Con ese subtítulo, el amigo Ramón Flores puso en nuestras manos, el pasado 4 de septiembre, su más reciente libro Reformas Pendientes. En su estilo preciso y sin concesiones, nos ofrece una lectura crítica de la realidad dominicana en los ámbitos de educación, energía, economía, política y medio ambiente.

Flores ha sido uno de esos dominicanos que ha jugado roles decisivos en procesos fundamentales del país, tanto como académico como servidor público. Su sólida formación académica se combina con una vocación de servicio que lo convierte en referente para varias generaciones.

El rector de INTEC, ingeniero Arturo Del Villar, lo resume con acierto al afirmar que en la trayectoria de Flores “se funden de manera indivisible el ingeniero y el educador: del primero emana una implacable exigencia de rigor, precisión metodológica y desconfianza hacia el voluntarismo sin método; del segundo, una vocación insobornable por incomodar las conciencias, cuestionar la complacencia y colocar siempre el aprendizaje y la dignidad humana en el centro de cualquier esfuerzo formativo”. Palabras que capturan la esencia del autor y de su compromiso con el país.

Los noventa y un artículos, reunido en Reformas Pendientes nos devuelven a una realidad nacional anunciada desde el título: reformas que siempre empiezan, pero rara vez se sostienen. Diez de esos textos son inéditos y giran en torno a su gran pasión: la educación. De uno de ellos, “El tren de la historia no nos espera”, tomo íntegro su primer párrafo:

“La valoración de la calidad de la educación se expresa en el esmero con que una sociedad, su gobierno y sus academias forman a sus profesores. Porque la dignidad del profesor comienza con la formación. Y su calidad fija el techo a la calidad de la educación”.

La reciente puesta en circulación del Informe PISA 2025, que la OCDE dio a conocer oficialmente el pasado 8 de septiembre, ha reactivado el debate sobre la calidad educativa en el país. Y, al leer a Flores, es evidente que sus advertencias de décadas encuentran hoy una confirmación dolorosa.

En su ensayo Las élites y la educación, incluido en el libro, Flores ofrece una explicación histórica de los rezagos que arrastramos en PISA 2025 -como en todos los ciclos anteriores, las Pruebas Nacionales y los Diagnósticos Nacionales de primaria y secundaria-:

“Tras la caída de la tiranía, en lugar de procurar la rápida superación de los atrasos, la educación pública fue dejada a su libre albedrío. Atrapada entre una compleja transición política y una deliberada desatención, los conflictos no se hicieron esperar. Las frecuentes interrupciones de la docencia cuestionaban el control de la sede sobre sus escuelas, vulneraban la seguridad de los estudiantes, impedían el normal desarrollo de los contenidos curriculares y obligaban a promover a los estudiantes al margen de sus conocimientos”.

Más adelante añade:

“La escuela pública, que debería ser el lugar donde niños y adolescentes de todas las clases sociales se encuentren, se fue transformando en un espacio sin dolientes, destinado a los que carecen de oportunidad para estudiar en otra parte. Y un servicio público destinado exclusivamente a los más pobres, siempre será pobre”.

A finales de los ochenta y principios de los noventa intentamos revertir esa realidad con Plan Educativo y los planes decenales de educación. Pero el deterioro acumulado era tan profundo, y el desinterés del poder económico y político tan evidente, que más de treinta años de reformas y miles de millones de pesos invertidos no han logrado aún dignificar plenamente la educación dominicana.

PISA y todas las demás evaluaciones no hacen más que revelar el poco valor que, como sociedad, atribuimos a la educación y a su papel en el desarrollo nacional.

Gracias Ramón, por recordarnos -una vez más- la raíz histórica de nuestro atraso educativo. Ojalá este libro contribuya a que dejemos atrás la costumbre de aplazar lo impostergable y nos permita, quizás, despertar de la larga pesadilla que ha sido perder tantas oportunidades de construir una educación digna.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

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