Uno de los temas más complejos de los sistemas electorales en el marco de democracias de partidos es el de alcanzar el mejor equilibrio en la representatividad de los cargos de elección popular en relación con el ecosistema partidario de una nación determinada.
Se trata de un asunto que se dice fácil, pero cuya materialización no resulta de igual forma. La mayor dificultad radica en el riesgo de que, propiciando una representación de alta proporcionalidad, se genere un escenario de precaria gobernabilidad por la dispersión de partidos e intereses representados en el órgano legislativo.
En el lado opuesto, existe la posibilidad de que, empujando por fórmulas con las cuales los partidos predominantes concentren la mayoría de los puestos, entonces los resultados, pretendiendo ser representativos, en los hechos se traducen en mayoritarios, que no es lo mismo, con todos los efectos perniciosos que respecto a la calidad democrática eso implica.
En esta entrega, continúo presentando las principales conclusiones a las que he arribado en un trabajo de investigación que he realizado:
7. Si bien es cierto que la democracia participativa reviste innegable valor, no menos cierto es que, incluso por razones prácticas, se acepta que la democracia representativa tiene un sitial de relevancia a través de la cual se canaliza la voluntad popular mediante la representación política, propiciando separación de poderes, Estado de derecho, libertades individuales y pluralismo político. En este escenario, la mayoría de las decisiones son asumidas por los representantes.
8. Otro gran reto de los sistemas electorales consiste en propiciar las condiciones necesarias para certámenes electorales realmente competitivos, en los cuales un requisito fundamental es lograr el ejercicio del sufragio con absoluta libertad. Eso no puede ser reducido a la simple asistencia al hecho material de emitir un voto. Se trata de algo mucho más complejo que incluye la independencia ideológica de los sufragantes, lo cual es inseparable de su independencia económica como forma de estar dotado del antídoto contra el populismo.
9. Como el sistema de representación implica una vinculación entre el representante y un número de representados que puede alcanzar una cantidad muy significativa, es comprensible que se produzca una relación directamente proporcional entre representantes y la cantidad de sus representados, mediante la cual, a mayor cantidad de representados, menor será la calidad de la representación; de ahí que sean preferibles, desde ese aspecto, las circunscripciones con menos electores.
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