A pesar del “registro” en documentos oficiales del Departamento de Estado de Estados Unidos en que la Agencia Central de Inteligencia CIA “informa” el 17 de enero de 1970 que el Movimiento Popular Dominicano secuestraría a un funcionario de la embajada estadounidense en nuestro país si no era liberado su secretario general Maximiliano Gómez, los hechos, las circunstancias y la ejecución del secuestro mismo, indican inequívocamente, que ese “informe” o advertencia anticipada no existió. En este caso, el razonamiento elemental, la lógica y la verdad, se sobreponen a la especulación y al engañoso registro. Tal informe, repito, no existió. Lo harían mucho después de consumado el hecho y lo harían registrar con fecha falsa. El objetivo: cubrir la espalda y la imagen de “eficiencia” de la propia agencia y de la persona que la dirigía en ese momento (aunque fuese para la posteridad).

De haber existido tal información, la reacción de la propia agencia o el Departamento de Estado consistiría, necesaria y obligatoriamente, en activar en lo inmediato y sin dilación alguna, un protocolo de información y de seguridad, que pasaba por alertar a su embajada en el país, al gobierno dominicano y junto a ello, la implementación de medidas en la propia embajada y sus entornos; de previsión, acompañamiento y protección de sus funcionarios en su movilidad fuera del perímetro de la misma con la asistencia del gobierno dominicano y personal de las ramas militares y policial. Balaguer, por su parte, que de pendejo (ingenuo, tonto, descuidado) no tenía nada, era portero que sabía defender su portería y de haber recibido ese informe se lo hubiera tomado muy en serio para evitar que le anotaran un gol tan desafiante, perturbador, ruidoso y grave como aquel del secuestro del agregado militar de la embajada americana, coronel Donald J. Crowley en el año de 1970.

Ante tal información, un protocolo de esa naturaleza (algo más, algo menos) se hubiese implementado.

Las informaciones deslizadas en la prensa alrededor de ese secuestro y las versiones que se han recogido en algunos libros con el testimonio de personas muy cercanas a aquel hecho, son consistentes en indicar que el coronel Donald J, Crowley asistía frecuentemente al campo de golf del hotel El Embajador a practicar ese deporte. Asistía solo, sin protección de seguridad, sin hombres en sus cercanías. Es posible, repito, es posible, que eso fuera notado por muchas personas incluyendo algunos de los principales dirigentes del MPD mucho tiempo antes del apresamiento de Maximiliano Gómez y que al producirse ese apresamiento y ellos pensar en la vía del secuestro a cambio de la liberación de su líder, se interesaron por lo que ya habían visto. Y una vez tomada la decisión por parte del Comando Unificado Anti-Reeleccionista (léase, el MPD) de realizar el secuestro, identificaron a Crowley como su objetivo. Les interesaría la jerarquía e importancia del personaje y el evidente descuido o ausencia de seguridad a su alrededor. No hay que ser experto en seguridad o testigo presencial de los hechos para razonar que ya tomada la decisión y como medidas exploratorias, los secuestradores dedicarían días o semanas a darle seguimiento a Crowley. Lo vigilarían con plena atención, observarían su rutina, horario de llegada y de salida, la ruta en ambas direcciones y por consiguiente le seguirían en una y otra dirección con discreción. Todo cuanto vieron en él les atrajo. Al ver una presa así de interesante y de tan fácil captura, tomaron la decisión de ejecutar la acción.

Si se hubiese producido el supuesto informe de la CIA el 17 de enero de 1970, otro muy distinto sería el panorama: Quizás Crowley hubiese continuado con su asistencia al campo de golf de El Embajador o a otro lugar, pero ya protegido por hombres de seguridad en su perímetro inmediato y con algunos vehículos o jeeps con policías y militares fuertemente armados moviéndose o apostados en las cercanías como era costumbre ver en esos tiempos en la capital o algunas ciudades de interior y sin que hubiese ninguna situación de alerta o la ocurrencia de un hecho inminente de gravedad. Una presencia de seguridad y militar así, hubiese producido un efecto disuasorio en los integrantes de dicho comando bajo el convencimiento de que intentar tomarlo se traduciría en un fracaso total y la probable muerte inmediata y en el acto para quienes lo intentasen.

Un anillo de seguridad así, de varias capas, visibles unas y disimuladas otras, apaciguaría al más intrépido grupo de secuestradores. Al notar la ausencia del más elemental dispositivo de protección se estimularon a materializar sus propósitos. Y procedieron.

No existe ninguna información de que en ese año el gobierno dominicano hubiese sido alertado por la CIA o por la embajada norteamericana sobre peligro o advertencia de ese secuestro. La evolución de los acontecimientos de aquel momento indica que nada sabía previamente del señalado informe el embajador Meloy y mucho menos Balaguer.

