Otra vez se ha cumplido lo que sostiene la moderna neurociencia acerca de que los hechos relevantes son el resultado de la interacción entre el individuo y el contexto o las circunstancias. Así lo demuestra el extraordinario triunfo electoral de Lula da Silva en Brasil, una nación de más de 214 millones de habitantes y 8.5 millones de kilómetros cuadrados, – 175 veces más grande que Republica Dominicana – y la décima economía mundial por tamaño de su producto interno bruto.

Lula, a sus 81 años, ágil, y con una mente lucida y autocritica; triunfó con más 64 millones de votos. Aun cuando quedó en segundo lugar en la primera ronda, en el balotaje salió electo presidente, un hecho que impactó en la región y el mundo. Una vez más se cumple, la afirmación de que, en política, todo es posible.  Eso no es poca cosa.

Nació en 1945, en el seno de una familia muy pobre de un campo de Brasil; tanto que apenas se alimentaba de frijoles con harina. Él recordaba que la primera vez que comió arroz, se lo dio su madre para aliviarle un dolor de barriga. De niño fue limpiabotas y vendedor callejero de naranjas y maní. Adolescente, perdió el dedo meñique de una mano mientras trabajaba de noche para comer de día. Así conoció las duras condiciones laborales de los obreros brasileños.

Relata la investigadora y escritora Denise Paraná, en su formidable biografía titulada Lula, el hijo de Brasil, que una experiencia que transformó su vida fue la prisión y tortura de su hermano Frei Chico, dirigente izquierdista, por oponerse a las injusticias sociales del país. A partir de entonces, Lula comenzó a perder el miedo a expresar sus ideas y a sufrir prisión por defenderlas; y se abrió a otro horizonte.

Entró a la política como sindicalista. Fue de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT), cuyos principales dirigentes, intelectuales y estudiantes universitarios de la izquierda radical, no aceptaban el modelo soviético, ni chino ni cubano, como únicas alternativas para transformar la sociedad. Nunca se sabrá cuanto marcó a la izquierda dominicana imitar y recibir financiamiento de esos partidos comunistas.

Con su experiencia sindical y limitada formación educativa, llegó a la Presidencia de Brasil en dos periodos, del 2003 -2011. Durante esos años, sus políticas contribuyeron a sacar a millones de brasileños de la pobreza, darles empleos formales, reducir significativamente la deforestación, pagar la deuda con el Fondo Monetario Internacional, entre otras. Concluyó su primer mandato con una popularidad altísima, cercana al 87 %.  Sin embargo, años después fue encarcelado durante 580 días. En esa época, consolidó sus relaciones sentimentales con una socióloga y política, con quien se casó y ha influido en su retorno al poder. Otra vez, el factor suerte, como decía mi abuelo Alejo y lo demostró el psicólogo Kahneman; y su importancia en los comportamientos humanos.

Lula, ha sido un crítico de ciertas políticas de las administraciones estadounidenses y defensor de una mayor participación de los países emergentes en las decisiones internacionales. Fue de los fundadores del BRICS, junto con Rusia, India y China, y Sudáfrica; un bloque que promueve la transformación del orden internacional.

Proclamó: “debo esta victoria a la juventud rebelde que se levantó en defensa de la democracia y a las mujeres que lucharon contra el feminicidio”. Revela que origen de una persona no determina a dónde llegará sino su esfuerzo y rendimiento.

Al decir del periódico dominicano Acento, espero, que Brasil continúe fortaleciendo su democracia y su economía, como una nación de ciudadanos trabajadores y creativos. En cuanto al presidente Lula, le deseo que la suerte y la Providencia lo acompañen para que siga defendiendo a los más necesitados del planeta.

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

Ver más