En el ensayo “La masacre” (Acento.com.do, 01/07/2019 ), Pedro Conde Sturla emplea el recurso onomatopéyico de la imitación del sonido del machete en el corte de la caña para describir la sistemática acción tajante de la temible arma blanca en La matanza de los haitianos de 1937 mediante la expresión cha cha cha; construcción muy distinta de la festiva y musical del ritmo chachachá.

“El cha cha cha comenzó oficialmente en octubre del año 1937. La noche del 2 de octubre de 1937. De noche tenía que ser, al amparo de las sombras. Cha cha cha. Y luego durante días cha cha cha. Trujillo mismo anunció el inicio de la matanza y le pondría el nombre. Cha cha cha.

Cha cha cha -dijo más o menos la bestia en una ocasión- era el sonido de los machetes picando carne humana. Cha cha cha era el sonido de los machetes decapitando haitianos, troceando mujeres y niños, el filo de los machetes buscando el corazón de jóvenes y ancianos, partiendo cabezas por la mitad, cercenando brazos o manos. Cha cha era el sonido de la sangre. Los alaridos de la sangre. El rítmico temblor de los machetes.”

Ese texto, cuyo valor propio permite leerlo como un prolongado eco de una de las más horripilantes tragedias de nuestra historia,  es también el producto de la relectura por el autor de otros textos.  Conde Sturla está consciente de que esa imitación está enraizada en una oralidad dominicana, capaz de recrear la idea del corte del machete mediante esa figura onomatopéyica.

Él sabe también que, en contraste con el motivo lúgubre del texto, está aludiendo a la melodía de un ritmo musical denominado Chachachá. El autor no ignora que de alguna manera también está aludiendo a dos obras de las que hay indicios en ese texto.

La palabra “corte” es la expresión simbólica de la matanza en El Masacre se pasa a pie, del dominicano Freddy Prestol Castillo; la expresión “cosecha de haitianos” utilizada por Conde Sturla en ese texto es una variante de un conjunto de imágenes que describen ese suceso como corte, siega, chapeo, etc.  Entre ellas,  la expresión cosecha con la que metafóricamente la autora haitiana, Edwidge Dandicat, titula su novela Cosecha de Huesos(1999 ) acerca de la matanza de haitianos en República Dominicana.

En ese ensayo de Conde Sturla también se cita indirecta, pero claramente, la obra Trujillo: La vida y los tiempos de un dictador caribeño, de Robert D. Crassweller ;  también el discurso de Trujillo en la casa de Isabel Mayer, en el tirano cual justifica la matanza.

En fin, son incontables las referencias orales y escritas comprimidas en ese texto, publicado por Conde Sturla el primero de julio de 2019, cuando el hecho histórico de la matanza de 1937 ya se ha incorporado al debate y al anecdotario del pueblo dominicano; por supuesto, también del pueblo haitiano. Y cuando ha sido objeto de tantos estudios y comentarios que, directa o indirectamente, aluden a la matanza de haitianos ejecutada por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1937.

En lo que hasta ahora llevo dicho, importa mucho el texto de Conde Sturla, pero en realidad es un texto-señuelo que me permite develar la estrategia de este trabajo: abordar la masacre de 1937 como un hecho factual histórico, cuya significación se ha construido y ha de entenderse en el contexto de los discursos en torno a las relaciones dominico-haitianas.

La lectura del texto de ese autor solo me ha servido como ejemplo para la aplicación del procedimiento denominado intertextualidad, definido por el autor francés Gerard Gérard Genette (1982)   como “una relación de copresencia entre dos o más textos”, la cual se expresa usualmente en la cita, el plagio y la alusión.

Es un procedimiento es muy común en literatura y en la investigación bibliográfica. Asimismo, la meta-textualidad, presente también en el texto de Conde Sturla, consiste en la relación de “«comentario»- que une un texto a otro texto” (Genette).

Este es también un recurso utilizado regularmente en todo tipo de lectura y estudio en torno a las obras, como se practica en la crítica literaria. Esa relación se manifiesta también en forma más velada, cuando, según Genette se “habla de él sin citarlo (convocarlo),  e  incluso, en el límite, sin nombrarlo.”

Ambos procedimientos-la intertualidad y la metatextualidad-, así como otros que forman parte de la amplia red textual bautizada por Genette como transtextualidad, que implica “todo lo que pone al texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos.” Son procedimientos que empleé con gran provecho en mi investigación Discurso y acción: Manolo, Caamaño y El Moreno (2018).

