Al pueblo de San Juan, por su heroísmo.

En estos tiempos que corren, la data se ha convertido en la mayor fuente de valor económico, por encima incluso del petróleo y demás minerales necesarios para el funcionamiento normal del mundo industrial y capitalista globalizado en que vivimos. Es por esto por lo que las grandes corporaciones transnacionales, propietarias de las nuevas tecnologías de la comunicación y de las llamadas "redes sociales", compiten ferozmente por nuestra atención como consumidores y usuarios. Para la mayoría de nosotros y nosotras, solo existen las plataformas y aplicaciones que miramos en las pantallas de nuestros teléfonos inteligentes, pero esta no es toda la historia.

El 14 de septiembre de 1867, vio la luz el primer volumen de la monumental obra magna de Karl Marx (1818-1883), aquel gran luchador y teórico del comunismo revolucionario. En el primer capítulo del mismo, el autor señala un fenómeno que denominó "fetichismo de la mercancía", para describir cómo —bajo el modo de producción capitalista— los bienes y servicios que consumimos como mercancías aparentan cobrar vida propia al intercambiarse "por sí solas" en el mercado; mientras nosotros y nosotras —las personas que las fabricamos con nuestro trabajo físico e intelectual— nos vemos subyugados y subyugadas ante los productos de nuestro propio esfuerzo, tal como si fuésemos nosotros y nosotras los objetos inanimados.

Según Marx, detrás de toda mercancía intercambiada y consumida en las sociedades capitalistas, se esconde la explotación del esfuerzo físico e intelectual humano, así como de la naturaleza. Por eso, pensadores y pensadoras ecosocialistas como Kohei Saito (n. 1987) sostienen que la irrupción del modo de producción capitalista en la escena mundial significó la ruptura del "metabolismo" entre los seres humanos y la naturaleza. Las corrientes más humanistas del marxismo —inspiradas en los escritos tempranos del joven Marx— plantearon siempre que entre los seres humanos y la naturaleza mediaba una especie de "metabolismo", mediante el cual los humanos, al transformar la naturaleza mediante su trabajo creador, humanizaban a ésta y se humanizaban a sí mismos a su vez.

Sin embargo, la industrialización capitalista vendría a romper con este metabolismo, alienando y cosificando el trabajo humano, al despojar a los trabajadores y las trabajadoras de toda apropiación del fruto de su trabajo y del control sobre sus procesos productivos. El filósofo marxista disidente Georg Lukács (1885-1971), en su obra Historia y conciencia de clase (1923), avanzó la teoría de que no es solo el trabajo humano que queda alienado y cosificado bajo el modo de producción capitalista, sino, además, la conciencia humana misma. Esta cosificación fetichista de la conciencia humana impide a la clase social de los trabajadores y las trabajadoras —el proletariado— tomar conciencia de su situación de explotación y opresión por parte del gran capital. Solo un partido político de vanguardia, planteaba Lukács, podría organizar a este proletariado y ayudarle a adquirir la conciencia de clase necesaria para luchar por la abolición del sistema capitalista, que solo él puede efectuar, debido a su posición estratégica en las relaciones sociales de producción.

Actualmente, la economía capitalista de la atención potencia esta alienación y fragmentación de la conciencia y nos mantiene alejados y alejadas de la cruda realidad que subyace a nuestras interacciones cotidianas con el fetichismo de las mercancías digitales. El hecho es que estas mercancías digitales que consumimos y utilizamos a diario provienen de la megaminería extractivista que ha convertido a países como la República del Congo en un auténtico infierno sobre la Tierra. Pero eso no es todo: además, una vez que los minerales necesarios para fabricar estas mercancías son extraídos brutalmente de la tierra por "mano de obra" esclava o semiesclava, las "materias primas" pasan a ser procesadas en fábricas superexplotadoras como Foxconn, la corporación transnacional taiwanesa, y luego vendidas y distribuidas por otras empresas superexplotadoras como Amazon.