El informe 274 del Departamento de Estado de Estados Unidos en que se hace constar la información de la CIA de que se produciría el secuestro de un funcionario de la embajada, está fechado el 17 de enero. En ese mismo momento debió producirse la alarma e iniciarse el protocolo de seguridad. El siguiente informe (275) está fechado el 18 de marzo (dos meses y un día después del anterior) y da cuenta de la visita del embajador Meloy a Balaguer y en que el primero le expresa la neutralidad de Estados Unidos y su apoyo a una transferencia de poder ordenada. Nada se habla de la amenaza de secuestro advertida supuestamente dos meses atrás. El siguiente (276) fechado el 24 de marzo, recoge el contenido del telegrama de la embajada norteamericana dando cuenta del secuestro del coronel Donald Crowley y, además, informando de la presión ejercida por el embajador Meloy al presidente Balaguer para que acepte la demanda de los secuestradores. Los siguientes informes del 277 al 280 recogen la recomendación del Departamento de Estado al embajador Meloy de que continúe presionando al presidente Balaguer a negociar con los secuestradores; la recomendación del Asesor de Seguridad Henry Kissinger al presidente Nixon de enviar un mensaje escrito al presidente Balaguer para que accediera a la demanda de los secuestradores; la instrucción del Departamento de Estado a Meloy de entregar en secreto la comunicación de Nixon a Balaguer y, finalmente, la información de la embajada norteamericana dando cuenta de que el gobierno dominicano había negociado con los secuestradores la liberación del coronel Crowley a cambio de la liberación de 21 prisioneros.

Para el año de 1970, Richard M. Helms era el director de la CIA. Había llegado a ese cargo desde 1966 y lo ocuparía hasta 1973. Quizás haya sido el más experimentado director de esa agencia en toda su historia. Helms entró a ella en el momento mismo de su fundación en 1947. Y en los años previos (a inicios de la segunda guerra mundial) ya se había integrado a la Armada norteamericana y trabajado en la Oficina de Servicios Estratégicos OSS, luego a la OSO organizaciones predecesoras de la CIA. Fue el primer director de esa agencia formado en ella misma. Su historial de servicio en ella es bastante extenso, desde diferentes posiciones y en misiones en muchos países. Antes y durante su designación como director había manejado y/o dirigido misiones en los puntos de conflicto que más concentraba la atención de los EE.UU. Conocía más que nadie como funcionaba aquello y tenía reputación de ser eficiente y no dejar cabos sueltos. Ya siendo director de la CIA, fue testigo clave en la investigación del Comité Church y en medio de esa investigación que tocaba directamente a su persona, ordenó incinerar los papeles relacionados con el programa ilegal MKUltra concebido para alterar el comportamiento humano mediante el uso de fármacos y productos químicos. Antes de eso había dirigido misiones de la agencia como en Vietnan y otras partes del sudeste asiático, en Europa, Chile (como preparación del golpe a Allende) en Cuba con el posterior manejo de lo de Bahía de Cochinos, Operación Mangosta y planes para eliminar a Fidel Castro. Siendo hombre de mucho poder y de conocimiento de las interioridades del mismo, protegió a muchos y llegado el momento, otros también lo protegieron a él. De lo que después no pudo protegerse (1977 habiendo estado fuera de la CIA y siendo embajador en Irán) fue de evitar que el senado norteamericano lo encontrara culpable de engañar a ese órgano legislativo sobre las Operaciones encubiertas previas en Chile ejecutadas por la CIA antes del derrocamiento de Allende.

Maximiliano Gómez, El Moreno, secretario general del MPD

Al momento del secuestro de Crowley el embajador norteamericano en nuestro país era Francis E. Meloy. Poco tiempo después, (1976) Meloy sería designado embajador en El Líbano. Extrañamente justo el día en que iba a presentar sus credenciales como nuevo embajador, fue secuestrado junto al consejero económico estadounidense Robert O. Waring y el chofer que los conducía al palacio presidencial de aquel país. Horas después los tres serían ejecutados. Meloy y sus acompañantes no tuvieron la suerte que Crowley había tenido aquí años antes. En ese momento se acusó falsamente a la Organización de Liberación de Palestina -OLP- del secuestro y asesinato a pesar de que esa organización negó su responsabilidad y colaboró para que el hecho se aclarara. Todavía en el 2013 la CIA publicó un informe en que seguía repitiendo que Meloy había sido asesinado por milicias extremistas de la izquierda libanesa.

Conviene recordar que el nuevo embajador norteamericano en El Líbano (de octubre 1978 a junio de 1981) lo sería John Gunther Dean. En entrevista con Charles Stuart Kennedy en septiembre del 2000, Gunther Dean negó que la OLP lo hubiese hecho. Y dijo textualmente : “No sé quién lo hizo, pero sé quién no lo hizo y fueron culpados por ello: la OLP”.

La negación de responsabilidad de la OLP en el hecho (1976) y la tajante afirmación del embajador norteamericano Gunther Dean en el año 2000 debió desanimar a la CIA a seguir repitiendo en 2013 la falsedad que ya antes había sostenido sobre la muerte de Meloy en El Líbano.

Es el mismo Meloy, embajador aquí en el momento del secuestro del coronel Crowley y luego asesinado en El Líbano, que no recibió aquel supuesto informe del 17 de enero de ese año de 1970 y que tiempos después se atreven a hacer un “registro” de lo que no existió irrespetando ellos mismos la memoria de su representante.

Los dominicanos tenemos sobradísimas razones para saber que cuanto pueda decir CIA o el Departamento de Estado norteamericano, sobre este o sobre cualquier otro caso no tiene la categoría de ser Palabra de Dios. Tampoco han sido ni son Santuarios Divinos cuyas actividades y labores están inspirados en la verdad y en altos ideales humanos.

(En otra entrega me referiré a la imaginada conexión o vínculo entre uno de los dominicanos liberados, las Brigadas Rojas en Italia y a la insinuada transmisión de experiencias)

Ángel Domínguez

Licenciado en Derecho

Licenciado en Derecho. Nacido en Moca en 1956. Continúo residiendo en esta ciudad

Ver más