Escribo desde Boston, bajo unos cielos grises que anuncian la llegada del otoño. La luz comienza a recogerse y los árboles se preparan para esa lenta transformación que, en Nueva Inglaterra, convierte el paisaje en una meditación sobre el tiempo. Desde aquí, mis palabras viajan hacia Santo Domingo bañadas de una cierta nostalgia: nostalgia de la brisa del mar que acaricia la capital dominicana y de las aguas del Mediterráneo que han inspirado tantos versos de Olivier Herrera. Quiero hoy celebrar al poeta y la presentación de su libro Amar es libertad en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, FILSD 2026.
Este 30 de septiembre, su palabra ha encontrado un lugar de encuentro en el Pabellón de Autores, Autoras y Talleristas, en el Auditorio del Museo de Historia y Geografía. Su presentación, ha estado respaldada por la inestimable presencia del ex ministro de Medio Ambiente y Recursos naturales y ex procurador general de la República Dominicana, el señor Francisco Domínguez Brito. Y yo le acompaño desde la distancia, desde mi condición de profesora de literatura y ex presidenta de la Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en Estados Unidos (ALDEEU) y docente de la Universidad de Boston; pero escribo también desde el afecto y el agradecimiento hacia Olivier, quien ha sabido dar a nuestros encuentros académicos una dimensión que las presentaciones académicas por sí solas, sin la poesía, nunca hubieran alcanzado.
Durante los años de mi presidencia de ALDEEU y directora de los congresos internacionales celebrados en el Ateneo de Madrid, en la Universidad de Salamanca y en la Universidad Menéndez Pelayo de Valencia, Olivier se ha encargado de organizar las veladas poéticas de esos encuentros. Su valiosa contribución abrió dentro del rigor de la reflexión académica, un espacio para la emoción y la introspección que despierta la escucha de un poema.
Esa capacidad de reunir tiene raíces en su propia trayectoria. Nacido en 1946 en Alcalà de Xivert, Castellón, Olivier Herrera Marín conoció desde joven el trabajo agrícola y, después, la emigración a Francia. Trabajó como obrero, regresó a España y volvió a París, donde estudió Sociología y entró en contacto con los ambientes políticos y culturales del exilio español. Su formación se hizo también en los campos, en las fábricas y en los caminos: lugares donde las palabras como trabajo, dignidad y libertad tienen consecuencias concretas.
Su posterior actividad en el comercio de frutas, vinculada al mercado de Rungis y a distintos países latinoamericanos, amplió ese conocimiento de la tierra y de quienes la cultivan. En su escritura, los frutos conservan la cercanía de las manos que los recogieron, forman parte de un mundo vivido, de una relación con la naturaleza que alimenta tanto sus recuerdos como su conciencia social.
Hay una imagen particularmente reveladora en el poema La bicicleta de Domitila: la madre que recorre masías, trabaja en el campo y sostiene la vida familiar con una determinación cotidiana. En esa evocación, el paisaje guarda la huella del esfuerzo y pertenece a la memoria de la infancia, pero también al mundo de quienes trabajan duro la tierra. Leer estos versos permite comprender hasta qué punto la poesía de Olivier nace de una mirada atenta a la vida, al trabajo y al amor por la naturaleza.
Amar es libertad reúne treinta años de trayectoria literaria, humana y profesional. Su título propone una reflexión que merece que nos detengamos en ella: amar exige reconocer la libertad del otro. Esa idea recorre todos sus poemas, donde el deseo de cercanía convive con el respeto por la autonomía de la persona amada, por ejemplo, el verso de tú a tú, y de igual a igual expresa con sencillez una aspiración afectiva y ética. O en el poema “Jamás la mía”: Amiga, amante, compañera/que solo tú eres la dueña/de tu cuerpo y de tu alma. O en el más reciente “Amar”: Amar, es respetar sin dejar/de ser uno mismo/ […] No hay amor sin libertad/ que nadie puede anular cuanto subyace y late/en el fondo de uno mismo.
Su poesía enlaza la intimidad con la solidaridad. La preocupación por los pueblos originarios, por las mujeres que trabajan la tierra y por la dignidad de las personas prolonga el impulso amoroso hacia una responsabilidad compartida. En mi caso, como profesora en la Universidad de Boston, me interesa también su voluntad de comunicación: una escritura que busca llegar al lector y que ha encontrado espacio en materiales de enseñanza del español en Francia. El poema puede acompañar así el aprendizaje de una lengua y abrir una conversación sobre la vida.
Su presente continúa esa vocación de encuentro. La Fundación Olivier Herrera y la editorial Amar es Libertad materializan su deseo de promover la cultura, la paz y la defensa de la tierra. Son iniciativas que tienen una preciosa trayectoria por delante, y cuyo porvenir dependerá del trabajo y de las colaboraciones que consigan reunir, pero en ellas reconozco la energía del poeta y empresario organizador de nuestras veladas poéticas: alguien dispuesto y capaz de crear ocasiones para que la poesía encuentre nuevas voces y nuevos lectores.
Desde este otoño de Boston, deseo que esa energía siga acompañándolo. Que sus proyectos crezcan con la belleza y la perseverancia con que hoy da voz a la palabra. Pienso en Santo Domingo, en su brisa marina, y en el Mediterráneo de su memoria. Entre ambos mares viaja ahora su libro. Ojalá encuentre lectores que se detengan en sus páginas y descubran, junto al poeta, cuánto cuidado, cuánto respeto y cuánta libertad requiere el acto de amar.
Dra. Helena Talaya Manso,
Universidad de Boston,
Ex-presidenta de ALDEEU
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