En medicina existe un principio irrefutable: no basta con que una estructura exista, debe cumplir una función fisiológica y aportar un beneficio medible al organismo. Cuando un órgano deja de hacerlo, pero continúa consumiendo recursos y generando riesgos, el diagnóstico es claro: órgano vestigial. El apéndice es el ejemplo clásico: un remanente evolutivo que hoy no aporta nada y, cuando se inflama, exige una extirpación inmediata.
El Parlamento Centroamericano (PARLACEN) cumple, punto por punto, con ese diagnóstico para la República Dominicana: una estructura política obsoleta que drena recursos públicos sin aportar beneficio democrático, económico ni institucional alguno.
Historia clínica: un órgano que nunca funcionó
El PARLACEN fue creado en 1991 como parte del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), con la aspiración de promover la integración política, la cooperación regional y el desarrollo común. La República Dominicana ingresó como observador en 1998 y como miembro pleno en 2010.
Treinta años después, la evidencia es concluyente: el PARLACEN no ha prevenido conflictos, no ha armonizado políticas públicas ni ha generado resultados tangibles para la población dominicana. No legisla —sus resoluciones no son vinculantes—, no fiscaliza, no ejecuta programas ni responde a las urgencias geopolíticas del país. Lo único que hace con eficiencia es consumir presupuesto.
Diagnóstico económico: hemorragia sin retorno
El costo anual para la República Dominicana supera los RD$365 millones, considerando cuotas internacionales, salarios, dietas, viáticos y gastos operativos de los 20 diputados titulares. Cada uno devenga alrededor de US$4,200 mensuales, sin relación alguna con productividad, resultados o impacto nacional.
En términos clínicos, estamos sosteniendo un órgano parasitario mientras el cuerpo social sufre anemia severa en salud, educación, justicia y seguridad. Ese monto equivale al presupuesto anual de varios hospitales provinciales o a decenas de escuelas rurales.
Patología institucional: inmunidad y nepotismo
El problema no es solo presupuestario. El PARLACEN se ha convertido en un refugio patológico. Su inmunidad parlamentaria regional ha servido como escudo para exfuncionarios señalados por corrupción, creando una zona de impunidad transnacional que debilita el Estado de derecho.
A esto se suma el nepotismo estructural. Las curules se han transformado en herencias políticas: padres, hijos, esposas y parientes directos rotan en listas cerradas. En elecciones recientes, una proporción significativa de las candidaturas dominicanas presentaban vínculos familiares directos. No es integración regional; es patrimonialización del erario.
Igualdad formal, injusticia real
El PARLACEN asigna 20 diputados a cada país, sin importar población, tamaño económico ni aporte fiscal. Guatemala (18 millones de habitantes), República Dominicana (10 millones) y Panamá (4.5 millones) tienen la misma representación.
Esta falsa igualdad viola cualquier principio moderno de proporcionalidad democrática y convierte al organismo en una estructura rígida, injusta e ineficiente.
No es casualidad que Costa Rica nunca haya ingresado y que El Salvador se haya retirado, calificándolo de costoso e inútil. La República Dominicana, además, no es Centroamérica: su identidad es caribeña y sus prioridades —como la crisis haitiana— jamás han encontrado respuestas útiles en este foro.
Baja efectividad, alto riesgo ético
En el lenguaje técnico de políticas públicas, el PARLACEN exhibe baja efectividad institucional: altos costos, nulos resultados verificables y riesgos éticos evidentes. Carece de facultades vinculantes, no tiene mecanismos robustos de rendición de cuentas y opera como un club político sin consecuencias prácticas para el desarrollo regional.
Comparado con parlamentos regionales funcionales —como el Parlamento Europeo—, la diferencia es abismal. Allí hay legislación vinculante, fiscalización real y retorno tangible. Aquí, solo retórica.
Tratamiento indicado: no hay terapia conservadora
En medicina, cuando un órgano no cumple función y representa riesgo, no se le medica: se extirpa. El PARLACEN no requiere ajustes cosméticos ni reformas graduales; requiere una apendicectomía política.
Las opciones técnicas son claras: Suspensión inmediata de fondos públicos, redirigiendo los recursos a salud, educación y justicia.
Auditoría externa independiente, para documentar el costo real y la ausencia de beneficios.
Denuncia del tratado constitutivo, invocando la Convención de Viena por incumplimiento de objetivos.
Reforma constitucional, siguiendo precedentes regionales, para eliminar la representación dominicana.
Conclusión: liderazgo es saber cortar.
El liderazgo no se demuestra asistiendo a foros estériles en Guatemala ni protegiendo privilegios heredados. Se demuestra protegiendo el erario, priorizando el bienestar ciudadano y tomando decisiones impopulares pero correctas.
La inacción es una metástasis fiscal. El PARLACEN no necesita terapia ni ajustes. Necesita ser removido.
La República Dominicana no puede seguir alimentando órganos políticos sin función vital. El bisturí está sobre la mesa. La ética del estadista exige usarlo.
Compartir esta nota
