Muchas personas tienen dificultad para alegrarse por sus logros, sienten que su éxito no les pertenece, por más que triunfan siguen temiendo decepcionar a los demás. No se trata de una enfermedad ni de un trastorno mental, es una forma de relacionarse con la vida, en la que, aunque los demás te aplauden y te elogian, persiste la sensación de no merecer esos reconocimientos. Es el llamado “síndrome del impostor”, que realmente no es un diagnóstico clínico formal, pero sí un patrón conductual.

Es una forma de interpretarse uno mismo. Imaginan que lo que han logrado ha sido por suerte, por engaños o porque le han ayudado.

Son personas muy competentes, pero presentan inseguridad, valoración condicionada y agotamiento. El aumentar sus logros no lo hace desaparecer. Las personas cercanas a ellos no logran entender por qué no pueden disfrutar sus triunfos.

Algunos factores psicológicos, sociales y culturales están dificultando que valoremos lo que somos y normalmente no nos damos cuenta. Vamos a comentar algunas tendencias que están contribuyendo a hacernos más vulnerables a este síndrome.

Existen actualmente expectativas irreales, por modelos de vidas en apariencia perfectas que se nos presentan en los medios sociales. Esto contribuye a que algunas personas se sientan deficientes. Las redes sociales no crean el fenómeno del impostor, pero lo intensifican y lo normalizan.

Está de moda el compararse unos con otros, en una intensa competencia. En ocasiones los padres presionan a los hijos porque sienten la necesidad de mostrar que son los mejores, con un ansia obsesiva por notas, títulos y reconocimientos, a veces sin importarles como lo logren.

El hijo debe saber que es amado, incluso si fracasa. Tanto para él como para sus seres queridos, es importante que se supere y sea cada vez mejor, pero no debe verlo como un requisito para ser aceptado por sus padres.

Se llega a crear una expectativa tan negativa ante el error, que se considera como un fracaso absoluto, lo que incrementa el miedo en el terreno académico y laboral. El miedo al fracaso se vuelve tan intenso, que la satisfacción del triunfo no logra disiparlo.

La consecuencia de este síndrome es que muestran dificultad para disfrutar sus logros, sentirse satisfechos o realizados o para mantenerse relajados y en paz. Esto deteriora la autovaloración y aunque podría no afectar significativamente su rendimiento, también podría perjudicar su efectividad. Personas o grupos menospreciados, pueden sentir mayor presión.

No tienen la capacidad de disfrutar que son buenos, porque necesitan ser el mejor. Ni siquiera si son los mejores se sienten bien, por las dudas internas y por el temor de dejar de serlo o de que los demás descubran que no son excelentes. No se sienten con derecho a equivocarse, esto los puede empujar a la procrastinación o a trabajar sin descanso.

Conviene aclarar algunas cosas: normalmente pueden lograr sus metas, lo que les impide es disfrutar de sus logros. No confundir con humildad. No son personas deficientes, pero tienen una deficiencia para disfrutar la vida. Aunque se les reconozcan sus logros o méritos, o los elogien, realmente no lo creen.

Entre las posibles soluciones o estrategias para manejar este síndrome podemos mencionar la psicoeducación, mediante esta se motiva a reconocer sin temor esta tendencia y comprender que es bastante común.

En los casos que la persona se sienta muy afectada o se considere que de alguna forma entorpece el desarrollo de su vida, se recomienda recibir psicoterapia. La idea no es el sanar una enfermedad, sino el reorientar la vida de forma más satisfactoria.

Mindfulness puede ayudar a hacer más positivo el diálogo consigo mismo, por ejemplo, en lugar de decir, no me lo merezco, podría ser: aunque crea que podría haberlo hecho mejor, lo hice bien. Pese a no suprimir la duda, podría impedir que ella tome el control.

También la terapia cognitivo-conductual puede ser de mucha ayuda (diálogo interno, creencias nucleares).

Comprender que, aunque no somos perfectos, el error no nos define. Debe reconocerse que somos humanos haciendo lo mejor posible, sabiendo que los humanos no somos perfectos.

Conviene hablar de la situación e incluso tener alguna mentoría. Puede ser de ayuda llevar un registro personal de los triunfos y de cómo fueron logrados.

Aunque no se corrija del todo, si se logra una visión de esperanza, el incrementar la autoconfianza, favorece la calidad de vida. Eres un ser valioso independientemente de lo que puedas lograr. Lo importante no es que dudes, sino el que puedas avanzar y sentirte bien, pese a tus dudas.

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Freeman, K. J., Houghton, S., Carr, S. E., & Nestel, D. (2022). Measuring impostor phenomenon in healthcare simulation educators: A validation of the Clance Impostor Phenomenon Scale and Leary Impostorism Scale. BMC Medical Education, 22, Article 139. https://doi.org/10.1186/s12909-022-03190-4

Soares, A. K. S., Alves, R. T., & Vera Noriega, J. Á. (2025). Fenómeno del impostor y salud psicológica: una revisión sistemática. Quaderns de Psicologia, 27(2)

Luis Ortiz Hadad

Médico

El Dr. Luis Ortiz Hadad, nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 17 de septiembre del 1958. Graduado de Doctor en Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el 1983. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España (1984-1986). Se especializó como Cirujano General en el Hospital Central de las FFAA-Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en (1988-1992). Haciendo la subespecialidad en Cirugía Colorrectal en Marsella, Francia (2000-2001). Es Psicólogo Clínico egresado con los máximos honores de la Universidad de la Tercera Edad (2022). Ha sido profesor de Anatomía y Cirugía por más de 20 años en la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Es miembro del Comité Editor de la Revista Archivos Médicos Dominicanos (AMED). Presidente de la Sociedad Dominicana de Coloproctología (2011-2013), Presidente de la Academia Dominicana de la Medicina (2016-2018) y Presidente de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores (2023-2025). Es miembro del Colegio Médico Dominicano, del Colegio Dominicano de Cirujanos, de la Sociedad Dominicana de Coloproctología, Asociación Latinoamericana de Coloproctología, Academia Dominicana de Medicina, del Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) y de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores. Presta sus servicios como Cirujano Coloproctólogo y Coordinador del Internado de Cirugía de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) en el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), donde también desarrolla desde el 2022 un programa de Meditación Terapéutica Racional Emotiva. Es escritor de artículos semanales en el periódico acento desde el 2020 y es autor de los libros: Cincuenta Reflexiones. Breve guía para el Homo sapiens y Piensa bien, Vive mejor: Una terapia racional emotiva social. Es reconocido por sus actividades a favor de un mayor desarrollo humano como estrategia prioritaria para el mundo de hoy y enseñanzas de autoayuda basadas en las neurociencias.

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