Mientras la democracia dominicana se perfecciona, los despachos de los presidentes de la República Dominicana, debieren transformarse en concreciones del alma de la gente. Es decir, en espacios humanistas donde la gente sabe que tendría su turno, en la atención de la más alta autoridad de la nación. Así analizaba la política y el poder en 1920, el periodista norteamericano, Henry Louis Mencken.
Luego de 30 años continuos de gobiernos democráticos (1996-2026), se impone avanzar hacia propuestas éticas, efectivas y solidarias. Donde gobernabilidad, transparencia y bien común, continúen como impositivos categóricos del ejercicio cotidiano del poder político.
Eso es lo que estará en juego en la coyuntura electoral que se avecina. Será un momento histórico para mostrar carácter y músculos innovadores para presentar opciones auténticas que se identifiquen con la utilización del poder, para robustecer el desarrollo humano en felicidad.
Aquí reside el secreto familiar, humanista y político de la opción preferencial por Raquel Peña. Es la candidatura por excelencia dentro del partido de gobierno, para garantizar el legado del presidente Luis Abinader, igualmente para replicar y agregarle valor a su enfoque.
En la reconfirmada vocación de servicio como razón de poder público de la vicepresidente Peña, que, a criterios de Michel Foucault, Enmanuel Kant y otros, implica una nueva arqueología del poder.
Foucault en «Las palabras y las cosas» (1966) como abordaje sobre el discurso arqueológico de las ciencias humanas. Igualmente, en «La arqueología del saber» (1966) donde describe el método discursivo. Finalmente, en «Vigilar y castigar» (1975), son obras que contienen el análisis del poder y la política de este filósofo francés, ido a destiempo en 1984.
Palabras, cosas, saberes, vigilancia, estímulo y castigo, es un sistema de acción donde el político en el poder demuestra su capacidad de impacto y vocación de servicio.
Hacia el 2028, observaremos dos tipos de opciones presidenciales, independiente de las banderías políticas.
Las que presentan una auténtica hoja de servicios públicos, privados sin fines de lucro y acciones estratégicas exitosas al servicio a la gente, versus los que desean el poder por el poder mismo. Para lograr ascender en los símbolos de estatus, que le confieren rango social, vía las señales simbólicas del poder.
Esa es la base de la frecuente utilización de las encuestas, redes sociales, medios de comunicación y programas de analistas de opinión auspiciados. Aportar una señalética que posicione el candidato en los símbolos del poder, no necesariamente en su capacidad de servicio a la gente. Cuando inicie la campaña, se observará quien es quien, en una sumatoria potente de números de encuestas y vocación de servicio.
Raquel Peña, vicepresidenta de la República Dominicana, es reconocida por su práctica de ejercer la política con una manifiesta vocación de servicio público y compromiso social. Eso lo aprendió en su familia, en el Colegio de la Salle de Santiago, en sus empresas privadas y al frente del área económica de la PUCMM.
Virtudes que demostró estando como coordinadora del gabinete de salud para controlar y cercenar a tiempo la mortal epidemia de COVID 19 y enrumbar la salud pública en la formulación de abajo arriba con la gente adentro, de un plan estratégico de salud, facilitado por el ministro de salud de entonces Daniel Rivera, hoy senador de la República.
Como vicepresidente puso en primer plano en el Consejo Económico Social (CES), una nueva ola de reformas. Colocó al sector salud en transformación, poniendo en operación cambios de impacto inmediato. Transformaciones con la finalidad ética de salvar vidas.
Ese fue su propósito promovido desde el ministerio de salud, garantizar el “derecho a la vida”. Derecho instituido por el artículo 37 de la Constitución como obligación ineludible del Estado. Indicamos “ética” porque la vida es el imperativo categórico de toda política pública.
No solo impidió que la gente enfermara de COVID 19, vía la implantación masiva de la vacunación, sino que garantizó que la población, luego de enfermar, tuviera servicios de calidad que evitaron miles de fallecimientos. La probabilidad de enfermar (morbilidad), es determinada por múltiples causas, pero el riesgo de morir, lo establecen muy pocos factores que se pueden controlar.
Eso fue precisamente lo que se realizó en la pandemia, preservar vidas. Lográndose tasas de letalidad con valores menores de 1 (0.75%). Una de las más bajas de América. México 5.75%; Brasil 2.2%; EUA 1.2%; Costa Rica 0.99% y 0.79% Cuba.
Así lo demostró el Centro Ciencia y Sistemas de la universidad Johns Hopkins. Ella facilitó mucho de lo bueno que hemos hecho en salud y está orientada en lo que hemos dejado de hacer.
El servicio público a la gente también ha llevado a Raquel Peña a enfocarse en áreas clave como educación y el desarrollo económico. Su trayectoria, desde el ámbito académico y empresarial, destaca por coordinar iniciativas fundamentales, incluyendo la promoción de inversiones, caracterizándose por la eficiencia y la cercanía con la población.
En un contexto nacional marcado por la polarización y el ruido informativo, su gestión pública se distingue por el rigor, la templanza y un respeto irrestricto a la institucionalidad.
A lo largo de los años de gestión pública, y desde un ejercicio sostenido de análisis responsable, se reconoce de manera consistente su desempeño al frente de la vicepresidencia, así como su rol en la coordinación de tres gabinetes de relevancia.
Espacios desde los cuales ha demostrado una gran capacidad para enfrentar desafíos peligrosos, articular voluntades diversas y conducir procesos hacia soluciones efectivas, siempre con un norte enfocado al bien común y con una visión de país prospectada hacia la trascendencia.
Más allá de ese desempeño sobresaliente y de los resultados tangibles plenamente verificables, su trabajo público refleja con claridad los rasgos que han caracterizado toda su trayectoria profesional: perseverancia, método, disciplina y un compromiso firme con el desarrollo local y nacional.
En esa continuidad reside una de sus mayores fortalezas: actuar hoy como siempre lo ha hecho, con la misma ética que orientó su vida profesional antes de asumir funciones públicas.
Reconocer este tipo de liderazgo, es ratificar su vocación de servicio y razón de poder. Es un acto de madurez cívica y consciencia de institucionalidad, que la nación valora, promueve y necesita para pensar en su desarrollo con ciencia, método y estrategia.
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