Presos y presas como estamos del encanto fetichista digital, no solemos pensar en el grado de sufrimiento, opresión y explotación que se esconde detrás de las mercancías que consumimos y utilizamos. Y, si en algún momento sí lo consideramos, a menudo concluimos que "no hay nada que se pueda hacer" o que "el mundo siempre ha sido así". Esta actitud y mentalidad derrotista y conformista es la que el filósofo y crítico cultural Mark Fisher (1968-2017) denominó "realismo capitalista", siguiendo con las declaraciones de otros intelectuales marxistas, como Fredric Jameson (1934-2024) y Slavoj Žižek (n. 1949), de que "hoy en día es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo".

Pero algo está cambiando ahora en nuestra amada República Dominicana: el pasado domingo 3 de mayo de 2026, un sinnúmero de dominicanos y dominicanas reafirmaron rotundamente su rechazo al proyecto megaminero y extractivista de la corporación GoldQuest en la provincia de San Juan. Desafiando la represión de los contingentes policiales y militares al servicio del gobierno del presidente Luis Abinader (n. 1967) y su Partido Revolucionario Moderno (PRM) —fuerza de ultraderecha que ha evidenciado desde sus inicios una fuerte tendencia hacia el autoritarismo—, el pueblo de San Juan y sus aliados expresaron a viva voz que la GoldQuest debe retirar su nefasto proyecto que tanto perjudica al pueblo sanjuanero y sus entornos naturales.

Esta lucha por San Juan constituye una auténtica rebelión popular y ciudadana contra los designios del gran capital transnacional y de la clase dominante dominicana que se subordina ante éste. Es evidencia de un aumento de conciencia ecológica y de clase entre la población general de nuestro país, que ya no está dispuesta a soportar más abusos por parte de las autoridades al servicio del empresariado. San Juan será recordado por siempre como el inicio del fin para el proyecto neocolonial e imperialista de Luis Abinader y las élites que éste representa. Pues, mientras los caudillos de la partidocracia corrupta y neoliberal de nuestro aguerrido país se debaten —cual santanistas y baecistas contemporáneos— por la potencia a la cual desean vender nuestra amada República, los trabajadores y las trabajadoras y todo el pueblo dominicano se alzan contra la depredación de nuestros hábitats naturales por parte de los buitres imperialistas que buscan arrasar con todo en beneficio de sus industrias tecnológicas que reproducen la economía de la atención y se enriquecen con el expolio de nuestra data.

El futuro del siglo XXI se definirá por la lucha geopolítica en torno a qué potencias construyan y controlen más cantidad de centros de data, para mantener en funcionamiento la infraestructura invisible que permite la perpetuación cotidiana de sus imperios digitales. Por lo tanto, luchas como las de San Juan, que constituyen, esencialmente, una forma de ecologismo antiimperialista radical, serán sumamente decisivas en las décadas por venir. Pero, también, será necesario que estas luchas den un paso más allá y se articulen con todas las fuerzas democráticas y anticapitalistas que sean capaces de instaurar un nuevo orden mundial, justo y democrático, por medio de un Estado global que pueda regular e imponer controles a las grandes industrias que son propiedad de la hiperburguesía tecnológico-financiera transnacional, para frenar sus malévolos planes de dominación y expoliación de los bienes comunes que nos pertenecen a todos y todas simplemente en virtud de que existimos.

Este nuevo comunismo —que algunos teóricos han denominado "comunismo de los bienes comunes"— tendería a reformar el capitalismo más allá del capital, tal como ha propuesto el economista Thomas Piketty (n. 1971). Por medio de un fuertísimo impuesto a la riqueza de la creciente clase de billonarios mundiales, este hipotético Estado democrático global podría ir gradualmente redistribuyendo la riqueza entre las personas más necesitadas, a la vez que empujaría por la disminución de las amenazas mundiales, a través de la protección internacional del medio ambiente y la lucha contra la proliferación de armas nucleares, la implementación de garantías para la paz mundial y el cese de los conflictos armados y —eventualmente— la abolición misma del capitalismo.

Gabriel Andrés Baquero

Filósofo

Gabriel Andrés Baquero (n. 1992, Santo Domingo, República Dominicana) es filósofo y escritor. Licenciado en Humanidades y Filosofía por el Instituto Superior Pedro Francisco Bonó (2018) y Magíster en Estudios Caribeños por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (2022), se dedica a la investigación y reflexión sobre temas culturales, históricos y políticos.

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