La inteligencia artificial ya llegó a las aulas dominicanas. El aprendizaje, en cambio, dejó de avanzar. Ese contraste resume una de las advertencias más importantes de PISA 2025: República Dominicana entra de lleno en una era que exige más pensamiento crítico, más razonamiento matemático, más comprensión lectora y mayores capacidades científicas, precisamente cuando sus resultados educativos muestran señales de estancamiento.

El país había demostrado que podía mejorar. Entre 2018 y 2022 registró avances estadísticamente significativos en ciencias, matemáticas y lectura. Visto desde su primera participación en 2015, llegamos a 2022 con resultados significativamente mejores en ciencias y matemáticas, mientras lectura logró recuperarse. Pero entre 2022 y 2025 ese impulso se frenó.

En 2025 alcanzamos 361 puntos en ciencias, 339 en matemáticas y 346 en lectura. Comparados con 2022, representan apenas un punto adicional en ciencias, exactamente el mismo resultado en matemáticas y cinco puntos menos en lectura. La OCDE establece que ninguna de esas variaciones representa un cambio estadísticamente significativo.

No estamos frente a un desplome. Estamos ante algo diferente y suficientemente serio: un sistema que había demostrado capacidad para avanzar y que dejó de hacerlo. Y el problema se vuelve todavía más evidente cuando dejamos de mirar únicamente los promedios.

Solo alrededor del 9 % de los estudiantes dominicanos alcanza el nivel mínimo esperado en matemáticas, 23 % en lectura y 26 % en ciencias. Eso significa que la mayoría de nuestros adolescentes llega a los 15 años sin dominar competencias que serán determinantes para continuar aprendiendo, insertarse productivamente y desenvolverse con autonomía en sociedades cada vez más complejas.

Pero también, PISA vuelve a recordarnos que el lugar desde donde nace un estudiante sigue influyendo en las oportunidades que tendrá para aprender. En ciencias, 69 puntos separan a los estudiantes de mayores y menores condiciones socioeconómicas. El dato confirma que, también en educación, el origen sigue condicionando las oportunidades.

Cuando los niveles generales de desempeño son bajos, una menor distancia entre grupos puede significar también que el aprendizaje insuficiente atraviesa buena parte de la estructura social. Ese matiz importa.

Nuestro desafío educativo no puede reducirse a la pobreza. La pobreza profundiza las desventajas, pero tampoco los estudiantes de mayores ingresos están alcanzando, en términos generales, los niveles educativos de los países con sistemas de alto desempeño. Hay, además, una señal que merece seguimiento. Entre 2022 y 2025, en ciencias, el desempeño de los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos disminuyó dos puntos, mientras el de los más favorecidos aumentó trece. No basta todavía para construir conclusiones causales, pero sí para advertir una posible ampliación de las distancias que el país no debería ignorar. Porque las brechas educativas de hoy pueden convertirse rápidamente en las brechas económicas, tecnológicas y sociales de mañana.

También existe una señal esperanzadora: alrededor del 12 % de los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos consigue situarse entre el grupo de mejor desempeño del país. Es evidencia de que el origen condiciona, pero no sentencia. La tarea de la política pública consiste precisamente en hacer que esas excepciones dejen de ser excepcionales.

Los resultados por sexo merecen una lectura igualmente estratégica. Las adolescentes dominicanas obtuvieron 364 puntos en ciencias frente a 357 de los varones. En lectura, la diferencia alcanza treinta puntos: 360 frente a 330. En matemáticas permanece una ventaja masculina, pero mucho menor: 342 puntos frente a 336.

Entre 2018 y 2022 demostramos que era posible mejorar. Entre 2022 y 2025 dejamos de avanzar. Y nos estamos deteniendo precisamente cuando el mundo acelera. Lainteligencia artificial no esperará a que nuestra educación se ponga al día. Nuestros niños y jóvenes tampoco deberían tener que hacerlo.

No se trata de establecer una competencia entre hombres y mujeres. Los resultados de ambos grupos continúan siendo insuficientes. Pero sería un desperdicio ignorar lo que estos datos nos están diciendo. Si las adolescentes muestran fortalezas relativas en lectura y ciencias y mantienen una diferencia reducida en matemáticas, República Dominicana tiene frente a sí una oportunidad para construir una política mucho más agresiva de incorporación femenina a ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas, programación, inteligencia artificial y nuevas industrias digitales.

