Son cuatro funciones que organizan la psiquis y forman relaciones con todo. Son las mismas cuatro funciones que participan en el encuentro con una obra y son cuatro funciones las que hacen que una vez que vemos algo, no logremos no verlo. Ya siento la influencia de Jung llegando, pero antes de continuar con eso, entraré en otro proceso rico en misterio.
Intuyendo y pensando en las configuraciones internas que me hacen movilizar ante encuentros memorables, de modo parecido a las fuerzas que se mueven durante mis visitas a estudios de artistas, como el de la artista brasilera Lídia Lisboa, o al ver su obra exhibida en la pasada Bienal de São Paulo. Siento su obra "las tetas que dieron de mamar al mundo" como una danza en honor al inconsciente colectivo, que proviene desde otro lugar de él mismo y que en su proceso para surgir en el mundo externo, se conecta con el gesto, de la mano, la aguja y la pasión en expresión frenética de Lídia y el croche. Amplias, robustas, enormes y colgantes…como conectando e cielo y la tierra. Ahí están esas tetas fruto de la danza de las manos, desplegadas por e espacio entre la mano, la aguja y el tejido.
Intuición, pensamiento, sentimiento y sensación. Ellas son las cuatro funciones, que el psicoanalista suizo, Carl Jung conceptualizó para entender las diferentes maneras de habitar los mundos interno y externo.
Traigo a Jung porque me me gusta ir de su mano en procesos de organización de lo no organizable y lo inefable.
Intuyo, siento, pienso y percibo el gran flujo, como marea en el oceano de nutrición desbordante en movimiento y vaivén. Vacío, plenitud. Esta obra despierta en mí, hasta el más escondido de los cuatro potenciales, que mencioné anteriormente.
Ahora bien, es relevante recordar que también son cuatro los misterios femeninos: formación, preservación, nutrición y transformación. Todos evidentes en este recorrido por el espíritu creador que vibra atraves de Lídia y su obra.
Es en ese lugar donde la deidad, el Eros, toma mi mano para hacer vínculo, en ese espacio entre el dar y el recibir alimento en forma de arte. Su obra alineada con el silencio que crea desde el ser.
Lídia Lisboa nació en territorio Guaraní, ella guarda la memoria del piso de tierra y de un árbol de aguacate que la acompaño a crecer. Sensible, curiosa, persistente, enfocada. Un tio de ella le repetía a su madre: "cuida de esa niña, que es extraña" notando un despliegue creativo especial en ella. A los diez años de edad, un encuentro con la mirada de la madre de una niña que vivia cerca de ella, marcó una etapa difícil, en que como ella nos cuenta "todo comenzo a salir mal para mi", Lídia habia entendido, la fuerza de la intención de lo que habita el lado oscuro. Otro evento marcante en la vida de ella ocurrió, cuando con tan sólo seis años de edad, su padre le pidió la tarea de bañar y preparar para la sepultura el cuerpo de uno de sus hermanos que habia nacido muerto, ella asumió la tarea con gran respeto, delicadeza y seriedad, limpiando, vistiendo, cuidando de ese cuerpo.
Asumir experiencias/rituales de ese nivel a una edad tan temprana marcó el carácter que pobla su visión y su obra. Lidia es una defensora de la infancia y convencida de que hay que servir a los niños, merecedores de respeto, atención, cuidado y amor. Ella encarna la imagen del arquetipo de la grande madre.
En el ejercicio del ritual se encuentra la cura para muchas cosas, ella me dice, y continua… "existe una historia que tiene que ser contada silenciosamente. Tiene historias que no precisan ser contadas, habladas, o escuchadas, tan solo precisan ser sentidas" para ilustrarme su historia con el crochet. Lidia observaba a las mujeres en su familia y comunidad. Todas tejían. Ella misma aprendió el crochet antes de escribir. Desde ese lugar surge la fuente de su magia y el poder del movimiento y la danza en su obra.
En su adolescencia ella comenzó a trabajar en un taller de alta costura y un día tomó los retazos que sobraban… " de repente comencé a construir un capullo con ellos, cuando fué lo suficientemente grande, me vestí con él. Y ahí sentí y percibí, dentro de mi, una voluntad muy grande de vivir" dice ella misma, evidenciando ese contacto profundo con las cosas del mundo… y con ella misma. Y luego de ese momento, con el cuerpo adentro del tejido, naturalmente surgió el performance.
Ser una artista honesta y fiel consigo misma, es una labor que Lidia asumió desde ese momento, entre dificicultades iniciales, pero siempre firme a su promesa de no traicionarse. En el liceo de Artes y Oficios, su educación artística la llevo a experimentar con el teatro, la pintura, diseño de modas y luego con escultura, lo que forjó su disciplina.
