En las entregas anteriores de esta serie, sostuvimos la hipótesis de que existe una relación de mutua influencia entre los traumas —crisis económica, política y cultural mediada por la opinión pública— y la construcción del discurso político que, tradicionalmente, cohesiona internamente a los partidos en los procesos electorales, mientras polariza ideológicamente la esfera civil y la subjetividad de los ciudadanos. 

En esta cuarta entrega retomamos las propuestas de Eliseo Verón, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Teun van Dijk, para sostener una sociología del discurso que entiende el discurso político como el resultado de una relación de mutua influencia en tres instancias: primero, las condiciones sociales de producción del discurso —los traumas culturales: crisis, escándalos de corrupción, estigmas y logros alcanzados—; segundo, los medios de divulgación y reproducción del discurso —medios de comunicación y plataformas digitales—; y tercero, las condiciones de los actores sociales —élites, clase media, trabajadores, precariado, mujeres, jóvenes— que hacen posible el reconocimiento del discurso político en un contexto determinado.

Partiendo de estos supuestos, el objetivo de este artículo es interpretar la paradoja del discurso de la modernización neoliberal del segundo gobierno de Leonel Fernández (PLD, 2004-2008), a partir de las condiciones sociales heredadas del gobierno anterior del PRD, logros alcanzados y su éxito en la cohesión y hegemonía del proyecto del PLD hasta el 2020. 

La herencia del gobierno anterior

Como sostuvimos en el artículo previo, el mandatario Hipólito Mejía buscó la reelección presidencial en 2004, con un desempeño económico deficiente: una crisis fiscal que había disparado la inflación y el desempleo, una crisis institucional, como resultado de la división interna del PRD y un incremento de las demandas y protestas sociales a nivel nacional. 

En ese contexto electoral, Leonel Fernández ganó las elecciones para un segundo mandato sin necesidad de segunda vuelta, con el 57.1% de los votos, uno de los porcentajes más altos de la historia electoral dominicana.

La construcción del discurso de la modernización y el progreso

Tomando en cuenta esas condiciones sociales heredadas, el presidente electo construyó su estrategia discursiva a partir de lo que Manuel Matos Moquete ha llamado el ideologema del progreso: el crecimiento económico como vía de retorno a la modernización de la sociedad dominicana. En su discurso de toma de posesión, Fernández interpretó la situación heredada en estos términos:

"Heredamos una crisis fiscal, monetaria y bancaria: déficit de 56 mil millones de pesos, inflación del 60%, devaluación de más de 100%, caída del poder adquisitivo, desempleo masivo, reservas negativas, crecimiento negativo y cierre del acceso a capital externo."

Con este primer diagnóstico económico -nada neutral-, el mandatario enfatizó lo negativo del "otro" (el gobierno saliente), a partir de una acumulación y reiteración de significantes con sentidos catastróficos —déficit, inflación, devaluación, desempleo, reservas negativas, crecimiento negativo— de alto impacto retórico en la población dominicana. 

En este escenario de significantes catastróficos, el mandatario legitimó la necesidad de la reforma fiscal y del ajuste  económico que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), requería el país. Para el FMI, se necesitaba un ajuste fiscal del 4% del PIB, de ese 4%, el 2.5% saldría de un aumento del ingreso tributario, es decir de más impuestos al consumo, y el 1.5% restante de una reducción del gasto corriente y los subsidios estatales, particularmente del desmonte de los subsidios al gas y la electricidad que ayudaba la economía doméstica de los sectores populares. 

Ante la crisis del sector eléctrico y el creciente número de apagones se impulsó, desde el gobierno, una licitación internacional para transferir la gestión de las distribuidoras Edenorte y Edesur al sector privado. Sin embargo, esta medida también trasladó buena parte del incremento de los costos del servicio eléctrico a la población de menores ingresos, sin lograr resolver las deficiencias del servicio ni poner fin a los apagones.

El ajuste y la reforma fiscal aplicada tuvo costos sociales concretos y verificables en la inflación y el incremento del costo de la vida en los sectores populares, sin embargo, se describió como un procedimiento “técnico”, “natural” y “despolitizado”: De esa manera, el discurso de la modernización neoliberal se constituyó en un lenguaje económico y del progreso que invisibiliza sus consecuencias sociales en los trabajadores no cualificados y, los precariados de los sectores populares.  

La paradoja de la modernización neoliberal 

En ese sentido, el período 2004-2008, es paradigmático para leer la paradoja de la modernización dominicana de las últimas cuatro décadas: la implementación de un discurso y una política económico neoliberal que fortalece su conexión con el mercado, el empresariado, mientras debilita sus compromisos con la sociedad y los grupos populares, incrementando las brechas sociales entre las élites empresariales, la clase media y los trabajadores no cualificados. 

Según datos estadísticos consultados, durante el período, se produjo una recuperación macroeconómica acelerada: el PIB creció alrededor de 9.3% en 2005, cerca de 10.7% en 2006 y en torno a 8.5% en 2007. Sin embargo, hacia 2006-2007, en pleno auge económico, el desempleo seguía siendo elevado -en torno al 16%- la pobreza superaba el 40% de la población, por encima de la que existía antes de la crisis de 2003, y se mantenían los déficits de los servicios en salud, educación, asfaltados y servicios eléctricos.

El crecimiento de la brecha social entre élite, clase media y grupos populares, se tradujo en un ciclo de demandas y protestas sociales debido al alto costo de la vida, los apagones, la inseguridad ciudadana, y el rechazo a las medidas impositivas que resultaron de los acuerdos con el FMI. 

El significante ideológico del discurso de la modernización 

A partir de la aprobación del FMI para desbloquear la asistencia financiera, y el ingreso del país en la globalización económica, a través del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y el Caribe (DR-CAFTA), se dinamizó la economía, la construcción de la infraestructura urbana y el desarrollo de las grandes ciudades.

Mediante el discurso de la modernización -la construcción de un Nueva York chiquito-, Leonel Fernández fortaleció su liderazgo político, amplió la base social de apoyo al PLD y, fortaleció la confianza y compromisos con sus aliados políticos.

En ese sentido, el discurso de la "modernización" funcionó, como una ideología, o como dice Ernesto Laclau, como un significante vacío: palabras lo suficientemente amplia –la modernización- como para articular bajo un mismo proyecto político, las expectativas de actores con intereses objetivamente distintos como la élite empresarial, la clase media y, los sectores populares. 

Esa articulación de grupos sociales –élites, clase media y, políticos: progresistas, conservadores, fue notablemente exitosa y, le permitió al PLD, bajo la sombrilla del discurso de la modernización, constituirse en el partido hegemónico y mantenerse en el poder y control del Estado hasta el 2020. 

Pero muy pronto, se pondría en evidencia los límites del discurso de la modernización neoliberal: de crecimiento económico sin desarrollo humano y, la hegemonía del PLD, se vería enfrentada a protestas y demandas sociales de los sectores populares, como veremos en los próximos artículos. 

Wilson Castillo

Sociólogo, profesor.

Wilson Castillo es un sociólogo dominicano, investigador y docente universitario, reconocido por sus aportes al estudio de la sociedad dominicana, particularmente en las áreas de teoría social, sociología política, cultural y, su impacto en la juventud dominicana. Es egresado de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución en la que también ha desarrollado una destacada trayectoria como profesor e investigador.

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