mes con el fin de elegir a su sucesor, el presidente está desmintiendo su condición de 'pato rengo', es decir, un político con poder político mermado debido a que su mandato está llegando a su fin.
El primer político de izquierda en gobernar Colombia, Petro ha visto aumentar su índice de aprobación en casi 10 puntos porcentuales desde noviembre del año pasado, hasta alcanzar el 45.8 por ciento, según la firma de encuestas local Invamer. El candidato de su partido, Iván Cepeda, es el actual favorito en las elecciones, las cuales se anticipa que vayan a una segunda vuelta el 21 de junio.
Petro, un exguerrillero del ya desaparecido grupo M-19, está usando esta plataforma para impulsar la creación de una nueva asamblea que reescriba la Constitución. Este órgano trataría de ampliar las garantías en materia de pensiones, salud y derechos sobre la tierra.
Al operar 'tras bastidores', esto también podría permitirle a Petro influir en la política colombiana mucho después de que deje la presidencia. Esta posibilidad alarma a sus numerosos críticos, quienes lo acusan de intentar socavar las instituciones del país.
Petro se ha enfrentado a numerosos escándalos relacionados con su comportamiento mientras mostraba una descarada vanidad y se involucraba en interminables disputas en los medios sociales. Pero él también ha demostrado ser un astuto político con una capacidad, al estilo de Donald Trump, para acaparar la atención.
"Es Petro, y no los candidatos presidenciales, quien a menudo domina el debate político", dijo Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes en Bogotá.
Un político veterano de un partido rival afirma que un líder exitoso debe ser capaz de generar miedo, odio y esperanza: "Petro es el único político en el país capaz de ofrecer las tres cosas".
Petro ha conservado su relevancia política a pesar de no haber logrado implementar la mayoría de sus planes. Un intento de reformar significativamente el sistema de salud provocó retrasos en los tratamientos y la indignación de muchos colombianos. Una reforma laboral quedó en gran medida diluida.
Y su plan de entablar negociaciones con todos los grupos armados que controlan una gran parte del territorio colombiano —un proyecto conocido como "Paz Total"— en gran medida ha sido sustituido por un enfoque más militarista.
Los fracasos administrativos han sido acompañados de una sensación de caos personal. Los colegas de Petro cuentan innumerables anécdotas sobre su errática conducta y sobre sus citas perdidas o pospuestas. Cuando surgieron rumores de excesivo consumo de alcohol durante una racha de ausencias inexplicables y tuits nocturnos mal escritos, Petro respondió desafiante: "Soy adicto… ¡al café!".
Él tiene predilección por los mocasines y los cinturones de Ferragamo, y ha usado sombreros y grandes gafas de sol, incluso durante los períodos de recuperación de cirugías estéticas o de un posible cáncer. Sin embargo, en un país que se encuentra entre aquellos con más desigualdad del mundo, gran parte de la influencia política de Petro proviene de su capacidad para darles voz a los pobres y a las minorías que sienten que siempre han sido excluidos del poder en Bogotá.
Muchas de esas personas con gusto culpan a la élite de Bogotá por sus fracasos en el cargo. Un aumento del 23 por ciento del salario mínimo, el cual ejerce aún más presión sobre las finanzas públicas, ha ayudado a consolidar ese apoyo.
"Petro ha logrado crear una base política del 30 al 35 por ciento que no se verá afectada por los escándalos de corrupción, por la ineficiencia del Gobierno o por los indicios de autoritarismo", afirmó Borda, la politóloga.
Petro ha aprovechado una serie de disputas con Trump, quien en una ocasión lo llamó "narcotraficante", para ganarse el apoyo de su país. La administración Trump temporalmente revocó la visa de Petro después de que él instó a las tropas estadounidenses a desobedecer órdenes durante un discurso en una manifestación a favor de Palestina en Nueva York. Sin embargo, los dos presidentes parecieron hacer las paces en una reunión celebrada en el Despacho Oval en febrero.
Pero, al igual que Trump, Petro tiene la capacidad de meterse en la cabeza de sus oponentes. Él utiliza los medios sociales para atacar constantemente a sus oponentes y a los periodistas, y ha enfrentado acusaciones de difundir información falsa.
Y, al igual que Trump, le gusta provocar y escandalizar. En una reciente reunión televisada del gabinete, se lanzó a una discusión improvisada sobre la cantante colombiana Shakira y la sexualidad humana. "El clítoris y el pene están conectados al cerebro", les dijo a los ministros reunidos, aunque, de una manera menos al estilo de Trump, también incluyó una referencia al filósofo alemán Hegel.
Para los críticos de Petro, hay otra cualidad al estilo de Trump que les preocupa más: su disposición a desafiar a las instituciones. En ciertas ocasiones él ha intentado eludir al Congreso y, este año, lanzó un ataque contra la independencia del banco central, afirmando que los miembros de su junta directiva —incluidos los que él mismo nombró— están al servicio de "la oligarquía".
Su propuesta de reescribir la Constitución no ha hecho más que avivar esas preocupaciones.
"Gustavo Petro ha demostrado que podría tener aspiraciones autoritarias. Él parece querer un presidente con un enorme poder concentrado en su persona y sin el Congreso", afirmó Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI). "Él ignora que la Constitución colombiana fue concebida para que nadie pueda apoderarse del mando del país".
Sus críticos también temen que, si el partido de Petro pierde las elecciones, él organice protestas callejeras para socavar al nuevo Gobierno, el cual heredará un enorme déficit presupuestario.
De cualquier manera, pocos colombianos anticipan que Petro pase a un segundo plano una vez que terminen las elecciones.
Al describirse a sí mismo la semana pasada ante la pregunta de qué tipo de expresidente iba a ser, Petro dijo que no planea "ni ponerme a hacer poesía romántica ni meterme, como un viejo cansón, en la política colombiana de todos los días".
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