Imagine una familia que compra una casa. Quiere tres cosas al mismo tiempo: una cuota baja, terminar de pagar rápido y conservar dinero suficiente para gastar cada mes.

El problema es que esas metas chocan entre sí.

Si acelera los pagos, tendrá menos dinero disponible. Si quiere gastar más, tardará más en liquidar la deuda. Debe renunciar a algo.

Algo parecido ocurre con los países.

Los economistas Robert Mundell y Marcus Fleming desarrollaron una teoría conocida como el trilema monetario o la «trinidad imposible». Su planteamiento es sencillo: ningún país puede mantener simultáneamente un tipo de cambio fijo, libre movimiento de capitales y una política monetaria independiente.

Puede escoger dos. No las tres.

Si un país fija su moneda frente al dólar y permite la libre entrada y salida de capitales, pierde gran parte de su capacidad para manejar las tasas de interés según sus necesidades internas.

Si decide conservar una política monetaria propia y mantener abiertas sus fronteras financieras, debe aceptar que el tipo de cambio fluctúe.

La República Dominicana escogió esta última combinación. Mantiene abiertas sus puertas a la inversión extranjera y permite al Banco Central fijar las tasas de interés de acuerdo con las condiciones de la economía local.

La consecuencia es evidente.

El dólar puede ser administrado, moderado o influido mediante intervenciones. Pero no controlado indefinidamente.

Esa limitación ayuda a entender el debate económico actual.

La inflación interanual alcanzó 5.11 % en abril, por encima del rango meta del Banco Central. Al mismo tiempo, el conflicto en Medio Oriente elevó los precios internacionales del petróleo y aumentó la incertidumbre en los mercados.

Frente a ese escenario, el Banco Central decidió mantener su tasa de política monetaria en 5.25 % anual.

También pospuso hasta 2027 el retorno de RD$46,000 millones de liquidez que originalmente debían retirarse del sistema financiero.

La explicación oficial es conocida. La institución considera que gran parte de las presiones inflacionarias provienen del petróleo y que un endurecimiento monetario podría afectar el crédito y desacelerar la actividad económica.

Pero el trilema no debe convertirse en una excusa para evitar el debate.

La teoría explica restricciones. No determina cuál decisión es correcta.

Si la inflación persiste, mantener abundante liquidez podría agravar el problema. Si las presiones externas desaparecen, la estrategia habrá evitado un ajuste innecesario.

Nadie lo sabe todavía.

Lo que sí sabemos es que cada decisión implica costos. Cuando el Banco Central privilegia el crecimiento económico, asume más riesgos sobre la inflación. Cuando combate la inflación, aumenta los riesgos para el crédito, el empleo y la actividad productiva.

El trilema monetario recuerda una realidad incómoda: en economía no existen almuerzos gratis.

Tampoco existen bancos centrales capaces de tenerlo todo al mismo tiempo.

Daniel Toribio

Economista

Daniel Toribio Marmolejos es economista con una trayectoria relevante en la política y la administración pública del país. Ha sido: Ministro de Hacienda de la República Dominicana. Administrador general del Banco de Reservas (BanReservas). Secretario de Asuntos Económicos del partido Fuerza del Pueblo.

Ver más