Entrar en las extensiones de tejido, las tiras, los cordones, así como en las historias para atar tramos, trazados por el crochet, es como entrar en un lexico sensorial, una especie de escritura del tejido y un pensar con las manos. En mis vistas a su taller, se abren armarios llenos de memorias, mientras vamos entrando en materias, colores, creaciones que, como curadora y como mujer, me conectan profundamente a ella y a sus extensiones. Su serie de cordones umbilicales tocó y movió profundamente el espacio que tengo reservado para mi hija Eva, que perdí durante el embarazo en África occidental. Lidia sabia, ella no habló, sólo me miro y me dio una obra de Eva para Eva. Ahí sentí entender el sentido del paraíso del que ella misma me habia hablado años atrás…lo honramos, lo elevamos, lo celebramos. Sin hablar.
Eso es visitar a Lídia Lisboa para mi: un encuentro ancestral con la fuerza que escucha la música de las corrientes subterráneas de la existencia y baila con el tejido, en costura y convicción. La vida desde aquí es un ritual de principio a fin.
"Las tetas que dan de mamar al mundo", es un conjunto de esculturas textiles, confeccionadas en crochet con tiras largas de tejido, trenzadas a mano por la artista. Cada teta, una forma, una dimensión y una tonalidad propia… senos gigantes que nos invitan a caminar entre ellos y recordar la potencia del misterio femenino. Amamantar y ser amamantado por esta obra, que nos nutre, dejandonos beber de su fuente directa.
Lídia y su propia consciencia humana e instinto maternal son proyectados y extendidos al mundo en la instalación, dando su lugar al cuerpo, desde él y para él, reconociendo en el ejercicio y la sensación de mamar el contacto con la vida, en la unión atraves de la sustancia, el alimento. Puente directo al suelo fértil del gran inconsciente, reservorio de todas las memorias, de todos los tiempos.
En el proceso creativo, de Lídia y en su vida, el ritual es la base. Concentración, respiración, silencio. Entrar en contacto consigo misma y permanecer abierta a renovar la conexión con esa fuente que la mueve. El ser y estar en inspiración. Como un entrar en el trance que va marcando el pulso, que el cuerpo va siguiendo. Atendiendo tras escuchar el llamado del crochet, que es el material que llama su nombre. Y continuar creando, desde las memorias que pasan por el cuerpo, circulando por el reino de la magia del Eros femenino, o participación mística antes de hacerse materia. La obra de Lidia evoca ese lugar relacional armonioso, de fuerza, armonía y amor del que estos tiempos tienen sed.
En este proceso, extraer el oro, que nos ofrece la interacción con la obra puede llevarnos, si lo permitimos, acercarnos a alguna forma de apaciguamento del dolor y a la cicatrización de viejas heridas aún abiertas, creadas por desconexión y separación del mundo competitivo, no colaborativo, que ignoró el principio cuidador de la existencia.
Tetas, al igual que úteros y calices son contenedores de creación, que requieren ser vaciados antes de llenarse y dar energía a la vida.
Atravesar cada metáfora en la obra de la artista, inicia un proceso interno que vive conmigo, en forma de cultivo, provocador y estimulante que dura dias, semanas y meses después.
La invitación aquí, es entrar en el capullo de la obra de Lidia y dejarse llevar, permitiendose conectar con todo el contenido simbólico de transformación y renacimiento. Vamos a ser amamantados por el arte, para conocernos más. Vernos mejor y por qué no, potenciar nuestra verdad.
Parece fácil pero no lo es.
Vamos a intentarlo?
En lo que a mi cuenta, yo seguire en admiración y gratitud ante artistas que, como Lídia, se disponibilizan como comunicadoras de las capas más profundas del ser y lo traduzen en danza, fluente de belleza y vida.
Asociación de palabras:
Croché? Visceral
Cerámica? Todo
Piel? Instinto
Nudo? Hechizo
Raíz? Mis pies
Rasgo? Mi útero
Infancia? No existió
Cicatríz? Cura
Silencio? Absoluto
Sangre? Memoria
Pasado? Armario
Oráculo? Círculo
Rito? Macumba
Eternidad? No morir
Ausencia? Pérdida
Capullo? Renacimiento
Mar? Inmensidad
Semilla? Un ojito
Huesos? No quebrar
Tierra? Profundidad
Grito? Rasgo
Invisíble? Aquello que no podemos agarrar
Frontera? Cruce
Re-existencia? Resistir
Referencias:
Martínez, A. (Entrevista personal con Lídia).
von Franz, M.-L. (1993). El trabajo creativo. Barcelona: Paidós.
Nichols, S. (1980). Jung y el Tarot: Un viaje arquetípico. Boston: Weiser Books.
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