El primero de mayo en todo el mundo, los trabajadores salen a la calle, no solo para conmemorar una gesta de los siglos pasados, sino para demandar lo que la clase capitalista se niega a ofrecerle por su justo trabajo. Nuestra historia está llena de dolores, muertes, apresamientos y pérdidas. El primero de mayo se sale a la calle por derechos salariales, mejores condiciones laborales y exigencia por la paz.
Hace 140 años, ocho trabajadores anarquistas fueron fusilados por su participación en una huelga obrera, por los acontecimientos de Chicago, conocidos como la Revuelta de Haymarket, tan solo por las demandas de lograr la jornada de ocho horas. El primero de mayo salimos a la calle por un derecho a movilizarnos en conjunto por nuestras demandas laborales y sindicales.
En los actuales momentos hay múltiples conflictos vinculados con la guerra, pero sobre todo con la guerra comercial entre ellos, lo que provoca que se puedan desencadenar diversos problemas en la economía mundial. La clase empresarial no reajusta los salarios porque simplemente no va a perder capitales. Lo tradicional es quitar derechos, expulsar a los trabajadores y congelar los salarios. Los gobiernos asumen las mismas medidas apoyando a los actores económicos nacionales, sin preocuparse de los trabajadores y trabajadoras.
La clase trabajadora es el último peldaño en el que se piensa cuando se produce una crisis económica en el mundo capitalista. Lo que se reclama históricamente son mejoras salariales por los altos costos adquisitivos de la canasta familiar. Los trabajadores siguen recibiendo bajos salarios con la crisis económica actual, o sin crisis, pues siempre ha sido ese el juego del capitalismo.
Los derechos por un trabajo digno y bien pagado no son demandas que se han resuelto. Este problema estructural, propio del sistema económico capitalista, es un continuo, porque su base es siempre sacar provecho de una mano de obra barata y tirarle a la clase trabajadora la carga de sus desfases y crisis económicas que sufre en los diferentes ciclos de su robo histórico contra el trabajo del otro.
En la vieja receta de los viejos economistas, la burguesía no se toca ni con el pétalo de una rosa; así son las narrativas de esos viejos boticarios que defendieron al gran capital. Nuestras demandas son un derecho para garantizar la vida de todos y todas.
Los trabajadores y trabajadoras no vamos a cansarnos de exigir lo que nos corresponde por derecho. El primero de mayo y todos los días del año vamos a enfrentar todos los proyectos que se sustentan en la inequidad y desigualdades en los salarios de hombres y mujeres de la República Dominicana y del mundo.
Exigimos la libertad de organizarnos en sindicatos, el tener un entorno seguro para no terminar como las fenecidas Rosa Amelia Rosario y María Altagracia Garabito, quienes murieron tras una explosión en una empresa de plásticos en Villa Agrícola por la fuga de gas en el 2018, tan solo por la falta de un régimen de observancias que garantice la vida y salud de los trabajadores.
La muerte de la joven Paula Santana Escalante, quien fue asesinada por un empleado de una fábrica de zona franca a pesar de que ella había denunciado el acoso de dicho trabajador. La falta grave a la salud de mujeres y hombres dentro de una fábrica son violadas continuamente, aunque tenemos reglamentos como el 522-06 que jurídicamente protegen y ofrecen garantía de que se coloquen sanciones a las empresas que no aseguran la salud de los trabajadores y trabajadoras.
Las violaciones continuas a los trabajadores haitianos y haitianas dentro y fuera de las plantaciones azucareras son una demanda presente por parte de la clase trabajadora dominicana.
No es un poemario antiguo seguir saliendo a la calle cada vez que necesitamos dialogar con el gobierno por nuestros derechos laborales. Este primero de mayo del 2026 el Comité Unitario 1ro de Mayo Sindical y Popular convoca a una marcha desde la Plaza Mauricio Báez hasta el Palacio Nacional en conmemoración del día del trabajador y proponiendo un diálogo y la lectura de una proclama en la que se solicita al gobierno dominicano que se cumplan las demandas de los trabajadores y trabajadoras dominicanas.
El pliegue de solicitud de atención con el lema "La Unidad es nuestra Energía" exige no solo reivindicaciones históricas de la clase trabajadora en torno al aumento salarial; también reclama que se aclaren todas las violaciones de las libertades sindicales, el trato injusto a los trabajadores cañeros y las amenazas reiteradas contra la cesantía que está pactada en nuestro Código del Trabajo. Por igual reclaman por el decreciente poder adquisitivo de la clase trabajadora y porque se ponga freno a la destrucción de las comunidades, de los acuíferos y el medio ambiente en general por las empresas mineras localizadas en zonas vulnerables de nuestro país.
Hoy quiero recordar a los mártires de Chicago: Spies, Parson, Lingg, Fischer, Engel, Neebe, Fielden y Schwab, los cuales frente al patíbulo continuaron diciendo que se escuchase la voz del pueblo. Quiero recordar a nuestros sindicalistas que ya no están con nosotros, pero cuyo legado es una memoria para recordarla hoy por sus buenas actuaciones en la lucha obrera por los derechos en la República Dominicana. Están en mi memoria: Mauricio Báez, Francisco Antonio Santo, Quírico Valdez, Julito de Peña Valdez, Ramón Ramírez, Pablo Castillo, Barbarín Mojica, Ramona Trejo, Antonio de Jesús Aquino, Jacinto de los Santos, entre otros.
Volvamos a recordar las palabras del anarquista August Spies antes de morir fusilado entre los ocho de la Revuelta de Haymarket: "Llegará un momento en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy callan". Obreros y obreras dominicanos, fue en la calle que Chicago mostró el camino.
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