A pesar de la intensa campaña de los líderes opositores contra la gestión del Gobierno, desinformando y cuestionándolo todo, la confianza en la buena marcha de la economía y la prudencia en el manejo de la política monetaria y fiscal nos colocan en 2026 en la cima de los países en materia de crecimiento y estabilidad en Latinoamérica y el Caribe.
La seguridad jurídica y la transparencia mantienen la fortaleza de la inversión extranjera. La seguridad ciudadana, la imagen muy mejorada del país a nivel global y la infraestructura vial, aérea, marítima y hotelera mantienen la solidez del turismo y las zonas francas.
La economía crece al 4 % en el primer cuatrimestre, la tasa de interés cae 200 puntos en un año, el crédito privado aumenta, la construcción vuelve a crecer y la tasa de cambio se mantiene por debajo de 60 pesos por dólar. La minería se dispara y los altos precios del oro y la plata son un respiro.
La deuda consolidada se mantiene en el mismo nivel respecto al PIB (59 %), el empleo aumenta, la pobreza disminuye, el déficit fiscal está dentro de las proyecciones iniciales y las reservas rozan los US$ 16 mil millones. Ninguna economía de la región puede mostrar estas cifras.
Sin embargo, la gente se queja. Y es entendible porque una variable crítica está fuera de control, aunque en términos numéricos se mantiene muy cerca del rango meta. Nos referimos a la inflación, que registró un 5.11 % al mes de abril. Al comprar comida usted no se fija en aquellos precios que se mantienen más o menos estables, aunque se espanta cuando otros productos se disparan hasta un 10 % y 15 %, y eso asusta. Si tiene familia en Estados Unidos o España, es bueno que los llame y les pregunte: ¿cómo están los precios de los alimentos por allá? La respuesta será breve: un escándalo.
El mundo está conmocionado por la inflación generada por un precio del gas y el petróleo que está causando un brote de ébola en los bolsillos de la gente. Así de simple y dramático. Ya tenemos tres meses con un petróleo promediando más de 100 dólares el barril.
Mientras se mantenga el cese al fuego y las negociaciones de paz progresen, el petróleo y el gas bajarán de precio gradualmente, pero no lo suficiente para una reducción drástica de la inflación. La destrucción de gran parte de la infraestructura petrolera en los países del golfo Pérsico puede durar meses o años para restablecerse y, con el estrecho de Ormuz controlado por Irán, el suministro de crudo se hará más lento y costoso.
El precio puede bajar hasta 80 dólares el barril, aún muy elevado para países no productores como República Dominicana. Para volver a los 60 dólares, como estaba antes del inicio de la guerra, hay que lograr un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, que dista mucho de convertirse en realidad, por lo que la prudencia en el consumo es lo que se impone. Todo puede hacer «boom».
Compartir esta nota