De todas las extraordinarias cosas que rodean la oferta pública inicial (OPI) de SpaceX, quizás la más extraordinaria sea esta: es imposible determinar qué será de esa compañía dentro de 10, cinco o incluso dos años. Y, a juzgar por la forma en que se ha llevado a cabo la venta de acciones, eso es precisamente lo que Elon Musk quiere.
SpaceX confirmó el miércoles que espera alcanzar una valoración de US$1.78 billones, lo que la convertiría en la séptima compañía más valiosa del mundo. No está claro exactamente cómo planea respaldar esa colosal valoración. La más reciente versión de SpaceX data solo de febrero de este año. Fue entonces cuando Musk la fusionó con xAI, un acuerdo inesperado que, de la nada, convirtió a la inteligencia artificial (IA) en su negocio más importante.
SpaceX siempre había expresado como su principal ambición convertir a los humanos en una especie multiplanetaria, con un nuevo hogar en Marte. Actualmente, la IA domina sus planes (xAI representó más de tres cuartas partes del gasto de capital en el primer trimestre) y sus oportunidades de negocio (se dice que el 93 por ciento de sus mercados potenciales giran en torno a la IA). SpaceX es ahora, abrumadoramente, una apuesta por la IA.
Los seguidores de Musk, como de costumbre, se lo han tomado con calma. Para quienes tienen una visión más escéptica, esto apesta a oportunismo. Musk ha demostrado una especial habilidad para reorganizar constantemente sus negocios con el fin de crear lo que los inversionistas sean más propensos a respaldar en un momento dado. Cuando el fabricante de paneles solares Solar City estaba pasando por dificultades, lo fusionó con Tesla y renombró al fabricante de coches como un conglomerado de energía alternativa. Cuando la compañía anteriormente conocida como Twitter pasó por dificultades para reconstruir su negocio publicitario tras su polémica adquisición, se la combinó con xAI.
Hasta la fusión de este año, parecía cada vez más difícil para xAI mantenerse al nivel de sus principales competidores en lo que se había convertido en su actividad más importante: acumular enormes cantidades de efectivo. OpenAI y Anthropic ya han recaudado, entre ambas, US$175 mil millones de los mercados privados este año, incluso antes de las OPI que ahora están preparando.
En los documentos presentados antes de la OPI, SpaceX utiliza una narrativa para respaldar el acuerdo con xAI: la oportunidad de superar a los competidores mediante la instalación de centros de datos de IA en el espacio. Cuánto tiempo llevará lograr esto es otra cuestión. SpaceX puso en órbita un poco más de 2,200 toneladas métricas el año pasado: Musk afirma que su compañía necesitará poner en órbita 1 millón de toneladas al año para convertirse en un actor importante en el negocio de los centros orbitales de datos.
¿Generará algún día esta convergencia entre cohetes e IA los beneficios que justifiquen catapultar a SpaceX al selecto grupo de las principales empresas del mundo? Quizás. Pero la historia de las iniciativas empresariales de Musk sugiere que la narrativa habrá cambiado mucho antes de que se llegue a ese punto.
Los cohetes y la red de comunicaciones por satélite de SpaceX, al igual que los coches eléctricos de Tesla, indudablemente son logros impresionantes. Pero la verdadera genialidad de Musk reside en la creación de mitos. El año pasado, el flujo de efectivo operativo combinado de todos los negocios que operan bajo las marcas de SpaceX y Tesla fue de US$21.5 mil millones, solo un ligero aumento con respecto al año anterior. Esto contrasta con otro rival en el campo de la IA, Alphabet, el cual el año pasado aumentó su flujo de efectivo operativo en casi US$40 mil millones.
La parte más curiosa del argumento de venta de SpaceX tiene que ver con lo que, según los documentos presentados, indiscutiblemente representa su mayor oportunidad: las aplicaciones de IA para empresas. Musk ha hablado de crear una nueva plataforma de IA para empresas, un proyecto al que llama Macrohard. Pero esto solo merece la más superficial de las descripciones y Grok, el modelo de IA de vanguardia de xAI, principalmente apoya un servicio para consumidores.
Se dice que Macrohard es un proyecto conjunto con Tesla. Otro proyecto conjunto es la construcción planeada de una planta de fabricación de chips, conocida como Terafab. No es de extrañar que coincidencias estratégicas como estas, junto con el historial de Musk en la concertación de acuerdos, hayan llevado a muchos a predecir que una fusión entre SpaceX y Tesla es prácticamente inevitable.
Por ahora, al menos, el mercado bursátil parece estar satisfecho con la idea de que existan dos compañías propiedad de Musk, en lugar de solo una. Las acciones de Tesla se han mantenido bien en el período previo a la OPI de SpaceX. Sin embargo, las futuras fluctuaciones del mercado podrían cambiar ese cálculo.
Todo esto convierte a SpaceX en el avatar bursátil perfecto para su época: una historia de oportunidades ilimitadas, para unos mercados financieros que se han mostrado inusualmente dispuestos a apostar a largo plazo por la tecnología. ¿Qué mejor momento para sacar a bolsa una colección de activos y capacidades tan tentadora y mal definida, con Musk como el promotor en el centro, creando, como por arte de magia, nuevos mercados casi a voluntad? La pregunta principal para los nuevos inversionistas en SpaceX es cuánto durará esta situación. La creación de mitos por parte de Musk encaja perfectamente con el momento actual. Al final, sin embargo, el flujo de efectivo real siempre acaba imponiéndose.
(Richard Waters. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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