Desde el fondo de la Fortaleza Ozama
avanzan cuatro soldados en duelo;
sobre sus hombros llevan el féretro
del Soldado Desconocido del pueblo.
El silencio invade la calle,
se detiene el aire un momento;
inicia la marcha solemne
hacia el baluarte del descanso eterno.
Los comandos van marchando,
los comandos van cantando;
con botas negras resuenan
y uniforme verde olivo ondeando.
Van marcando firmes pasos,
con cadencia y precisión:
—¡Uno, dos, tres, cuatro!
—¡Cuatro, tres, dos, uno!
—¡Uno, dos, tres, cuatro!
—¡Cuatro, tres, dos, uno!
Mas ya no cuentan números;
la consigna ruge al viento,
brotando desde sus pechos
como un solo juramento.
Es imponente la marcha de los comandos.
La ciudad se estremece;
la calle del Conde vibra,
la multitud se enardece.
¡Es la marcha y la consigna retumba!
—¡Fuera yanquis, yanquis fuera!
—¡Yanquis fuera, fuera yanquis!
—¡Constitución sí, invasores no!
—¡Invasores no, Constitución sí!—
—¡Caamaño siempre, Imbert nunca!
—¡Imbert nunca, Caamaño siempre!
—¡Patria o muerte!
—¡Patria o muerte!
—¡Lucha sí, yanquis no!
—¡Lucha sí, yanquis no!
No están cansados:
Van felices.
Porque en la lucha del pueblo:
¡nadie se cansa!
Pasos firmes.
Marcha estridente.
Gritos rebeldes.
Consignas valientes.
Desfile histórico.
Recuerdos imborrables.
Patria herida.
Pueblo de pie.
Manos aferradas al fusil.
Venas infladas, sin sentir.
Miradas de fuego.
Voces de estruendo.
Es el desafío ardiente:
la fuerza del débil frente al fuerte,
la esperanza de un pueblo
que no se rinde ante la muerte.
Imberbes son los soldados,
adolescentes forjados en fuego,
casi niños todavía,
pero firmes en su credo.
Sus pisadas levantan ecos,
sus voces sacuden los muros
de la vieja ciudad callada,
testigo de tiempos duros.
Siguen desfilando los comandos:
las unidades móviles,
las mujeres valientes,
los hombres rana invencibles,
la policía militar,
*el comando haitiano presente.*
Desconocido en su nombre,
pero eterno en la memoria;
soldado del pueblo humilde,
símbolo vivo de historia.
Visto siempre resistiendo
a la violencia y la invasión,
rostro anónimo y valiente
de lucha y determinación.
Fruncen el ceño en su marcha,
las venas del cuello se tensan;
las manos aferran fusiles,
las sienes sudorosas laten intensas.
Gritan con fiera rebeldía,
con osadía decidida:
desafían al imperio invasor
por la patria herida.
Nota: La sepultura del soldado desconocido se efectuó el 16 de agosto de 1965 en Ciudad Nueva. Fue un acto solemne y rebelde. Histórico e imborrable. La zona constitucionalista se vistió de coraje y desafío. El valor, la dignidad y la determinación del pueblo en armas llegaron a los cañones y a la conciencia del invasor. Voló alto el sentimiento por la patria.
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