En esta segunda parte del análisis se continua con la relación de los grandes retos que moldean y mediatizan el futuro del sector agropecuario y la necesidad de un cambio en la visión de largo plazo de la política agropecuaria y en la hoja de ruta de largo plazo en su direccionamiento y la necesidad de una conjunción de esfuerzos entre todos los entes y actores para promover el desarrollo de su real potencial y su consecuente contribución a la economía y a la sociedad.

6)  Los consumidores cada día se preocupan más por la calidad, la sanidad y la inocuidad de los productos, lo que exige a los productores tengan que cumplir con una diversidad de normas y certificaciones y se vean obligados a innovar en sus procesos y por lo tanto se incrementan los costos de producción y los niveles de competencia con productores de otros países que luchan por esos mercados que generalmente son nichos de consumidores con características muy especiales.

7) El cambio climático es sin duda uno de los desafíos más apremiantes con los que tiene que lidiar la agricultura dominicana. Las proyecciones de los organismos especializados indican un aumento en las temperaturas y una mayor irregularidad en los patrones de las precipitaciones. Esto no solo afecta la producción de cultivos básicos alimenticios, sino que también altera la biodiversidad agrícola y la disponibilidad de recursos hídricos. Las sequías severas y las inundaciones inesperadas se están volviendo cada vez más comunes, lo que plantea serias preocupaciones sobre la capacidad del país para alimentar a su población en el futuro. La adaptación a estos cambios climáticos es esencial, y esto implica la implementación de técnicas de cultivo más resilientes, así como el desarrollo de variedades de cultivos que puedan tolerar condiciones adversas.

Asimismo, el aumento de las temperaturas ha facilitado la expansión de especies invasoras y plagas resistentes a químicos tradicionales, lo que afecta grandemente el desarrollo normal de los cultivos y las cosechas.  También la escasez de agua es un problema persistente en muchas zonas lo cual se ha acrecentado más aún en los últimos años.

8) Por sus propias características la agricultura dominicana tiene una notable dependencia externa de la tecnología requerida para llevar a cabo las diversas actividades agrícolas para la producción de alimentos, fibras, insumos y materias primas para otros sectores de las economías. Estos requerimientos están constituidos mayormente, por maquinarias para la labranza, equipos de riego, semillas mejoradas, agroquímicos y fertilizantes. Esta situación influye para que el sector sea vulnerable a las fluctuaciones del mercado global, este punto es muy complejo ya que no depende únicamente de la voluntad del sector agropecuario. Conlleva más allá de su ámbito de acción, la participación de diversos entes y actores, tanto empresariales y legislativas para la creación de un ambiente más propicio a la inversión privada en la creación de tecnologías locales. Asimismo, un cambio de enfoque en las instituciones de educación pública para promover la innovación en diversas áreas primordiales para la producción de alimentos.

9) A pesar de su importancia en la economía nacional, muchos agricultores todavía viven en condiciones de pobreza. La falta de acceso a crédito, educación y tecnología limita su capacidad para mejorar   y escalar hacia mejores prácticas agrícolas. Esta situación se agrava por la fragmentación de tierras y la falta de servicios básicos en las zonas rurales. En tal sentido, es fundamental implementar programas que ofrezcan capacitación, acceso a financiamiento y tecnologías adecuadas, así como fortalecer las asociatividad y cooperativas agrícolas para que los pequeños productores puedan mejorar su situación económica y social.

10) Las infraestructuras rurales son deficientes, lo que limita grandemente el desarrollo agrícola. Caminos interparcelarios en muy mal estado, falta de almacenamiento adecuado y deficiencias en el transporte dificultan el acceso a mercados y aumentan los costos de producción y las pérdidas post-cosecha.

Además, la carencia de servicios básicos como electricidad y comunicación puede obstaculizar el uso de tecnologías modernas. Es imperativo que el Gobierno y el sector privado inviertan en infraestructura rural para mejorar la conectividad y reducir las barreras que enfrentan los agricultores para llevar sus productos a los mercados.

11) Desordenado proceso de urbanización y desarrollo turístico, que ha afectado especialmente a regiones agrícolas clave, donde la conversión de suelos fértiles en áreas urbanas genera una pérdida significativa de capacidad productiva. Más del 30 % de nuestras tierras agrícolas están en riesgo de ser destinadas a proyectos residenciales, lo que podría comprometer la seguridad alimentaria del país.

En República Dominicana, la expansión de áreas turísticas y residenciales ha reducido significativamente la cantidad de tierra disponible para la agricultura, lo que podría generar mayor dependencia de importaciones de alimentos en el futuro.

Es urgente implementar políticas claras de ordenamiento territorial que protejan las tierras agrícolas del crecimiento residencial descontrolado.  En ese sentido se deben poner en ejecución la Ley Núm.368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos en la República Dominicana y su Reglamento de Aplicación, que   regulan la organización del territorio nacional, estableciendo normas para el uso del suelo y asentamientos humanos.

Las políticas agrícolas que se han diseñado y ejecutado   muchas veces han sido inconsistentes y, en ocasiones, ineficaces, las cuales han estado más enfocadas con fines clientelistas y no con una verdadera intención de apoyar y responder a las necesidades y recursos que requiere el sector productivo agrícola. El ineficiente apoyo a los agricultores y la ausencia de programas que fomenten la sostenibilidad han obstaculizado el desarrollo del sector agrícola. Es crucial que el gobierno elabore políticas públicas coherentes y efectivas que consideren las necesidades de los agricultores, promuevan la inversión en investigación y desarrollo, y apoyen la producción sostenible.

En conclusión, los retos que enfrenta la agricultura dominicana son complejos y multifacéticos, por lo que se requiere de la participación de diversos sectores públicos y privados para   garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de este sector vital; es crucial que se implementen estrategias integrales que aborden estos problemas de manera holística. La colaboración entre el Gobierno, la comunidad agrícola y la sociedad civil es fundamental para construir un futuro más resiliente para la agricultura el país. Solo a través de un enfoque colaborativo y sostenible será posible superar estos desafíos y asegurar el bienestar de las generaciones futuras.

Nelson E. Ramírez Bautista

Economista agrícola

Nelson E. Ramírez Bautista MSc. Economista agrícola. Asesor de la Confederación de Productores Agropecuarios (CONFENAGRO).

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