A menudo se tiene una visión reducida de la meditación. Curiosamente se tiende a pensar que existe un solo tipo de meditación y que todos tienen que practicar esa única forma.
Todos no somos iguales ni tenemos las mismas necesidades, ni buscamos exactamente lo mismo, por lo que, aunque a todos nos favorece, lo mejor para mí, no necesariamente es lo mejor para ti.
Un medicamento muy potente podría tener la facultad de salvar a un paciente y de matar a otro que no lo necesite. De igual forma un solo método o práctica de meditación no funciona igual en todos.
En los años en que comparto lo que he podido conocer de meditación, veo dos tipos de personas, las que dicen que nunca han meditado y vienen con mente abierta, a veces incluso con algo de temor, y los que han meditado antes.
Quienes ya han meditado suelen llegar con la expectativa de reencontrar exactamente lo que vivieron antes, y tienen la idea de que hay que repetir lo que ya conocieron.
Debido a que nos hemos formado tomando elementos desde fuentes muy diversas, habitualmente notan prácticas o teorías que ya conocían, junto a elementos que desconocían, usualmente considerándolo como un detalle curioso y positivo.
Muchos afirman no tener tiempo para meditar. Quienes tienen un trabajo intelectual o administrativo demandante, suelen creer que es una pérdida de tiempo. Lo cual, como veremos, es un lamentable error.
He sido religioso y participado de diversos grupos o escuelas espirituales. En esos tiempos mi meditación reunía características diferentes a las que tiene actualmente, aunque con elementos comunes.
A veces imaginamos que la meditación solo es auténtica si es como la que practican los monjes del Tibet o si se vive en un monasterio de clausura.
Ese retiro o aislamiento es válido, pero no todos estamos llamados a esa vida. Se necesitan: empresarios, ejecutivos, médicos, bomberos, obreros, agricultores, maestros y todos los oficios y profesiones, no todos pueden vivir en la montaña meditando.
Si usted dirige una empresa poderosa y se siente atraído a apartarse de todo, dedicándose de manera exclusiva al mundo espiritual, puede hacerlo. Es su vida y tiene derecho.
Pero si desea meditar siguiendo con su ocupación habitual, pero manteniendo o desarrollando una consciencia plena, puedo compartirle mi experiencia adquirida en mi proceso personal. Constituye actualmente un elemento que aplico de forma sistemática en mi práctica médica, potenciando mi eficiencia y la calidad de mis resultados.
No sólo hablo desde la teoría. Si se toma en cuenta mis profesiones y ocupaciones, resulta evidente que la meditación no ha sido un obstáculo para mi desarrollo profesional. Pese a meditar diariamente, al menos durante unos treinta minutos, mi desempeño profesional no se ha visto limitado.
No medito porque tengo poco que hacer, sino porque tengo mucho que hacer. Meditar permite optimizar el tiempo y cumplir mejor con nuestros compromisos. A esos resultados tangibles, habría que agregar que contribuye al equilibrio psicológico.
Las investigaciones realizadas han mostrado que la meditación favorece nuestras funciones cerebrales. Si eso no puede mejorar tu eficacia en cualquier actividad que desarrolles, entonces ¿qué puede hacerlo?
Hace poco un amigo me decía: tengo más de quince años de experiencia en meditación y he estado leyendo lo que escribes, me parece que hablas mucho “de pensar” y la meditación se trata de no pensar, de poner la mente en blanco.
Respeto a quienes crean que podemos dejar de pensar, pero personalmente entiendo que pensamos hasta durmiendo, aunque lo hacemos desde planos inconscientes, por lo que creemos no estar pensando o tener la “mente en blanco”.
No condeno la meditación de mi amigo y puede ser favorable para la vida de retiro espiritual. Sin embargo, en profesiones de alta demanda, ‘poner la mente en blanco’ podría no ser lo ideal. Acallar la rumiación mental, para dar paso a funciones cerebrales más evolucionadas, sí.
La meditación no es evasión y puede ser una herramienta para optimizar el funcionamiento mental en contextos de alta exigencia.
En la actualidad, estoy convencido de que la meditación, entre todos sus aportes, me permite ser mejor cirujano, he intentado compartir lo que he aprendido con los que no temen aprender y creen que es posible optimizar su funcionamiento mental.
No hablamos solamente de relajación, mejorar nuestra concentración, ampliar nuestra capacidad perceptiva, desarrollar niveles impresionantes de empatía y de un profundo autoconocimiento. Todo eso es simplemente el inicio.
La neurociencia ha demostrado que la meditación modifica la actividad de la corteza prefrontal, reduce la activación de la amígdala y mejora la conectividad funcional. Estos cambios se traducen en mayor claridad mental, regulación emocional y toma de decisiones más eficiente.
Puede permitir, desde profundizar en la vida espiritual, hasta mejorar el rendimiento en estudios universitarios o incrementar nuestra productividad.
Se ha estado recomendando cada vez más, la práctica de la meditación, y esta práctica debe considerarse como una puerta, plataforma o introducción a una realidad tan ilimitada como tu imaginación.
Referencias:
Barrós-Loscertales, A., Hernández, S. E., Xiao, Y., González-Mora, J. L., & Rubia, K. (2021). Resting state functional connectivity associated with Sahaja Yoga Meditation. Frontiers in Human Neuroscience, 15, Article 614882. https://doi.org/10.3389/fnhum.2021.614882
Cahn, B. R., & Polich, J. (2013). Meditation states and traits: EEG, ERP, and neuroimaging studies. Psychology of Consciousness: Theory, Research, and Practice, 1(S), 48–96. https://doi.org/10.1037/2326-5523.1.S.48
Lodha, S., & Gupta, R. (2022). Mindfulness, attentional networks, and executive functioning: A review of interventions and long-term meditation practice. Journal of Cognitive Enhancement, 6(4), 531–548. https://doi.org/10.1007/s41465-022-00254-7
Compartir esta nota