Los tiempos de la cultura digital y de la Inteligencia Artificial aportan mecanismos para reaccionar con agilidad excepcional ante los problemas personales, institucionales y sociales. Además, ofrecen informaciones y datos que permiten el seguimiento reflexivo-crítico al comportamiento de los actores sociales. Esto es importante tenerlo en cuenta al analizar los resultados de la prueba Pisa de 2026. Cada año, la sociedad emite un grito estentóreo por los resultados de esta prueba; presenta miles de factores causales; pero, en todo sale inmaculada, porque los únicos culpables son los docentes.

Estamos frente a una sociedad vacía de capacidad autocrítica y con una actuación que se aleja de la integridad y de la corresponsabilidad social. Los resultados de Pisa de 2026 responden a multiplicidad de factores. Uno de ellos tiene relación directa con el impacto de la dinámica de la sociedad en los aprendizajes. Pero, de esto se habla poco. Lo que se produce en el aula está vinculado de forma directa con lo que acontece en la sociedad. Existe una interdependencia innegable entre la vida escolar y la vida social. Esperar resultados excelentes en el mundo escolar, pasa por un comportamiento social diferente al que vivimos y tenemos.

El aula no se puede desconectar de la realidad. La realidad que la circunda penetra de forma sistemática en su funcionamiento interno, en la cultura escolar; y, de forma particular, en la forma de pensar y de hacer de docentes, gestores, estudiantes y personal técnico y administrativo. Es decir, lo que bulle en la sociedad contribuye a la estabilidad o a la desestabilización de los procesos y de las acciones del centro educativo y de las aulas. Entonces, una sociedad con déficit de institucionalidad y con un avance vertiginoso de la banalización de los valores y, de modo especial, del rechazo a la ética social, gubernamental y personal, no puede esperar resultados óptimos en ninguna de las áreas del saber.

La sociedad dominicana ha de avanzar en desarrollo del pensamiento crítico para que evalúe con objetividad y justicia su precario aporte a la adquisición de aprendizajes con significado, en la vida, desde la vida y para la vida. Es un compromiso compartido, interdependiente de sociedad y escuela; escuela y sociedad. Si la sociedad tuviera una postura menos permisiva, el Estado dominicano ya le hubiera buscado una solución justa y educativa al gobierno paralelo de la organización sindical mayoritaria. Pero, con una sociedad tan rezagada en educación crítica y ética, no se le puede pedir a la escuela que aporte resultados excelentes. Ambos actores tienen que revisarse y buscar alternativas más decentes en el campo socioeducativo.

Por esto adquiere fuerza el planteamiento sobre: ¿Qué dice la sociedad de ella misma? ¿Tiene sentido este nuevo grito de la sociedad, sin movilizarse para presentar algún cambio en su modo de funcionar y de exigir? ¿Llegó la hora de que la sociedad dominicana se revise a fondo para acercar posturas vinculadas al discurso y a la práctica? El lector o la lectora que interprete que estamos justificando los bajos resultados obtenidos en la prueba Pisa de 2026, debe leer este artículo de forma más pausada. No los justificamos. Pero, la responsabilidad es compartida. Y la sociedad no está exenta de responsabilidad.

La sociedad tiene ahora una gran oportunidad para redescubrir sus irresponsabilidades en el impulso de una educación más cualificada y significativa para el desarrollo personal y social. El contexto social no es algo insignificante. Marca el quehacer educativo en una dirección favorable o desfavorable, según la organización, institucionalidad y calidad de la democracia. Estos tres factores le confieren madurez a la sociedad y le permiten el desarrolla de la capacidad de autocrítica. La facultan para mirarse a sí misma, con autonomía y autocriticidad.

Una sociedad que se contemple así misma sin autocrítica no le ofrece ninguna ayuda a la escuela. Además, si vive solo para buscar culpables, sin revisar sus propias concepciones y práctica, le hace más daño a la educación. Por ello, debemos estar a la espera de que la sociedad diga algo de ella misma; plantee cuáles cambios va a promover para ofrecer un aporte más relevante a los procesos y resultados educativos del país. No basta quejarse, no basta explosionar las alarmas educativas. Lo que importan son hechos de una sociedad que es corresponsable de los problemas de aprendizaje; que también lo es de la creación de una cultura donde no se evadan responsabilidades. La pregunta continúa abierta: ¿Qué dice la sociedad de ella misma, ante los resultados de Pisa de 2026?

Dinorah García Romero

Educadora

Rectora del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, ISFODOSU. Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

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