su discurso de rendición de cuentas, el interés del gobierno en la transformación de la educación. Para la Real Academia de la Lengua Española, el significado de transformación es diverso: alteración, modificación, cambio, variación, renovación, evolución, reajuste, reforma. Como se puede observar, es una diversidad de términos con alcance y peso diferente. Por ello, es interesante darle seguimiento a la estrategia, al proceso que el gobierno va a diseñar para llevar a cabo la transformación de la educación. Hace mucho tiempo que la sociedad viene demandando la transformación indicada, pero no es una tarea fácil, por el arraigo de concepciones, de prácticas y de políticas que refuerzan la inamovilidad.

La sociedad ha de organizarse para participar en el proceso de transformación de la educación. Esta tarea no puede ser un compromiso exclusivo de especialistas nacionales e internacionales. Ha de involucrar de forma orgánica a los diferentes actores y sectores de la sociedad. Esta participación tampoco puede estar limitada a representaciones históricas. Ha de implicar a todos, tratando de concederles una participación singular a los estudiantes, a los jóvenes, a las familias y a los docentes. La estrategia para lograr resultados efectivos en el proceso de transformación de la educación debe ser democrática, participativa e integral.

El gobierno tendrá que demostrar su interés real por la transformación de la educación. Este término no se puede emplear para encubrir acciones y decisiones orientadas a lograr resultados distintos a la transformación que se anuncia. El camino que se elija  para llegar a ella tiene que ser transparente, educativo e incluyente. El movimiento generado por el Plan Decenal de Educación de los años 90 no es perfecto, pero aporta referentes vinculados a la participación, al debate abierto y a la producción colaborativa. Los Poderes del Estado Dominicano deberán revisar, desde el fondo, si hay un convencimiento claro de que la transformación de la educación se asume con todas sus implicaciones. Este es un compromiso de Estado. Se necesita un cambio estructural sostenible en el espacio y en el tiempo.

En la República Dominicana, el grito por una educación diferente es constante. Sin embargo, conviene preguntarse qué es lo que se desea cambiar. No se puede cambiar para estar a la moda. Se debe cambiar para la mejora cualitativa de la función educativa y humanizante de los centros educativos, de las instituciones de educación superior y de las entidades de educación técnica. Los aspectos cualitativos tocan los componentes sustantivos de los procesos educativos: los valores, los principios éticos; y la calidad de las relaciones y de la producción de los actores. Un proceso transformador, no solo moderniza, favorece la creación de una cultura comprometida con modificaciones de fondo que tocan las estructuras. Para avanzar en esta dirección, habrá que  buscar nuevas conexiones entre currículo y realidad social y educativa. También, será necesaria una reconfiguración de la formación; y del rol de docentes y gestores. En este mismo sentido, será necesario articular la función de las personas y de las entidades del sector educación con los aportes del aprendizaje digital, de la Inteligencia Artificial y de los requerimientos de la inteligencia espiritual del ser humano. Una educación transformada ha de convertir la ética en cultura; por esto, dejará de ser una asignatura más. Asimismo, una educación transformadora erradica la instrumentalización generada por una práctica política vacía de sentido y de respeto a los humanos. Si se apunta a cambios cualitativos, adquieren mayor vigencia la educación crítica y la investigación educativa. Esta última iluminará el quehacer cotidiano de los actores y de las instituciones implicadas.

La transformación de la educación debe apuntar al desarrollo de las personas y de las instituciones. El desarrollo en esta dirección garantiza una sociedad estable y segura. Pero, la estabilidad y la seguridad deben iniciarse, principalmente, en los contextos escolares, familiares y comunitarios. Estos tres espacios son claves en un proceso de transformación de la educación. Lo son, también, para conferirle credibilidad a los cambios que se van suscitando. No se deben aceptar más eslóganes en educación. Solo se han de aceptar cambios concretos en la visión, en la misión, en las finalidades y en los resultados del trabajo educativo.

Es necesario el vuelco estructural para recuperar valores y prácticas incivilizados y, muy especialmente, para colocar la educación dominicana en un nivel que le permita generar y mostrar aprendizajes fundamentados y con significado.

Dinorah García Romero

Educadora

Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

Ver más