Aún muchachón, junto a un grupo de periodistas experimentados, participé en el inicio en República Dominicana del proceso de digitalización de las salas de redacción de los periódicos impresos y, con él, la sepultura definitiva de las maquinillas Olympia, Remington y Olivetti y los cuartos oscuros con platinas de químicos de olores penetrantes para revelar los rollos de fotografías. Corría el 1989.
Por oferta, salía del diario estándar Hoy (sección de “frivolidades” Temas), donde había comenzado un año antes la carrera de periodismo (1988), con el precedente de la semblanza a página completa y a todo color, no solo a personalidades de la alta sociedad, sino a gente de a pie referente de buenas prácticas para la sociedad. Emely Tueni era la editora y Mario Álvarez Dugan, director del periódico propiedad de Pepín Corripio.
Tras un entrenamiento informático intensivo del personal, varias pruebas y muchos nervios, El Siglo, con su arsenal de computadoras en todas las áreas y la más moderna rotativa de la región, salía por primera vez el 3 de abril de ese año desde su sede en la calle San Antón de Herrera, contiguo al aeropuerto que varios años más tarde, febrero de 2006, fue clausurado para trasladar sus operaciones al Higüero, municipio Santo Domingo Norte. Como director, Bienvenido Álvarez Vega, exjefe de redacción de Hoy,
El diario estándar matutino se convertía así en un hito, un punto de inflexión, no solo por el impacto de la novedad del cambio tecnológico, sino por la alta calidad del contenido puesto en escena (contextualizado, refrescante y con estética) y el trato al personal.
En esa etapa pionera caracterizada por un acentuado sentido de pertenencia de todo el personal, me tocó cubrir la fuente de salud desde todos los ángulos, con presentación de la información periodística en diferentes subgéneros: noticias, entrevistas, crónicas, reportajes, análisis, relatos back-ground, perspectivas, relato interpretativo.
Bajo la conceptualización de la salud como proceso biopsicosocial, en aquel tiempo hubo cobertura 360 a la huelga médica de 100 días de inicios de los años 90, mirada a la cotidianidad hospitalaria con la lupa puesta sobre el trato a pacientes, resiliencia de médicos, enfermeras, bioanalistas y personal de apoyo, pero también en torno a la vida en las comunidades y los factores desencadenantes de enfermedades (hacinamiento, malos servicios de agua, electricidad, recogida de basura, estado de las calles, falta de espacios de entretenimiento, desempleo).
UN CAMBIO
En 1993, una atractiva oferta económica, flexibilidad de horario y garantía para el desarrollo del periodismo explicativo, por parte de Aníbal de Castro, director de Ultima Hora, nos sacó de El Siglo para emprender nuevo camino. Del vespertino hijo del matutino sábana Listín Diario nacía el proyecto de investigación periodística Última Hora dominical, de gran impacto entre los lectores.
Pero renuncié de manera irrevocable y volví a El Siglo como corrector de estilo, poco tiempo después de Aníbal partir de Última Hora para fundar las revistas Rumbo (1994) y Suceso y el tabloide gratuito Diario Libre (2001), de Arturo Pellerano, no sin antes ponerme sobre la mesa otra oferta atractiva, aunque no aceptada por razones que trascendían su excelente trato y respeto absoluto a nuestra labor profesional.
Tras pasar por Listín Diario, como editor de la sección La República, fui designado como director del primer multimedio con “streaming”, Opción Final (2007), situado en Gascue.
El medio Clave Digital sería fundado en 2004 por Fausto Rosario Adames y mi exprofesor de redacción periodística Rafael Núñez Grassals. Acento, multimedio nativo digital con su canal de televisión por cable Acento, fue fundado el 16 de febrero de 2011 por Fausto Rosario y Gustavo Olivo Peña. Opción Final y Clave Digital cesaron sus operaciones por razones económicas.
Entretanto, alternaba el periodismo impreso y digital con la condición locutor noticias y director de prensa de Radio Mil Informando, de Radio Mil, y luego de Noticiario Popular, de Radio Popular.
DESAFÍOS A LA VISTA
En aquellos tiempos (2002-2008), los planes de estudios de la Escuela de Comunicación de la UASD (poco más de 4,000 estudiantes), que dirigíamos, no contenían asignaturas relacionadas con el ciberperiodismo, pero -en vista de la libertad de cátedra- facilitamos por primera vez en las aulas libros sobre la materia adquiridos en Europa y Argentina y socializamos técnicas de periodismo digital a corriente de muchos discentes a quienes tales temas resultaban áridos e innecesarios de cara al mercado.
