“La dimensión de salud se evalúa por la esperanza de vida al nacer, la dimensión de educación se mide a través de la media de años de escolaridad para adultos de 25 años o más y los años esperados para niños en edad de ingresar a la escuela. La dimensión del nivel de vida se mide a través el ingreso nacional bruto per cápita…”. (PNUD: Democracia, Desarrollo e Igualdad AMLC).

Asistimos a la más grande ola de incertidumbre que se haya conocido en los últimos 65 años. A esa desaforada incertidumbre se adiciona la alta volatilidad de los acontecimientos. Concurren, como corolario de la perplejidad, de manera simultánea y cuasi sistemática, al unísono, un poli crisis, sintetizada en crisis económica, crisis geopolítica y geoeconómica, crisis del cambio tecnológico y la eclosión de la velocidad de la tecnología.

Una sombra de esperanza se erige ante la erosión, debilitamiento y retroceso de la democracia. Se trunca el proceso democrático y, en consecuencia, lejos de más democracia, donde esta se logra con más democracia. Nos encontramos en el camino que se está logrando truncar todo el devenir de la distribución del poder, de las dimensiones y esferas de las relaciones de poder y, con ello, del cimiento real que acompaña y sirve de pulmón a la democracia como sistema: la legitimidad que ha de envolver todo el espacio de la legalidad.

Parecería que la naturaleza per se ha irrumpido para domeñar el acto más fiel de la decantación y diferenciación: el nivel del pensar, su grado de racionalidad. Las ocho categorías de inteligencias, caracterizadas por el psicólogo Howard Gardner, han quedado neutralizadas, mutiladas, en este nuevo escenario o desconocido ciclo telúrico, tectónico de la humanidad.

Lo que se dibuja cuasi de manera desfigurada, sin visión, es una cruzada de fundamentalismo al más crudo cataclismo, allí donde solo imperan las emociones, los sentimientos y el más alto nivel de simplismo de lo visibilizado. Nada importa, el necesario esfuerzo de la explicación y del forjamiento del elemento causal, del vínculo causal del hecho o del fenómeno, que requiere ser explicado para avanzar.

Nada, la respuesta es la exclusión. No se busca ni se hace la tarea de encontrar las preguntas adecuadas, de si en gran medida es un hecho contingente o algo que sucede, en tanto un fenómeno social, donde se anidan las pasiones y las emociones a raudales. Prueba al canto: el primero de octubre en República Dominicana hubo un juego de fútbol, patrocinado por una organización deportiva mundial. Se originó un “desencuentro” pues a la hora de abrir las puertas para que el público entrara, estaban cerradas. Se resolvió sin ningún percance mayor. Aquello desato un “discurso” del Ministro de Deportes que demostró su desconocimiento de la historia de las pasiones y emociones y los “hitos” producidos. Lo que importaba era un discurso de amor, de entusiasmo, de la búsqueda de cooperación, de la solidaridad, de la fraternidad y convivencia que encierran los deportes, como el mejor de los baluartes para enaltecer los puentes y la glorificación de la paz y la llave de la gestión de la diversidad y de la tolerancia.

Los tres futbolistas más protagonistas que representaron a Haití son franceses. ¡Qué pena, que tristeza y que vergüenza se anidó en mi alma, al oír al Ministro de Deportes resumiendo que por “aquel hecho” no invitarían más a Haití a jugar en Dominicana. Ese será el discurso de Centro derecha, orbitando en la ultraderecha, en todo el campo electoral dominicano para las elecciones del 2028, que se cristalizarán en: la xenofobia, la discriminación, la exclusión, toda la problemática de la migración sin fundamento científico. Los relatos, las leyendas urbanas, sin la más mínima evidencia empírica, sin los elementos fácticos, en una imaginación desbrozada en el tiempo de la ficción y los mitos.

El axioma que trastoca a la democracia en este ciclo inédito, empero, coyuntural, no es solo allí donde la democracia ha sido un amago de transición, bosquejada solo en la esfera minimalista donde el orden poliárquico ha quedado truncado. En los países como Estados Unidos, el retroceso democrático, con su ola de autoritarismo y su lacerante autocracia, ha devenido en su balance en el último año con 20 puntos menos en su nivel democrático, en su grado de institucionalidad y en el crisol de la gobernanza efectiva.

La ausencia de liderazgo, de la enormidad de la crisis de representación, hace que el deterioro y retroceso democrático encuentre mayores cauces. Tenemos, en países como el nuestro, una transición larga de la democracia que queda como vaivén, rezago y letargo, porque no hemos tenido demócratas con las calidades de los desafíos de cada momento histórico.

Los que han dirigido en AMLC no lo han hecho como estadistas, lo cual ha hecho posible que el interés público, en gran medida, ha sido canalizado al interés privado, vale decir, una subordinación del interés público al interés privado, lo que se refleja en una ausencia del Estado y en su capacidad de gobernanza efectiva en los territorios públicos, a través de servicios públicos de calidad: educación, salud pública, seguridad, satisfacción con la Policía y grado de confianza, protección social. Dicho de otra manera, los intereses privados prevalecen por encima, haciendo que la legitimidad de los gobiernos se resquebraje. Es por ello, además, de cómo la visión corporativista de la asunción política, deviene en como los indicadores económicos entran en contraste, en una difícil paradoja, con los indicadores sociales.

