“Nuestro reto es discernir entre la verdad y lo imaginario”. Fernando Lozano.

La semana pasada empezamos el nuevo año académico en Pomona College, la pequeña universidad residencial donde trabajo en California. Por más de 100 años, el estudiantado, el profesorado, el personal y las autoridades de la universidad marcamos el inicio de la vida universitaria de nuestras y nuestros estudiantes de primer año con una ceremonia llamada “Convocation”. En diferentes universidades, el significado de “Convocation” puede ser distinto. Pero en Pomona es la ceremonia en la que se convoca a toda la comunidad a dar la bienvenida a sus integrantes más recientes. Este acto de convocatoria a finales de agosto y la graduación en mayo son nuestros dos rituales principales. Y, como dice mi amiga y colega Jody Valentine y les he contado en columnas anteriores, me encantan los rituales que celebran los logros educativos y académicos.

Por eso, como cada año desde que soy parte del personal fijo de Pomona, me reuní con mis colegas para desfilar en la algarabía de colores que marca el inicio del evento. Hay personas para quienes este tipo de ceremonias les puede resultar cursis o hasta anticuadas. Pero a mí me encanta ese momento en el que entramos las autoridades y docentes vistiendo las túnicas medievales que representan las universidades y las disciplinas de las que nos graduamos. Luego, cuando nos sentamos en el escenario inicia el programa oficial. El programa incluye las palabras de bienvenida de las autoridades, del liderazgo estudiantil y piezas interpretadas por mis colegas espectaculares del departamento de música.

Pero el discurso central es dado por una o uno de nuestros colegas docentes quien tiene la enorme responsabilidad de motivar a las personas jóvenes que llenan el Auditorio de Música Bridges. Este hermoso salón de música es un edificio donado por la familia Bridges en 1915 y tiene capacidad para más de 500 personas. En su interior se encuentra uno de los famosos órganos Fisk que ocupa el equivalente a tres pisos en el fondo del auditorio mientras que el techo está lleno de detalles coloridos en madera obra del reconocido arquitecto californiano Myron Hunt quien diseñó todo el edificio. Y les cuento todo esto porque ese es el ambiente solemne en el que la persona a cargo del discurso principal se dirige a nuestro nuevo grupo de estudiantes.

Es una tarea difícil y una responsabilidad inmensa. Cada quien lo hace tratando de compartir parte de lo que han aprendido en su profesión. Por ejemplo, durante mi primer año en Pomona, el profesor Bob Gaines nos sorprendió a todo el mundo cuando le dijo a las y los nuevos estudiantes que el regalo sorpresa que tenían en la mano era un pequeño fósil. Cuando se calmó el revuelo que causó con ese presente maravilloso, les explicó que el fósil representa las lecciones sobre el tiempo que ha aprendido en la geología, su eterna vocación. Y les invitó a valorar los cuatro años que pasarían en Pomona y a sacar el máximo provecho posible de ese tiempo. En otra ocasión, la profesora Oona Eisenstadt del departamento de estudios de la religión le recordó al grupo nuevo de estudiantes que lo que les ofrece Pomona College es el tiempo y el espacio para experimentar, desarrollar un sentido crítico y aprender sobre las diferencias entre las personas y en el mundo “sin dejar que esas diferencias nos dominen y nos destruyan”.

Este año esta responsabilidad enorme recayó en nuestro colega del departamento de economía Fernando Lozano. Y Fernando hizo algo que convirtió la ceremonia de convocatoria en un momento muy especial para mí y para muchas de las personas que venimos de otros países. Dio su discurso en español. Estamos en California, un estado que fue tanto parte del imperio español como de México y en el que el español sigue teniendo una presencia importante. Aun así, es la primera vez en los 110 años que esta ceremonia lleva realizándose que el discurso central fue realizado en un idioma distinto del inglés. El mundo “ancho y ajeno” de Ciro Alegría hacía entrada simbólica en Pomona. No por primera vez, claro está. La diversidad de países, razas y credos de nuestras y nuestros estudiantes se evidencia cada año en nuestra graduación. De hecho, la presidenta de la asociación de estudiantes que habló ese mismo día, Malu Estoducto, una de mis exestudiantes, es de Brasil y se refirió a su experiencia como estudiante internacional; una experiencia que entiendo muy bien porque cuando llegué por primera vez a vivir en Estados Unidos fue en ese rol.

