El pretexto para entrar en la obra del artista dominicano Iván Tovar (28-3-1942/ 14-4-2020), es su obra abierta al sueño y al poema. Ambos lenguajes se convierten (en su obra) en una gramática del grito y el inconsciente del deseo. El artista descubre las ventanas, rumores imaginarios y fórmulas del sueño donde se vuelve táctil la Obra clara y la Obra oscura. Se trata de una presencia del cuerpo oscuro y el cuerpo claro, mediante la lucidez cambiante del deseo. Allí encontramos la biografía desgarrante del poema acechando su obra pictórica, dibujística y escultórica. (Véase la alusión de Jean Michel Goutier: Iván Tovar, Ed. George Nader, Latinoamerican Art, 2001; y también el archivo audiovisual que exhibe el videoarte Tovar inmersivo (6 de abril del 2022).

Iván Tovar – FOTO LUIS GABÚ

Los objetos que conforman otro género en la creación de este artista universal dominicano, activan el otro proceso que vemos y nos mira desde la memoria surgente de los símbolos inminentes de su obra.

En su obra no hay distancia entre el poema y el objeto surrealista. El gran punto inflexional de su obra, se percibe en su técnica mental que discurre como un relato interminable de la visión transgresiva donde se inscribe su biografía. Es su obra un nivel progresivo de su universo artístico y estético. Leerlo no quiere ser otra cosa que aceptar el reto de un lenguaje dinámico de formas y fórmulas legibles o ilegibles de mundos maravillosos que van más allá de la tradición y la ruptura.

La fuerza dramática de sus espacios visuales se pronuncia en el tiempo y el espacio de lo visual. El historiador Keith Moxey explica este procedimiento en su obra titulada El tiempo de lo visual, (Eds. Sans Soleil, Barcelona, 2015) y donde analiza la temporalidad de lo visto y su fluencia en obras, objetos y espacios de arte. La productividad de los mismos se expresa desde la visión alterada y diferenciadora de la obra como sentido y expresión del mirar, lo mirado y la mirada.

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Así las cosas, esta fenomenología de lo plástico y lo pulsional se hace visible como procedimiento de lectura de los objetos y formas afiladas, pulidas y puntiagudas que se destacan en la obra de Tovar.  ¿Acercamiento, dimensiones de lo oscuro y lo claro en superficie y profundad, rotura de horizontes y cromatismos que se abren a la metapintura del artista dominicano? La grafología y la iconografía del artista han creado también sus líneas, tonos y sentidos de su obra que cobra valor de traducción, inducción y abducción en sus partes y sus vuelos poéticos.

La vida de las imágenes y los signos de su singular universo artístico ha sido en la historia y temporalidad de sus obras una cosmovisión mágica, habida cuenta de sus formas que han adquirido valor de estilo reconocido por el orden interno y externo de sus obras.

El acercamiento, el reconocimiento histórico crítico-diacrónico llevado a cabo por el conocido poeta y ensayista francés Jean Michel Goutier (1935-2020), permite comprender la vida-obra de nuestro desaparecido artista. (Véase, Iván Tovar, George Nader Latinamerican Art, 2001), libro nutrido de informaciones artísticas, biográficas y documentales que contribuyen al conocimiento del artista dominicano.

Desde sus talleres y espacios de trabajo en varios países, Iván Tovar llevó a cabo una experiencia luminosa, estética, singular y universal participando en exposiciones individuales y colectivas que al día de hoy son referencias obligadas para el re-conocimiento de su vida-obra. El valor de su obra es sobre todo multiposicional en sentido amplio y particular.

No basta con decir que el artista era y es surrealista, pues su obra (pintura, escultura, dibujo y objeto mágico), es una obra abierta a la mirada y el mirar del espectador. Entendemos que el término surrealismo, en su caso, evoca una determinación conceptual que va más allá (con sus matices), de un designador único. Su camino desde el surrealismo ha desbordado el adjetivo y trasciende lo que es un “lugar común” de su obra.

Lo que demostró recientemente la exposición Iván inmersivo es justamente la trascendencia de este artista en tiempo, espacio y recepción. Pero además el pulso de las imágenes en aquella exposición sin igual que puso a prueba a un público maravillado por aquel espectáculo de inmersión, magia y acercamiento. En el mismo el público fue participe de la obra y el escenario donde el artista construyó su memoria y su partida de este mundo.

