Para poder desempeñarnos bien en nuestras relaciones con el Ser Trascendente y el Otro, tenemos que conocer los modos de oración y discernimiento ignacianos, instrumentos necesarios para hacer un buen trabajo y lograr los resultados esperados. Sabiendo que la persona es un compuesto de racionalidad, afectos y relaciones.
Los ejercicios espirituales ignacianos nos ofrecen la posibilidad de una espiritualidad cristo céntrica. Una forma de relacionarme con Dios, el Otro, y la Naturaleza, que me lleva a pensar como Jesús, a sentir como Jesús y actuar como Jesús.
San Ignacio de Loyola nos enseña una espiritualidad que nos compromete con el mundo sin olvidarnos de Dios; porque Dios actúa en el mundo y el que encuentra a Dios se siembra en el mundo para que repolle el Reino.
Tenemos que llegar a conocer la raíz de la espiritualidad ignaciana y saber cómo alimenta a la persona; ¡ojo!, las plantas se alimentan por las raíces…; y para saber cómo alimenta la espiritualidad a la persona, lo determinante es ver y saber cómo se relaciona la gente con Dios…
¿Cómo me he relacionado yo con el Ser Trascendente…? Porque la espiritualidad no es algo ajeno a nuestro cuerpo.
Nosotros podemos tener relaciones corporales “de tú a tú” y le damos el nombre de AMISTAD… Y podemos tener relaciones con el Ser Transcendente, Dios, que no tiene cuerpo como nosotros, es un Espíritu, y nos relacionamos de “Tú a tú”; a esas relaciones les llamamos ESPIRITUALIDAD. Actualmente, Ahora, somos un CUERPO/ESPIRITUAL… Después de resucitado seremos un ESPÍRITU /CORPORAL… Ejemplo: Jesús Resucitado. Lc.24, 36-43
Nuestras relaciones con el Otro, como con el Ser Trascendente (amistad y espiritualidad), pueden ser: 1. De Tú a Tú = solidaria; 2. Cosificada = me acuerdo de ti cuando te necesito; 3. Mecánica = si te vi no me acuerdo…, o repetir sin pensar, como cotorra.
Toda relación tiene una razón, un motivo, sea con otro igual que yo, sea con el Ser Trascendente…, y, ambas, tienen las mismas motivaciones. En ese sentido, el motivo de mi relación con el Ser Trascendente, orar, lo expreso, al inicio, con una petición: sea por una necesidad personal o comunitaria, o por agradecimiento y también por compartir una actividad beneficiosa del quehacer cotidiano, que, si algún mérito tiene, el Ser Trascendente se lo regale a alguien que lo necesite más que yo….
En cuanto a los modos de oración ignacianos, ya vimos los dos ejercicios principales: Meditación y Contemplación y los pasos para hacer un momento de oración, (Cfr.: último tema de Empoderamiento de la Comunidad. acento.com.do).
También vimos lo que es el Discernimiento: saber escoger lo mejor de una propuesta opuesta, por ejemplo: ¿Matrimonio o Vida Consagrada? = Hacer dos columnas: ¿Qué positivo y qué negativo tiene para mí el Matrimonio; qué positivo y qué negativo tiene para mí la Vida Consagrada?…
Siempre, al iniciar la oración expresamos una petición, es lo que quiero obtener y es el timón de ese momento; es decir, que si me distraigo…, haciendo repetidamente la petición me concentro de nuevo en lo que estaba y hago conciencia con quién y de qué estábamos dialogando.
La oración es un diálogo, una conversación íntima, confiada, amical, que se puede expresar en el silencio y en cualquier actividad; basta saber que Él está presente y que estoy consciente de que lo que estoy haciendo beneficia a otros, que necesitan; es por eso, que la oración puede ser una actividad pasiva o activa, personal o comunitaria, que alimenta una relación: Espiritualidad Personalizada.
Ojo!, a veces, la rutina, la inconsciencia y la incoherencia personal, nos hacen desviar hacia la yoicidad…, y más que un diálogo es un monólogo con mi ídolo: el yo.
La verdadera espiritualidad se cultiva, solamente, en el silencio presencial y la actividad consciente; es decir, saber lo que hago/hacemos y por qué lo hago/hacemos.
He aquí la raíz de la Espiritualidad Personalizada presente en lo más profundo de mi identidad personal donde se abrazan el Ser Trascendente y el Yo/Nosotros: en mi Valor Originario y el Carisma Institucional Fundacional Comunitario, lo que le dan sentido a mi vida y me alimentan, fortalecen mi espiritualidad… La raíz, además de alimentar, sostiene y da crecimiento…
La bulla, el bochinche y la yoicidad nos entretienen; pero no resuelven. Permanecemos vacíos, insatisfechos porque perjudican al Otro.
Jesús, quien más conoce a Dios porque es Dios y Hombre… Nos dice, de parte de su Padre, que nuestras relaciones con la Divinidad empiezan a través del Otro. “Al Otro como a Mí”.
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