Ya no tiene sentido discutir si está bien que exista la IA y si debemos utilizarla o no, como tampoco tiene sentido discutir si deberíamos detener el progreso de la civilización.
A lo largo de nuestra historia han estado surgiendo descubrimientos, inicialmente nos parecen asombrosos y a veces nos asustan, y al cabo del tiempo, los integramos a nuestra existencia y pasan a un segundo plano.
Aprendimos a hacer fuego, y el fuego ha matado muchas personas, destruido bosques, casas y hasta ciudades enteras, pero nadie en su sano juicio diría que no debemos utilizar el fuego.
Apareció la rueda y posteriormente los carros, tanto tirados por caballos como movidos por un motor, y una gran cantidad de muertes de personas jóvenes y productivas ha sido provocada por nuestros vehículos.
Los conocimientos científicos y la tecnología han contribuido sin dudas al desarrollo de la humanidad, y al mismo tiempo también han hecho posibles algunos de los medios más letales y destructivos que la humanidad enfrenta.
Todo instrumento poderoso puede ser de mucha ayuda como también puede ser muy dañino. Los instrumentos en sí mismos no son malos ni buenos, todo depende del uso que les demos.
El inconveniente no está en los progresos de la humanidad, sino en el desfase entre desarrollo material y el desarrollo de la conciencia humana.
“Poderes de dioses con cerebros de la Edad de Piedra”: El biólogo E. O. Wilson explicó esta brecha diciendo que «el verdadero problema de la humanidad es que tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología de dioses».
Nuestra ciencia avanza rápidamente, pero nuestro grado de consciencia lo hace con lentitud y con tendencias a regresiones cíclicas, a veces peligrosas.
La IA puede desplazarnos si así lo permitimos, de eso no cabe duda. Si utilizas la IA para ayudarte a realizar tu trabajo u ocupaciones con mayor eficacia, ciertamente sería un instrumento invaluable.
Si la utilizamos para fomentar nuestra vagancia, para no tener que esforzarnos, construir un mundo excesivamente cómodo, habremos empezado la cuenta regresiva de nuestra destrucción.
Tal vez tienes en tu hogar un sillón reclinable, un control remoto para no caminar hasta el televisor, un ascensor para evitar subir escaleras y el servicio de entrega a domicilio para no tener que buscar la comida, y todo ese confort puede destruirte.
Tener un auto puede ser muy peligroso si te impide caminar. Las redes sociales son capaces de encarcelarte en tu propia habitación. Si la IA te hace tus tareas de la escuela o la universidad tal vez puedas conseguir un título, pero no tendrás los conocimientos esperados.
No debemos ser tecnófobos, porque el miedo a la innovación, los avances tecnológicos y al desarrollo, limitarían nuestro progreso. Pero tampoco tecnólatras, que nuestra adoración a la tecnología sea fanática y nos impida analizar los aspectos negativos, riesgos y peligros que pueda conllevar.
Al igual que decíamos del fuego, toda tecnología poderosa tiene la dualidad de salvarnos o destruirnos. Los avances tecnológicos solamente son convenientes si desarrollamos la conciencia necesaria para utilizarlos correctamente.
No conocer la IA se convertirá dentro de poco en un tipo de analfabetismo. Tal vez no nos quite directamente nuestro trabajo, pero en cambio podría quitárnoslo alguien que, por dominarla, pueda realizar nuestro trabajo con mayor eficacia que nosotros.
Cuando evitamos: aceptar retos, esforzarnos, emprender caminos nuevos o adquirir habilidades diferentes a las que ya tenemos, lo sepamos o no, iniciamos un proceso de degeneración o involución, nuestra naturaleza no se mantiene estática, nosotros solo decidimos el rumbo.
Cerrarse a la IA es una forma de salir de circulación, aceptarla sin pensar es una forma de deshumanizarse.
La inteligencia artificial es un excelente recurso para la inteligencia natural, pero cuando se descuida la inteligencia natural, la artificial puede llegar a ser negativa.
Cultivar nuestra inteligencia supone: tener conversaciones que requieran pensar, leer, estudiar, viajar y reflexionar. Necesitamos conocernos a nosotros mismos, cada día un poco más. Tomar consciencia de nuestras sensaciones, percepciones, emociones e ilusiones.
La meditación es un recurso invaluable para evitar que el uso de la IA nos despersonalice y perdamos nuestro sentido existencial. El verdadero desafío de la era de la IA no es técnico, sino ontológico. No se trata de temer a la máquina, sino de cultivar el silencio consciente; la meditación es un antídoto invaluable contra la despersonalización y el extravío del propósito.
Un aspecto importante es la comprensión y regulación de nuestras emociones, porque, aunque pertenecemos a los Homo sapiens, cuando nuestras emociones se descontrolan asumimos conductas de animales irracionales. Las emociones pueden dominarte, y la IA puede utilizarse en ocasiones, para tomar el control emocional especialmente de los que evitan pensar.
Cuando te interesa reflexionar, la IA multiplica tus posibilidades, no solo para hacer lo que siempre haces, sino para ayudarte a alcanzar nuevos horizontes con mayor facilidad.
La inteligencia artificial ampliará nuestras capacidades, pero jamás sustituirá la responsabilidad de pensar. El futuro no dependerá de cuánta inteligencia construyamos en las máquinas, sino de cuánta conciencia conservemos en los seres humanos.
Referencias:
Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.
UNESCO. (2021). Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial. UNESCO.
Whitfield, T., Barnhofer, T., Acabchuk, R., Cohen, A., Lee, M., Schlosser, M., et al. (2022). The effect of mindfulness-based programs on cognitive function in adults: A systematic review and meta-analysis. Neuropsychology Review, 32(3), 677-702.
Wilson, E. O. (2012). The social conquest of Earth. Liveright Publishing.
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