Pero escuchar a Fernando dando su discurso en mi idioma materno fue una experiencia diferente y me emocionó hasta las lágrimas. Tratando de entender por qué días después, me recordé de que a menudo le hablo a mis estudiantes del concepto del “extraño” o la “extraña” del sociólogo Georg Simmel. Como he vivido en países distintos al mío desde que tenía dos años y soy activista feminista desde hace más de tres décadas, es un concepto con el que me siento muy identificada. De acuerdo con Simmel, la persona “extraña” puede sufrir discriminación por ser diferente pero el ser diferente también le permite ver cosas en la comunidad que el resto de las personas, por haber siempre vivido en ella, no puede ver. Quizás el gesto de Fernando nos ayudó a ver que cultivar, en vez de temer, la diferencia, más que ser un acto espontáneo requiere perseverancia y determinación.

La diversidad en los tres temas de su discurso, Borges, Coase y los frijoles, también refleja esta intención a la hora de definir el tipo de educación que impartimos en Pomona. Y es que Fernando armó su discurso en base a su escritor favorito (Jorge Luis Borges), su economista favorito (Ronald Coase) y su comida favorita (los frijoles o habichuelas como les llamamos en RD). De Borges nos compartió el cuento “La Biblioteca de Babel” y cómo en la biblioteca infinita del cuento la gente se asombra “de lo fácil que es acceder todo el conocimiento, pero lo difícil que es discernir entre lo verdadero y lo falso”. Para Lozano, esa es la primera característica de la educación holística y centrada en las humanidades que ofrecemos en instituciones como Pomona College: la necesidad de aprender a distinguir la verdad de la falsedad en un mundo con información (y desinformación) infinita y constante.

Sin embargo, para hacerlo hay que decidir también a quién creer y con qué criterios evaluar lo que vemos. Y para esas preguntas el profesor Lozano propuso seguir a su economista favorito: Ronald Coase. Siguiendo el trabajo de Coase sobre el rol crucial de los derechos de propiedad, le explicó a nuestro nuevo grupo de estudiantes lo importante que es que se apropien de su presente y de su futuro. O sea, que escuchen y ponderen nuestros consejos, los de sus familias y los de sus amistades pero que decidan con autonomía sobre su vida y su educación.

Luego, Fernando nos hizo reír a todo el mundo cuando abordó el tercer tema de su comida favorita: los tacos de frijol. Pero para mi sorpresa, ese tema también involucra una lección importante: la importancia de la sinergia y la colaboración. Y es que, como nos contó Fernando, “ese taquito envuelve una sabiduría milenaria de nuestras comunidades ancestrales: el maíz, el frijol, y la calabaza crecen juntos” y se complementan mutuamente. En lo que en Mesoamérica llaman “La Milpa” y en Norteamérica denominan “Las tres hermanas”, se da una relación simbiótica entre los tres cultivos: “el tallo del maíz le permite al frijol crecer, mientras tanto el frijol produce nitrógeno que elimina cualquier peste del maíz. Ambos le dan sombra a la calabaza, que con la sombra de sus hojas mantiene la tierra húmeda, lo que permite al maíz y al frijol crecer”. Y esa sinergia es otro símbolo de la educación de artes liberales que impartimos en Pomona: el conocimiento no se construye de manera individual sino en diálogo constante con nuestras y nuestros pares.

Fernando cerró su discurso con broche de oro compartiendo el ejemplo de cinco estudiantes de Pomona College que tomaron tan en serio la educación con sentido crítico que recibieron que lograron cambiar la misma universidad y el mundo a su alrededor: John Payton, Myrlie Evers-Williams, Eileen Wilson-Oyelaran, Danny Wilks y Onetta Brooks. De forma similar a la Milpa, este grupo de jóvenes estudiantes de los años ’60 logró con su activismo ampliar la presencia de estudiantes de la comunidad afroamericana y la vinculación de la universidad con la comunidad. Al graduarse, harían lo mismo en sus carreras y como líderes en diferentes ámbitos. Como destacó Fernando, “su educación en Pomona floreció en un mundo más justo y equitativo”. Pomona College continúa esta senda de abrirse al “mundo ancho y ajeno” y dentro de poco inaugurará un nuevo centro internacional con el que la universidad expandirá las oportunidades para aprender de e interactuar con el resto del globo.

Gestos como el de Fernando, la apertura creciente de Pomona College y la curiosidad sin límites de nuestras y nuestros estudiantes me dan esperanzas en un mundo en el que el autoritarismo sigue avanzando. Igual que Oona, yo sueño con un mundo en el que no permitamos que la diferencia nos domine y nos destruya. Sueño con un mundo en el que aprendamos a celebrar y cultivar la diferencia sin que se convierta en desigualdad y creo en el poder de la educación con sentido crítico como uno de los pilares fundamentales para construirlo.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

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