Ahora, abordamos el tema de la matanza de haitianos de 1937 durante la dictadura de Trujillo y su relación con la literatura dominicana, amparándonos en esos conceptos procedentes de la poética de Genette, a fin de mostrar el amplio campo de las relaciones textuales en el cual se han ido construyendo las representaciones y los sentidos de la matanza de 1937.

Es un proceso de significación que no comenzó ni puede terminar con la obra El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo (1973). Sin embargo, ese texto está en el centro de la resignificación del hecho histórico y de los aspectos de las relaciones entre República Dominicana y Haití.

Hay que hablar, forzosamente, de esa obra, porque en la literatura dominicana ella acapara la temática. La producción literaria de autores dominicanos acerca de la relación dominico-haitiana, dominicana, en general, es muy pobre; ha sido recreada muy escasamente, y, en particular, la matanza de 1937.

El Masacre se pasa a pie, además, es el eje central de la transtextualidad en la producción bibliográfica literaria y no literaria en torno al tema. Esa obra es, a la vez, receptora y productora de discursos intertextuales y metatextuales.

Según señala el autor, es una obra escrita en la época de aquel acontecimiento, pero publicada en 1973. En ese lapso hubo la posibilidad de consultar fuentes y enriquecer la obra variando y ampliando la perspectiva del borrador inicial.

Es pues, pertinente y significativo situar los textos literarios como El Masacre se pasa a pie, cuyo universo gira en tono a la matanza de haitianos ordenada por Trujillo en 1937 y, en general, a las relaciones entre República Dominicana y Haití, en el conjunto de los discursos acerca de las relaciones entre las dos naciones que comparten la isla.

Mi novela La avalancha, la cual trata sobre la migración haitiana en nuestro país, tomando como universo el lugar de la capital denominado Petit Haití, se sitúa en una relación de intertextualidad con El Masacre se pasa a pie. De ahí que con respecto a esa obra el crítico literario José Carvajal (2015) haya afirmado :

“La avalancha” puede verse como una obra hermana de "El masacre se pasa a pie" (1973) de Freddy Prestol Castillo. Narra la transformación de un distinguido sector de Santo Domingo en un gueto de inmigrantes del país vecino que arrastran hasta ese lugar una forma de vida distinta, a partir de la presencia de un haitiano (Honson Baliat) que llega huyendo de un batey «junto a una banda de forajidos congos.”

Pero también están vinculadas como intertextos con El Masacre se pasa a pie, las novelas de autores haitianos sobre la matanza, y en general, que abordan aspectos comunes o diferentes entre la cultura haitiana y dominicana, especialmente Jacques Stephen Alexis, Mi compadre el general sol (1957), Edwidge Danticat, Cosecha de huesos (1999) y René Philoctète, Le Peuple des Terres Mêlées (1989).

También guarda relación de intertextualidad con la novela de Prestol Castillo, un conjunto de obras dominicanas en las que la masacre del 37 no es un motivo, sea por la cronología o sea porque es un tema tabú que debe ser fichado con el valor de ausencia, supuesto, vacío, inciso, metáfora.

Me refiero a la poesía negroide de Manuel del Cabral, como en los poemas “Negro sin nada en casa”, y “Negro sin zapato”. También de Rubén Suro el poema “Rabiaca de un haitiano que espanta mosquitos”. Asimismo, las obras de otros poetas que se inscriben en esa orientación.

En el estado actual, es difícil establecer una lista cerrada de las obras de ficción en nuestro país que se sitúan en relación de intertualidad anterior o posterior con El masacre se pasa a pie.

Quisiera destacar a Yelidá (1942), de Tomás Hernández Franco, poema ejemplar enmarcado en el horizonte de la relación dominico- haitiana,  en cuyo fraseo escuchamos ecos de la simbiosis cultural y racial del negro y el blanco, también presente en El masacre se pasa a pie, contra la cual operó la masacre de 1937 imponiéndose como solución violenta,  trocando en pesadillas el sueño de la mestiza Yelidá :

“Y así vino al mundo Yelidá en un vagido de gato tierno

mientras se soltaba la leche blanca de los senos negros de Suquí

alegre de todos sus dientes y de su forma rota

por el regalo del marido rubio

y Yelidá estaba inerme entre los trapos

con su torpeza jugosa de raíz y de sueño

pero empezó a crecer con lentitud de espiga

negra un día sí y un día no

blanca los otros

nombre de vodú y apellido de kaes

lengua de zetas

corazón de ice-berg

vientre de llama

hoja de alga flotando en el instinto

nórdico viento preso en el subsuelo de la noche

con fogatas y lejana llamada sorda para el rito”

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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