Al mismo tiempo, la brecha de treinta puntos en lectura en perjuicio de los varones exige atención. La política educativa del siglo XXI debe abandonar las respuestas uniformes cuando la evidencia muestra problemas diferentes. La igualdad no consiste en ofrecer exactamente lo mismo a todos. Consiste en garantizar que las diferencias de origen, género o territorio no determinen anticipadamente quién tendrá posibilidades de desarrollar su talento.

Todo esto ocurre mientras la IA entra aceleradamente en la vida académica de los estudiantes. Según PISA 2025, alrededor de la mitad de los adolescentes dominicanos utiliza chatbots de inteligencia artificial para aprender al menos una vez por semana. Los emplean para investigar temas, resumir textos y redactar trabajos. La pregunta, por tanto, ya no es cuándo llegará la inteligencia artificial a la educación dominicana. Ya llegó.

La pregunta verdaderamente importante es con qué capacidades humanas la estamos recibiendo. Un estudiante puede pedirle a una inteligencia artificial que resuelva una ecuación, redacte un ensayo o explique un fenómeno científico. Pero necesita comprender matemáticas para determinar si la respuesta tiene sentido; comprensión lectora para interpretar lo que recibe; conocimientos científicos para contrastar evidencia; y pensamiento crítico para distinguir entre una respuesta convincente y una respuesta correcta.

La IA puede multiplicar capacidades. También puede multiplicar carencias.

Por eso el debate educativo no debe reducirse a comprar dispositivos, instalar plataformas o enseñar a utilizar herramientas. El desafío es formar personas capaces de pensar con la inteligencia artificial sin entregarles a los algoritmos la responsabilidad de pensar por ellas.

PISA 2025 obliga a colocar nuevamente el aprendizaje en el centro de la política educativa. Después de más de una década destinando alrededor del 4 % del PIB a educación, tenemos que cuestionar qué está ocurriendo dentro de las aulas y cuánto están aprendiendo nuestros estudiantes.

Necesitamos una estrategia nacional para garantizar aprendizajes fundamentales; intervenciones diferenciadas según el nivel de rezago; seguimiento individual de los estudiantes; fortalecimiento intensivo de lectura, matemáticas y ciencias; formación docente para integrar críticamente la inteligencia artificial; una política específica para ampliar la participación de niñas y mujeres en STEM; y mecanismos que impidan que las nuevas tecnologías profundicen las desigualdades socioeconómicas existentes.

Amartya Sen concibió el desarrollo como la expansión de las libertades reales de las personas. Difícilmente exista una libertad más determinante en este siglo que la capacidad de comprender, razonar, aprender y decidir por uno mismo. PISA no debe servir para resignarnos ni para buscar culpables simplistas. Debe servir para tomar decisiones.

Entre 2018 y 2022 demostramos que era posible mejorar. Entre 2022 y 2025 dejamos de avanzar. Y nos estamos deteniendo precisamente cuando el mundo acelera. Lainteligencia artificial no esperará a que nuestra educación se ponga al día. Nuestros niños y jóvenes tampoco deberían tener que hacerlo.

EN ESTA NOTA

Zoraima Cuello

Doctora en Educación

Doctorada en Educación con especialidad en Liderazgo Organizacional; con Maestrías en Transformación Digital y en Alta gerencia. Postgrado en Dirección de Operaciones. Licenciada en Contabilidad, certificada internacionalmente en programas de liderazgo y mentoría. Con más de 25 años de experiencia gerencial en los sectores público y privado. Ocupó la posición de Viceministra de Seguimiento y Coordinación Gubernamental en el Ministerio de la Presidencia, implementando el sistema nacional de atención a emergencias y seguridad (911), el programa República Digital, el sistema de seguimiento de las metas presidenciales, la estrategia de ciberseguridad, y la implementación del Centro Nacional de Ciberseguridad, entre otros. Actualmente se desempeña como Vicerrectora Ejecutiva de la Universidad del Caribe, función que conjuga con la Presidencia del Círculo de Cultura Democrática, entidad sin fines de lucro dedica al análisis y la elaboración de propuestas que impulsen el bienestar de la sociedad, fortalezcan la democracia y el desarrollo de la República Dominicana. La doctora Cuello es escritora e investigadora. Ha publicado diferentes artículos en numerosas revistas académicas y periódicos de circulación nacional. Es autora del libro 7 Riesgos de las Redes Sociales, ser Ciudadanos en un mundo tecnológico, y coautora del libro El desarrollo municipal, factor estratégico en el posicionamiento de México en los escenarios políticos y sociales del siglo XXI, entre otros.

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