Si en los países desarrollados la tecno-oligarquía ha logrado truncar la democracia, con lo denominado tecno feudalismo, de una casta que no es clase, en los periféricos del Sur, a esa dimensión que ha emergido en medio de un volcán en transición geopolítica y geoestratégica: el mundo multilateral que se enciende y eclipsa a un mundo unipolar, cuya potencia hegemónica pierde en la esfera de la competitividad, de la productividad, de la innovación, de la patente, en fin, del talento humano.

¿Qué gravita en AMLC en el debilitamiento democrático como espina dorsal de la anomia institucional que nos caracteriza y no nos permite avanzar sobre base firme y sostenible? En los países como el nuestro, encontramos factores que dificultan la democracia, lo cual hace que nos envolvamos cuasi en una dualidad binaria entre autocracia y democracia, democracia y autocracia. Esos vínculos causales y altamente correlacionados son:

  • La ausencia y debilidad en las aplicaciones de las normas. De la falencia de la supremacía constitucional. Existe un abismo entre las leyes y su grado de aplicación. Aquí tenemos alrededor de 112 Sentencias del Tribunal Constitucional que no han sido acatadas por los poderes públicos, que son automáticamente vinculantes. En la Constitución de 2010 demandaba cerca de 70-80 leyes que deben ser acopladas a la Ley de Leyes.
  • El costo y riesgo de la falta de acción de las normas conduce a una alta burocratización, que se expresa en el tiempo y en el dinero.
  • La ceguera, la falta de visión de la elite empresarial que, medrando en el Estado, jugando a la rentabilidad espuria, coyuntural, permea e impulsa el costo y riesgo de hacer negocios como clase económica.
  • El proceso de distribución del poder entre la elite económica y la partidocracia política. Como se fomentan las relaciones de poder, los juegos de poder y el grado de transacciones que realizan.
  • Como queda mediada la concentración de poder y el grado de movilidad de los actores políticos en el Estado y en la sociedad, sus mutaciones, su anquilosamiento y fosilización. Dicho de otra manera, como queda mediado en la alternancia del poder y su concentración y su configuración y desconfiguración en la construcción del estado de Derecho. Vale decir, se consolida la democracia o va a la deriva, reflejándose en como determinados actores estratégicos de nuestra formación social, tienen más o menos poder: actores políticos, militares, económicos y si las leyes se aplican por igual a ellos. Pues en un estado de Derecho nadie debe estar por encima de la ley, que es el corolario esencial, vital, de un sistema democrático.
  • Hay que cuestionar siempre, el nivel y alcance de la captura institucional, que es la manera más sublime para desarrollar la captura del Estado. Como se da este en cada fase de democracia y distribución del poder. Como la cleptocracia repercute en la pobreza, en la desigualdad y en los costos ocultos y visibles en la construcción de la democracia. Esto genera miedo, ansiedad, estrés, calidad de vida y tiempo perdido. Es lo que hace que las políticas públicas se encuentren, muchas de ellas, desviadas del interés societal.
  • Financiamiento de campañas políticas, legal e ilegal, no transparentadas, sin rendición de cuentas y total opacidad de los donantes. Es la expresión al más alto nivel del clientelismo. Allí donde el tráfico de influencia, el soborno y la extorsión adquieren ribetes demenciales.
  • La corrupción política en los países de AMLC es uno de los elementos más relevantes en la no consolidación democrática, en la problemática de la desigualdad y de la pobreza. Hay estudios que evidencian una alta correlación, entre corrupción, pobreza y desigualdad, más allá del crecimiento económico, lo que drena el desarrollo humano, el IDH.
  • Mientras mayor es el crimen organizado, más debilidad acusa el Estado, pues los primeros permean e influyen en la cooptación de los funcionarios que tienen que ver con la seguridad. La cooptación se hace más fácil para todo el tejido institucional. El ecosistema queda cuasi en agonía perpetua.
  • En la mayoría de los países de la región urge un nuevo Contrato Social. Aquí, la perspectiva de cara a 4 a 8 años, es vislumbrando una tensión de ingobernabilidad, si no tomamos medidas esenciales, fundamentales, estructurales. La clara obviedad de las pensiones / jubilaciones en masa, de cara a 7 años y los niveles de ingresos, erosionaran la vida social, económica y política de la nación.

Si queremos hacer avanzar la democracia, debemos de dejar atrás ese populismo visceral, cumplir las promesas y los compromisos y asumir la famosa frase del expresidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, quien expresó “Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”.

Cándido Mercedes

Sociólogo

Sociologo. Experto en Gerencia. Especialidad en Gestion del Talento Humano; Desarrollo Organizacional y Gerencia Social y Sociología Organizacional. Consultor e Instructor Organizacional. Catedrático universitario.

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