Es lamentable el resultado de los jóvenes dominicanos en las pruebas Pisa, que evalúan sus conocimientos y competencias en comprensión escrita, matemáticas y ciencias, pero no menos lamentable es su escasa educación ciudadana, que implica las competencias esenciales para vivir en democracia, tales como defensa de los derechos humanos, capacidad de evaluar los problemas sociales y orientar su acción ciudadana tomando en cuenta tanto sus necesidades como la de los otros, formular sus opiniones políticas en un lenguaje decente y despojado de prejuicios… Culpa de los mayores, es lo que han aprendido y copiado de ellos.

Para avanzar en materia de educación ciudadana, habrá que comenzar por reconocer y combatir los prejuicios que circulan en la sociedad y modificar comportamientos.

Antihaitianismo

Admitir la existencia de un antihaitinismo sistémico, que se expresa en leyes y políticas que mantienen un esquema de discriminación y negación de derechos de los haitianos y dominico-haitianos, reforzado a partir de la sentencia 168/13, que de un plumazo convirtió en ciudadanos de ninguna parte a más de 200 000 dominicanos de ascendencia haitiana.

Junto a ese antihaitianismo sistémico, circula otro individual y grupal, que se expresa en pronunciamientos y comportamientos prejuiciosos. La rabia y el odio eructado por los integrantes de Antigua Orden Dominicana durante su publicitada marcha en el Hoyo de Friusa son un buen ejemplo.

Hace falta un mínimo de educación intercultural, dirigida a la adquisición de conocimientos sobre la diversidad cultural y religiosa que favorezca la convivencia.  Es justamente a causa de ese antihatianismo sistémico que esta brilla por su ausencia en escuelas donde los nacionales conviven con niños haitianos y de ascendencia haitiana.

La educación intercultural podría facilitar que estas escuelas se conviertan en espacios de reencuentros, conocimiento del otro y de interacción con la alteridad, y que de ellas salgan ciudadanos afianzados en su identidad cultural y, al mismo tiempo tolerantes, respetuosos del otro.

Discriminación de la mujer y feminicidio

Reconocer que el modelo de sociedad confiere a hombres y mujeres una relación de desigualdad y que esta norma está tan arraigada en la mentalidad, que con frecuencia son las mismas mujeres las que se ocupan de reproducirla. Este reconocimiento debería ser parte de la agenda de los dominicanos.

Desmontar este modelo, pasa por la educación, reconocimiento de los derechos de la mujer, empoderamiento, acceso a la información.

Se requiere también establecer un sistema nacional de educación sexual, que comprenda aspectos cognitivos, afectivos, físicos y sociales de la sexualidad, dirigidos a dotar a niños y jóvenes de conocimientos, actitudes y valores que los hagan respetuosos de su salud, de su bienestar y su dignidad. Y esto debe comenzar desde la muy temprana infancia. Siempre será mejor una escuela donde los adolescentes aprendan a ponerle un condón a un guineo y tengan en cuenta que, si en un momento de calentura olvidan ponérselo, existe la pastilla del día después (que debería estar a su alcance), que otra donde miles de niñas se ven forzadas a abandonar la escuela a causa de un embarazo a destiempo, que frustrará sus vidas y tendrá un elevado costo social.

También es necesario combatir la violencia contra la mujer y, por su puesto, el feminicidio, desarrollando herramientas de identificación temprana de violencia conyugal, que permitan una evaluación apropiada y una planificación de la seguridad de las potenciales víctimas.

Educación vial

Desde la muy temprana infancia, la educación vial, dirigida a facilitar a los niños la adquisición progresiva de las reglas esenciales de seguridad en las calles, debería ser parte del programa de estudio de las escuelas. Pero nada se ha hecho para que aprendan a desplazarse en seguridad y hacer frente a las situaciones de peligro, pese a que el país tiene el triste título de campeón en materia de muertes por accidente de tránsito.

Protección del medioambiente

Un país con ciudades y campos llenos de basura debería tener una mínima preocupación por inculcar a niños y jóvenes comportamientos respetuosos del medioambiente. Gestos tan sencillos como poner la basura en el lugar adecuado, reducir el consumo de plástico, reciclar, consumir productos locales, no desperdiciar el agua, desplazarse a pie o en bicicleta (en la medida de lo posible), ahorrar electricidad, es parte de lo que hará de ellos ciudadanos responsables.

Carlos Segura

Sociólogo

Master en sociología, Université du Québec à Montréal, estudios doctorales, Université de Montréal. Ha publicado decenas de artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras, sobre inmigración, identidad y relaciones interétnicas. Es coautor de tres obras sociológicas, La nueva inmigración haitiana, 2001, Una isla para dos, 2002 y Hacia una nueva visión de la frontera y de las relaciones fronterizas, 2002. También es autor de tres obras literarias, Una vida en tiempos revueltos (autobiografía) 2018, Cuentos pueblerinos, 2020 y El retorno generacional (novela), 2023.

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