La pasantía médica, establecida en la Ley 146-67, es la normativa dominicana que faculta al Poder Ejecutivo a otorgar el exequátur, permitiendo al médico ejercer legalmente tras concluir sus estudios universitarios y completar un año de servicio en un centro de salud bajo supervisión oficial, con o sin remuneración.

Además de conferir legalidad al ejercicio profesional, la denominada Pasantía Rural buscaba garantizar la presencia de médicos en comunidades apartadas, fortaleciendo el primer nivel de atención en un país que, al momento de crearse la ley, era predominantemente rural, con escaso desarrollo económico, limitadas vías de comunicación y apenas unos cientos de profesionales de la salud distribuidos en el territorio nacional.

Sin embargo, más de 59 años después, la realidad es distinta. Según datos del Banco Mundial, en 2023 la República Dominicana contaba con 2.4 médicos por cada mil habitantes, una proporción que cumple con los parámetros de la Organización Mundial de la Salud. Hoy somos una sociedad mayoritariamente urbana, con mayor acceso a servicios de salud en sus distintos niveles de complejidad.

A pesar de este cambio estructural, el sistema mantiene más de 2,400 plazas de pasantía, asignadas de manera honorífica o con un salario de 54,000 pesos mensuales. Durante ese año, los médicos pasantes generalmente no reciben tutoría ni acompañamiento formativo sistemático. Por el contrario, enfrentan retrasos prolongados en su designación, lo que afecta su participación en el concurso de residencias médicas que se celebra anualmente pudiendo traducirse en desempleo. En muchos casos, un egresado puede perder entre dos y tres años en este proceso.

Desde esta perspectiva, la pasantía, en su concepción actual, ha perdido sentido. El sistema podría ganar en eficiencia si el Estado otorgara el exequátur al concluir los estudios universitarios, tomando como base un internado rotatorio fortalecido y transformado. Esta reforma debería orientarse al principal desafío del sistema de salud dominicano: consolidar un modelo basado en la Atención Primaria, con un primer nivel de atención resolutivo y enfoque preventivo.

Así, el internado rotatorio asumiría el rol formativo esencial que hoy se atribuye a la pasantía, garantizando que los egresados dominen los protocolos de Atención Primaria en Salud. El ahorro generado por la eliminación o transformación de la pasantía podría destinarse a fortalecer la formación médica y a contratar nuevos profesionales en las más de 5,000 Unidades de Atención Primaria (UNAP) que requiere el país.

Esta propuesta también contribuiría a cambiar la visión del profesional de la salud, promoviendo una mirada más preventiva del proceso salud-enfermedad, al tiempo que se optimizan recursos y se reduce la pérdida de tiempo productivo.

Nada de esto sería posible sin la coordinación y los acuerdos necesarios con las universidades responsables de formar el talento humano en salud. Además, el proceso debe implementarse de manera gradual: no pueden cerrarse plazas de pasantía sin antes haber transformado y fortalecido el internado médico.

El Ministerio de Salud Pública, como órgano rector del sistema, está llamado a liderar esta reforma en un momento que parece propicio para impulsar cambios estructurales orientados a la modernización y eficiencia del sistema sanitario.

Carlos Sánchez Solimán

Médico y político dominicano

Dr. Carlos Sánchez, Medico Salubrista. Director del programa de medicamentos de Alto Costo del Ministerio de Salud

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