El pasado miércoles 16 de septiembre publiqué en este medio el artículo “Voto en el exterior: no gasten más”. Abordé el tema porque recién se había publicado un estudio sobre la abstención electoral dominicana, realizado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), con el auspicio de la Junta Central Electoral (JCE).

Dicho estudio resaltó con justa razón la alta abstención en las elecciones dominicanas de 2020 y 2024, aún más pronunciada en el exterior que, en el 2024, alcanzó 81%. Para reducir la abstención, una de las medidas que sugiere el estudio es acercar las urnas a los votantes. Esto significaría establecer más centros de votación.

Implementar esa medida en el exterior constituye un serio desafío porque los migrantes dominicanos se encuentran dispersos por el mundo, aunque una mayoría se concentre en la costa este de Estados Unidos.

Así que, por razones logísticas y de comportamiento electoral, planteé en el artículo citado que la República Dominicana no debía seguir gastando tanto dinero en establecer muchos más centros de votación en el exterior.

Ojo: no dije que se elimine el voto en el exterior, sugerí que el país no se embarque en un sistema costosísimo, porque aún se establezcan más centros de votación en el exterior, no hay garantías de que los migrantes dominicanos aumentarán su nivel de votación.

Parece que algún comunicador con mala intención o baja capacidad de lectura comprensiva, publicó que yo había dicho que se elimine el voto en el exterior. De ahí otros comunicadores y opinantes repitieron la mentira.

Aprovecho pues este artículo para desmentirlos, y. además, para reiterar los problemas del voto en el exterior.

Primero, el territorio donde viven los migrantes dominicanos es amplísimo comparado con el territorio de la República Dominicana. Establecer centros de votación cerca de todos esos dominicanos dispersos por Estados Unidos y Europa es difícil por el costo y la logística de administración. Quizás algún día se pueda establecer el voto en el exterior por correo o internet, pero los políticos dominicanos no están preparados todavía para eso; alegarían fraude los perdedores.

Segundo, mientras más dominicanos se registran en el exterior, mayor ha sido el porcentaje de abstención electoral. En el 2016 había 384,523 dominicanos registrados en el exterior y se abstuvo el 51%; en el 2024 había 863,784 y se abstuvo el 81%. Registrar dominicanos en el exterior tiene otras utilidades, por ejemplo, tener una medida aproximada de la cantidad de migrantes dominicanos, pero no ha servido para aumentar el porcentaje de su votación.

Tercero, los migrantes, aunque siguen ligados a su país de origen de manera afectiva y envían remesas, tienden a desligarse de la política cotidiana porque entran en dinámicas laborales y sociales distintas.

Por eso, en la mayoría de los países con voto en el exterior, la abstención es altísima (más de 70%), y más alta que en el territorio nacional del país que se trate.

Quien no quiera ver esta realidad que siga hablando mentiras o haciéndose ilusiones.

Rosario Espinal

Socióloga

Autora de los libros “Autoritarismo y Democracia en la Política Dominicana” y “Democracia Epiléptica en la Sociedad del Clic”, y de numerosos artículos sobre política dominicana publicados en revistas académicas en América Latina, Estados Unidos y Europa. Doctora en sociología y profesora en Temple University en Filadelfia, donde también ha sido directora del Departamento de Sociología y del Centro de Estudios Latinoamericanos.

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