En el libro El arte mágico de André Breton, el ensayista y poeta francés explica en los casi treinta capítulos que lo componen la artisticidad mágica en la historia del arte universal ligado al surrealismo como actitud y movimiento, teniendo como lugar y tiempo la recepción del público ante el producto, obra tendencia y movimiento surrealista. Breton aclara el término de entrada en su obra:

“El concepto de Arte Mágico encubre hoy realidades demasiado distintas para que no sea preciso circunscribirlas primero, sin prejuicio de esforzarse para revelar luego lo que pueda tener en común. Ante todo, importa mostrar el modo en que el contenido de semejante noción varía según la cualificación de los que han recurrido a ella”. (Ver, El Arte Mágico, Atalanta, 2019, p.21, trad. Mauro Armiño).

Desde esta línea de comprensión, la obra de Iván Tovar se reconoce en variados niveles de apertura crítica, axiológica y ontológica teniendo en cuenta el Speculum mundi del artista y su intrusión en lo real-onírico de su obra. La crítica ha girado en su caso, entre una doxa cercana y otra doxa lejana a la obra; lo que permite la apertura y la fluencia de la obra en recepción y subjetividad de la creación y su horizonte de interpretación.

Los aspectos visibles en la exposición titulada Tovar Retrospectivo, Fundación Iván Tovar y equipo museográfico, son excepcionales y el Catálogo marca su permanencia estética y percepción de su mundo ligado a los datos y las fotos de sus obras y explicaciones curatoriales del curador y diseñador Orlando Isaac. Dicho catálogo publicado es un ejemplo de investigación y trabajo.

En efecto, la documentación histórica e iconográfica reproducen el horizonte estético-artístico de su obra y el tratamiento de un proceso con informaciones valiosas colocadas con esmero en este monumento catalográfico. Se trata de mostrar toda una travesía de un artista que, como ha mostrado la crítica experta resulta de un caminar por el arte y el mundo que vio en exposiciones importantes la obra de un inmenso artista dominicano.

El alfabeto ligado al sueño del artista a través del poema visual conforma un lenguaje de signos construidos en su “bestiario onírico” que tiene su génesis en el concepto de Imago-Mundi que engloba escenarios y cuerpos desde la mirada artística integradora.

Este concepto que proviene de la teología propuesta por Pierre d´Ailly significa representación, imagen, mapa, construcción que utiliza también el psicoanálisis, la antropología de la mirada mítica, la llamada Memoria Mundi que generó una cartografía o geografía planetaria justificada por el astrónomo cuyo nombre latinizado era, y es, Petrus Aliacensis, nacido en 1351 en Compiégne, Avignon y fallecido el 9 de agosto de 1420. Fue formado como filósofo, teólogo, astrónomo, sacerdote católico geógrafo y fue conocido por su obra cosmográfica Imago Mundi. El cultismo latino es también un designador que transmite una formación iconográfica ligada al sueño de espacios planetarios y utilizados por dibujantes, arquitectos, pintores, poetas, visuales, grabadores o xiológrafos, retratistas y otros creadores de mundos imaginarios latentes y manifiestos que también percibimos en textos poéticos, narrativos y filosóficos actuales.

El artista dominicano Iván Tovar y su creación se mueven en la extensión de dicho concepto, debido a una poética imaginaria surgente y evanescente, táctil y disolvente en el plano onírico explicable mediante una psicología fenomenológica y existencial. (Esta perspectiva aún no ha sido comprobada por la crítica y la historia del arte iberoamericana y posicionándose como una rica hipótesis de trabajo). El artista ha llevado a cabo una obra artística dialógica y trascendente que va más allá de géneros artísticos y puede ser “mirada” desde sus correspondencias estéticas y ontológicas, tal y se puso de relieve en la exposición Iván Tovar inmersivo.

La pieza videográfica revela un mundo poético-visual y significante latente y manifiesto, que incluye a un público provocado por el artista luego de su desaparición física.

Postmorten, la obra de Iván Tovar ha revelado otras memorias sorprendentes de sus obras (Mi tierra, Mujer del camino, y de su taller de creación.  Este ensayo fue escrito sobre dos cátedras dictadas en la asignatura Historia del Arte Dominicano 1, en el programa de estudios de la Escuela de Crítica e Historia del Arte (Facultad de Artes) y donde comentamos diversos catálogos de exposiciones individuales y monografías de historiadores, coleccionistas y críticos de arte. (Territorio, Un dios coronado, La morada del grito, El grito, La fuente melancólica, Metamorfosis interrumpida , La vida en su sitio preciso, La ventana, Palabras de Amor, Retrato geográfico de un poeta maldito, Daniela, Retrato de Ligia Bonetti, Sin título de 1971, La silla adulta, de 1969, Naturaleza viva, Intención vegetal, La joven y las nubes, Las pasiones de Ravot, Es aún más complicado, Retrato de la melancolía, El loco es el otro… y toda una semiótica de los títulos que está aún por estudiar, interpretar y hacer una labor de reconocimiento.

Odalís G. Pérez

Escritor

Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

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