El proyecto de desarrollo turístico de Pedernales, en ejecución en Cabo Rojo con la promesa de sostenible, ha prometido 20 000 empleos. 20 000 también han anunciado los de Lod Holdings para sorprender con su Spaceport o puerto aeroespacial comercial de lanzamiento de cohetes comerciales desde el municipio Oviedo. Y van 40 000. Por ese número mágico, es probable que la empresa también de Estados Unidos detrás de las tierras raras igual ofrezca al menos 20 000 empleos. Serían 60 000.
Al menos 20 000 había anunciado la compañía española que desarrollaría el proyecto hotelero e inmobiliario Bucanyé, frente a la playa con el mismo nombre, en el mismo pueblo. Otras empresas descubrirán la gallina de los huevos de oro y ofrecerían lo mismo.
Se trata de la mejor carnada para un pueblo empobrecido que vive en la enajenación, inhabilitado para reaccionar críticamente. Es un discurso narcotizante.
Pedernales registra 34 557 habitantes, de acuerdo con el Censo Nacional de Población y Familia de 2022. Tiene solo 2075 kilómetros cuadrados de superficie. Y de ese total, el 68 % es de parques nacionales Sierra de Baoruco y Jaragua, así como otras áreas protegidas.
Si se descuentan las tierras para agricultura y pecuaria, el espacio para vivir en la comarca del extremo suroeste sería chico y muy altos los riesgos para la salud y la paz; sobre todo, si el desarrollo integral es nomás ejercicio retórico.
La población económicamente activa (PEA) era de 10 487 (53,2 %), según el Plan para el Desarrollo Económico de Pedernales del Mepyd, 2019 (ahora Ministerio de Hacienda y Economía).
El estatal Sistema Único de Beneficiarios (Siuben) realizó en 2018 su Tercer Estudio Socioeconómico de Hogares de Pedernales, el cual arrojó resultados sobre calidad de vida de las familias, que deberían avergonzar al Gobierno.
Empadronó 17 649 personas en 5879 hogares. De esa cantidad de hogares, cerca del 60 % estaban en los índices de calidad de vida más carenciados. O sea, 1050 (17,8 %) en la categoría 1 y 2552 (43,4 %) en la 2.
En cuanto a las viviendas, solo el 29,9 % era de concreto y el 69,9 % techadas de zinc, pese a que la provincia está ubicada en la ruta de los ciclones.
Para este 2026, el proyecto de desarrollo turístico crearía más de 10 300 empleos directos y 27 500 indirectos, mientras el fisco recibiría 41 millones de dólares, informó a mediados de 2022 Erik Dorrejo, director de planificación de la zona fronteriza del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (Mepyd), durante una actividad en la que se presentaron los avances de la iniciativa de la Comisión Presidencial de Desarrollo Turístico de Pedernales.
La tasa de desempleo en la región Enriquillo rondaba el 68 % al 2024, conforme datos oficiales.
En el presente, la meta establecida por las autoridades no solo se ha quedado lejos, sino que en cada esquina del pueblo suenan las quejas sobre la asignación de los puntos de venta en Port Cabo Rojo (terminal turística) y empleos a negociantes de la turística provincia Puerto Plata, en el Atlántico, y otras comunidades.
Puertoplateños son los influyentes José Ignacio Ramón Paliza Nouel, ministro de la Presidencia y presidente del oficialista Partido Revolucionario Moderno, y Sigmund Freund, ministro de Administración Pública, director del Fideicomiso Pro Pedernales, exdirector de Alianzas Público Privadas (DGAPP) y delegado del partido ante la Junta Central Electoral.
Entretanto, la pobreza estructural sigue en pie, a años luz del desarrollo integral y el bienestar general discurseado.
El municipio cabecera Pedernales ya tiene su pequeño Haití al costado suroeste del cementerio, unos cuantos pasos de la comuna Anse-à-Pitre, un antro de familias haitianas y dominicanas donde anida y se reproduce el empobrecimiento extremo con la bandera del hacinamiento, la precariedad de servicios y la ausencia gubernamental, mientras se entronizan las prácticas ilícitas.
La provincia (dos municipios y dos distritos municipales) registra un alto déficit habitacional que sube de 60 a 80 % cuando se incluye la calidad de las viviendas; sin embargo, el Gobierno no construye ni una casa.
Carece de un sistema de alcantarillado pluvial y sanitario para capturar las aguas residuales. En el segundo cuarto del siglo XXI, los retretes siguen vigentes. Y en las casas de cemento, las heces fecales y aguas sanitarias son enviadas al subsuelo a través de sépticos, dañando las aguas subterráneas en un pueblo con creciente demanda del nutriente que, sin embargo, escasea a nivel superficial. Con este panorama, hablar de comunidad saludable sería una necedad. Las enfermedades hídricas tienen aquí más potencial.
Tampoco cuenta con un sistema de recolección, reciclaje y disposición de los desechos sólidos, pese a que —como otras cosas— la promesa de construcción llegó a la par del proyecto turístico, que ya tiene vías de acceso nuevas, hoteles, puerto para cruceros, planta de tratamiento, acueducto, aeropuerto rumbo a terminar y destino para la basura.
Mucho menos con un centro cultural para el desarrollo y escenificación de las bellas artes.
La academia y la banda de música están presentes, sin rechistar, en cuantas actividades se realizan en el municipio Pedernales; empero, desfallecen por las precariedades y su director Ramón Méndez se desgañita reclamando atención y provisión de instrumentos para seguir quitándoles jóvenes a las calles y sus peligros.
Ante la sordera del Ministerio de Cultura, tal vez se conduela un pelotero de Grandes Ligas o un empresario de verdad, socialmente sensible.
Los pleis de béisbol superior y de pequeñas ligas son un bochorno. Su aspecto es de potreros abandonados. Ninguna autoridad aparece.
Y la carretera, la única de acceso, pasará otra Semana Santa como fuente de riesgo de siniestros de tránsito para los viajeros. El retraso en la reconstrucción, por lo que se ve, es de dos años, salvo orden del Gobierno.
Pedernales es una provincia muy rica en recursos naturales. Desde 1959 hasta entrado el siglo XXI enriqueció al fisco con la explotación de la bauxita y la caliza por parte de la minera estadounidense Alcoa Exploration Company, Ideal Dominicana y Dovemco. El Estado, sin embargo, le ha redituado indiferencia a granel.
Apoyar el proyecto de desarrollo turístico o a inversores con objetivos claros, sin máculas, pasa por reclamar los derechos de la comunidad al bienestar general y denunciar las desviaciones para que no se repita la amarga historia de la exclusión social. El silencio y el discurso de la distracción nos harían cómplices de lo malo.
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