La corrupción y la política siempre han estado presentes en las grandes competiciones deportivas. Eso ocurre prácticamente en todos los deportes, mucho más en el más conocido, el más practicado y el que más dinero mueve alrededor del mundo, como lo es el fútbol. Mucho se ha hablado de la intervención del gobierno fascista de Mussolini en el Mundial de Italia 1934, presionando a árbitros y jugadores.

También se menciona posible intervención de la dictadura militar de Argentina en el Mundial de 1978. Incluso en las competiciones nacionales entre los grandes equipos existen múltiples leyendas de intervención de la política. Es posible que algunas versiones estén afectadas, siendo negadas, minimizadas o magnificadas por las rivalidades propias de las pasiones que despierta el deporte entre los aficionados.

Una de ellas tiene relación con la rivalidad que existe entre los aficionados de los dos clubes más famosos de España y de casi todo el mundo, el Barcelona y el Real Madrid. Se dice que, tras el triunfo de la derecha en la Guerra Civil Española, al vencer los últimos vestigios de la lealtad al gobierno legítimo, establecido en Cataluña, y asentada ya la dictadura de Francisco Franco, cuando se reinició la Liga en el partido de ida, al Real Madrid le tocó visitar al Barcelona, donde perdió por un gol de diferencia.

Según la leyenda, para el partido de vuelta, cuando el Barcelona visitaba Madrid, el general encargado de la seguridad del Estado entró al vestuario de los jugadores, advirtiéndoles: “ustedes están conscientes de que ahora están en territorio de los vencedores, y ustedes representan a los derrotados, así que compórtense”. En este caso, el Real Madrid salió vencedor por una diferencia de 11 goles. Pero, a partir de ahí, los enfrentamientos entre Madrid-Barcelona representan mucho más que un partido de fútbol.

Pero nada se compara con la participación de Irán en la Copa Mundial de 2026. Nunca antes en un Mundial la selección nacional de un país había tenido que asistir al territorio de un anfitrión que le ha declarado una guerra de agresión, y mucho menos cuando el presidente de ese país hiciera todo lo posible por impedirle su participación.

Generalmente, al ser escogido como sede de un campeonato mundial de fútbol, a un país se le está confiriendo un honor que trata de recompensar por todos los medios, deleitando a todas las selecciones que lo visitan, tratándolas como invitados especiales, acogiéndolas y brindándoles todas las facilidades para que se sientan cómodas participando en la mayor fiesta del deporte.

Sin embargo, en este caso a Irán se le han puesto todas las restricciones imaginables, comenzando por pedirle a la FIFA excluirla del Mundial y sustituirla por otra selección que no había clasificado. Después se le niega la entrada a una gran parte de la selección, tanto de jugadores como del cuerpo técnico. Incluso el presidente Trump les dice que, por su seguridad, es mejor que no vengan.

Cuando todas las selecciones deben viajar a las ciudades sede o sus alrededores con varios días de antelación a sus partidos, con el fin de aclimatarse, realizar sus entrenamientos y conocer el terreno de juego, a la selección de Irán ni siquiera se le permite quedarse en el país anfitrión, teniendo que instalarse en un país vecino que le ha brindado acogida. Cuando finalmente llegan al lugar del encuentro, en el aeropuerto se les somete a interrogatorios y se les retiene durante horas, antes de pasar a un nuevo control exhaustivo para subir al autobús, según el New York Times. El debut de Irán en el Mundial bajo las restricciones de EE. UU. – The New York Times

“El tiempo que tardaron los trámites del equipo los obligó a cambiar de planes. En lugar de descansar en su hotel, los jugadores iraníes se dirigieron directamente al SoFi Stadium”, según cuenta uno del cuerpo médico del equipo. “El gobierno de Estados Unidos impuso a Irán límites de tiempo muy estrictos, lo que obliga al equipo a abandonar inmediatamente el estadio —y el territorio estadounidense— después de disputar allí sus partidos del Mundial”, afirma el fisioterapeuta Araujo.

“Tras el primer partido del equipo contra Nueva Zelanda, Araujo vendó a los jugadores durante el vuelo de vuelta a su concentración en México, un tratamiento que, según dijo, normalmente se haría en el vestuario. Ningún otro equipo del Mundial enfrenta las mismas restricciones”.

La selección iraní ha tenido que arreglárselas sin diversos miembros del personal necesarios para realizar tareas cruciales, como gestionar los cambios durante los partidos. “Cuando los jugadores tienen que esperar en el aeropuerto unas dos o tres horas y, al llegar, se ven rodeados de tipos con ametralladoras y todo esto, no están acostumbrados a eso”.

Y, al terminar los partidos, su equipo médico ni siquiera puede realizar un seguimiento completo de las lesiones que los jugadores pudieran haber sufrido. “Mientras el autobús del equipo esperaba con el motor en marcha de camino al aeropuerto el lunes, Araujo hizo todo lo posible para atender rápidamente a los jugadores. Dijo que normalmente le pide a cada uno que pase unos 12 minutos en un baño de hielo para recuperarse del esfuerzo del partido, pero como el tiempo apremiaba, cada jugador se metió en el agua fría durante aproximadamente un minuto, porque tienen que salir de inmediato”.

Y el proceso de subir al avión presenta nuevos desafíos, pues se instala un control a unos metros del avión, donde se les somete a un segundo control de seguridad tras haber superado los controles del aeropuerto.

Isidoro Santana

Economista

Ex Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, agosto 2016-2019. Economista. Investigador y consultor económico en políticas macroeconómicas. Numerosos estudios sobre pobreza, distribución del ingreso y políticas de educación, salud y seguridad social. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro fundador y ex Coordinador General del movimiento cívico Participación Ciudadana y ex representante ante la organización Transparencia Internacional.

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