Luego, la materia fue consignada en un plan dejado a las siguientes gestiones, junto a un laboratorio de computadoras (programas de fotografía, diseño gráfico y redacción), una emisora de radio, Radio Uasd, AM digital, 1560 kilociclos, y en Internet (transmisión en vivo 24/7), locutorio y estudio de grabación, y un canal de televisión listo para trasmitir 24 horas por Telecable Nacional. La inauguración de la estación fue retransmitida por Radio Televisión Dominicana.
Las emisoras, las primeras de la isla y adscritas a la Red de Radios Universitarias de América Latina y el Caribe (Rulac), resultaron de proyectos elaborados y presentados por el director de la escuela al Gobierno presidido por Leonel Fernández, vía el Indotel dirigido por el periodista José Rafael Vargas; a la embajada EE. UU., a través de la periodista Nani Martínez, y a empresarios de la radio y la televisión dominicanos como Kuki Medrano y Domingo Bermúdez.
Llegó después el auge de Facebook (2004), YouTube (2005), Tuíter (2006), Whats App (2009) Instagram (2010), Douyin (2016) y Tik Tok (2017), entre otras.
NO ES PLATAFORMA
La explosión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es real, pero ha confundido muchas mentes. Tanto que las han mitificado, humanizándolas mientras instrumentalizan a las personas al negar implícitamente que tales herramientas son el resultado de una evolución construida por seres humanos para responder a sus necesidades en cada etapa de la vida.
Desde esa perspectiva errónea, no eran tecnologías nuevas de nuestros nativos las varas de pescar, los arcos y flechas para cazar y piedras para producir fuego.
Vivimos los tiempos del dominio de la tecnofilia. Tan apabullante ha sido el reinado, que ha impactado brutalmente al mundo periodístico.
En medio de la crisis multicausal de los periódicos impresos y el boom de lo digital, se confunde plataforma con periodismo. La Internet y las redes sociales (RRSS) no son periodismo, como no lo son la radio y la televisión.
Sobre ese vaivén se ha entrado en una tendencia de relajamiento del deber de investigar para cumplir con el derecho de la sociedad a ser servida con información de calidad, veraz y oportuna con estricto apego a la ética, conforme a las técnicas periodísticas.
El periodismo siempre ha sido uno, como la medicina o cualquier otra disciplina. Tiene sus protocolos. Es profesión y es arte, no tecnología. Profesión por el oficio; arte, por el buen uso de la palabra. Por tanto, no es periodismo todo lo que se escribe y dice, ni periodista todo el que opina, aunque lo haga a través de un medio de comunicación. Comunicador o comunicadora no es condición exclusiva de una nueva clase; es atribuible a todo ser humano que codifica, transmite y resignifica mensajes, sin importar formación académica o empírica, pero eso no es un certificado para el ejercicio periodístico.
Las plataformas en las que se ha sustentado el periodismo, las tecnologías, han variado a través del tiempo, y en cada época han escandalizado a los profesionales.
El surgimiento de la radio estremeció a los de los periódicos impresos; el nacimiento de la televisión (auditiva, visual, cinética e icónica) petrificó a la gente de los impresos y de la radio… Ahora, la era digital sacude a los anteriores.
Los presagios, hoy, sobre la sepultura de los otros medios y la “vieja generación” de periodistas han sido tan atrevidos como descontextualizados.
Las plataformas digitales convergen todos los medios y recursos (convergencia mediática): impresos, radio, televisión, digitales, fotografía, infografías, gráficos, cuadros, animaciones… Pero, salvo excepciones honrosas, en lo digital no se ve aún una superación del periodismo impreso.
IR AL GRANO
El gran problema de hoy es el más desatendido: la calidad de los contenidos y el apego a la ética, sumado a la desatención del tratamiento de la información periodística de acuerdo a la naturaleza del medio y la perversión de los subgéneros periodísticos con sobrecarga de opiniones no documentadas. Arquitectura perfecta para la difusión de desinformación a granel.
Así que, más que entretenernos con el endiosamiento de las tecnologías del complejo mundo de hoy y las “predicciones astrológicas” evacuadas a diario por “los templos de la verdad”, seamos honestos, aceptemos el diagnóstico tétrico, afrontemos con creatividad los desafíos de las patologías detectadas y brindemos los contenidos de calidad óptima que merecen los lecto-autores. Porque no se trata de abrumar con información manipulada, es decir, con mentiras. La gran carencia es de información completa, veraz y oportuna. De contextualización.
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