En el mes de marzo de 2018, comencé a preguntarme por los motivos que habían impulsado al joven médico haitiano Jeannot Cadet a instalarse en Venezuela a finales de los años cuarenta. Unos meses antes, en agosto de 2017, había intentado poner un poco de orden en mis notas dispersas; viejos cuadernos polvorientos donde se entrelazaban los rastros de una correspondencia fraternal entre el doctor Salvador Allende y jóvenes profesionales de la medicina en Haití.
Estas notas me remontaban inevitablemente a mediados de los años setenta, en el barrio de Bois-Patate. Vuelvo a ver aquellas tardes apacibles, sentado en medio de ancianos cuyas edades rondaban la del doctor René Piquion (1906-2001), en algún punto entre Arsène Benjamin y Adrien Timmer. Con una erudición dulce y desapegada, evocaban la época en que el joven Jeannot Cadet —brillante primer graduado de la Facultad de Medicina en 1945, mucho antes de su estancia en Chicago en 1952— intercambiaba cartas con el poeta Pablo Neruda y el doctor Salvador Allende. Este último no era entonces más que un joven cirujano, que se había convertido en diputado en 1937 y luego en ministro de Salubridad entre 1939 y 1942. Al remendar estos viejos cuadernos, me sorprendo buscando los contornos de esta historia haitiana tan desconocida. ¿Cuál fue la verdadera dimensión de aquellos diálogos entre nuestros grandes hombres del pasado y sus ilustres contemporáneos del Sur? El tiempo teje a veces hilos extraños: en 2010, al día siguiente del terremoto del 12 de enero, fue el propio nieto de Salvador Allende, el doctor Pablo Sepúlveda Allende, quien desembarcó a su vez en Haití como parte de la cooperación médica cubana.
Todas estas trayectorias rotas o lejanas se inscriben en el escenario de una época olvidada, cuyas estructuras administrativas duermen hoy en los estantes de la Universidad de Míchigan, bajo una referencia impersonal: «Washington, División de Salud y Saneamiento, Instituto de Asuntos Interamericanos, 1947-1948».
Los informes del Instituto de Asuntos Interamericanos
Detrás de este título administrativo se esconde un vasto programa de salud pública nacido al concluir la Segunda Guerra Mundial. El Instituto de Asuntos Interamericanos (IIAA), un organismo del gobierno de los Estados Unidos creado para estrechar los lazos técnicos con el continente, supervisaba entonces la construcción de infraestructuras sanitarias y la lucha contra las grandes endemias en América Latina. Dieciocho naciones habían firmado estos acuerdos bilaterales, dibujando la geografía de una solidaridad médica olvidada: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela por América del Sur; Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y Panamá por América Central y el Caribe; y finalmente México por América del Norte.
Sobre el terreno, las decisiones no se tomaban en Washington. Cada ministerio de salud local albergaba una célula técnica conjunta, el Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública (SCISP). A través de este discreto mecanismo se organizaba el cofinanciamiento de hospitales, redes de alcantarillado y sistemas de agua potable.
La estancia venezolana del doctor Cadet
Es precisamente en los engranajes de esta inmensa maquinaria sanitaria donde se desdibujan y se revelan las siluetas del doctor Jeannot Cadet (1920-2006) y de su esposa, Janine Wainwright Cadet (1921-2013). En 1947, mientras el IIAA publicaba sus voluminosos informes, la joven pareja, recién graduada —él de la Facultad de Medicina de Haití, ella de la Escuela Nacional de Enfermeras—, aceptó la invitación del gobierno venezolano.
Su misión los llevó al estado de Miranda. Hasta 1950, vivieron allí al ritmo de los dispensarios y de los programas de salud rural, coincidiendo de paso con las grandes figuras de la transición democrática venezolana de la época: los presidentes Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos.
Las huellas archivísticas de una época
Para recuperar el aroma de aquellos años de cooperación y verificar los hechos que se van desvaneciendo, es necesario sumergirse en los fondos documentales oficiales. El informe original, titulado «Report on cooperative health program of the the governments of Bolivia, Brazil, Chile, Colombia, Guatemala, Haiti, Honduras, Nicaragua, Peru, El Salvador, Uruguay, Venezuela, and the United States», se divide en once partes distribuidas en trece volúmenes que cuentan con valiosos mapas, dejando tras de sí varias pistas para el buscador de recuerdos.
La primera de estas pistas conduce a los repositorios digitales y académicos, concretamente a la HathiTrust Digital Library, que permite acceder directamente al catálogo digitalizado de la Universidad de Míchigan, donde se pueden consultar en acceso libre algunos volúmenes dedicados a los países socios, como Venezuela o Chile. En la plataforma Internet Archive también se encuentra el documento de análisis global de la época, «The Program of the Institute of Inter-American Affairs (1947–1948)», que hace un balance de las ambiciones estadounidenses en el momento de la reestructuración del instituto por parte del Congreso.
Las fuentes oficiales del gobierno estadounidense conservan las piezas más concretas de este pasado. En los Archivos Nacionales de Estados Unidos (NARA), ubicados en College Park, los expedientes administrativos completos, los contratos de asignación y los informes de campo de la División de Salud y Saneamiento del IIAA descansan en el Record Group 229, bajo el título de los documentos de la Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos. Paralelamente, el sitio oficial GovInfo permite consultar la obra histórica de referencia publicada en 1947, «History of the Office of the Coordinator of Inter-American Affairs», indispensable para comprender el marco legal de estas misiones. Por último, la Office of the Historian del Departamento de Estado mantiene el acceso a los volúmenes de las «Foreign Relations of the United States» (FRUS); las recopilaciones diplomáticas del año 1948 conservan allí las correspondencias oficiales, los textos de los acuerdos bilaterales y las extensiones de los contratos sanitarios que vinculaban a los Estados Unidos con la República de Haití.
Para completar este panorama, la investigación contemporánea aporta una perspectiva más distanciada. Las prensas de la Universidad de Duke, a través de los archivos de la revista Hispanic American Historical Review, ofrecen análisis históricos profundos sobre el funcionamiento de estos servicios conjuntos y el impacto a largo plazo de la influencia de Nelson Rockefeller en las políticas de salud pública en América Latina.
Todas estas piezas sueltas, estos nombres alineados sobre el papel amarillento de los informes oficiales, son los últimos indicios de una época en la que los médicos haitianos viajaban para curar al mundo, dejando tras de sí recuerdos dispersos que intentamos, como buenamente podemos, retener.
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