En la historia de la humanidad, las mujeres han constituido uno de los sectores sociales más oprimidos y marginados. Esta dolorosa realidad ha limitado su desarrollo personal de ellas, y, en consecuencia, sus aportes al progreso económico y social de las naciones. Entre los factores que han contribuido a esa discriminación, se destacan, sin duda, la educación.

En sociedades pobres, y gobernadas, tantos años por dictadores, como la dominicana, ellos no dedicaban, suficientes recursos para habilitar escuelas ni pagar maestros, con fin de garantizar la educación. Por lo general, se privilegiaba la enseñanza de los varones y se relegaba a las mujeres.  

Pongo los siguientes ejemplos. La doctora Evangelina Rodríguez Perozo, en 1911, fue la primera mujer graduada en República Dominicana. Sufrió discriminación por ser mujer, negra y pobre. Igualmente le ocurrió a la educadora Ercilia Pepin, quien, aspiró a estudiar medicina, pero las barreras se lo impidieron. Afortunadamente brilló como maestra y patriota. En mi familia, mis dos abuelas, Irene Sánchez y Efigenia Piña no sabían de letras ni números, y mi madre, Idalia Suzaña, apenas sabía firmar, pero mis abuelos Alejo Galván y Remigio Suzaña; y mi padre, Amado Galván, sí sabían leer y escribir. En cambio, las familias pudientes pagaban maestros particulares o enviaban a sus hijos a mejores centros educativos.

Cuando las puertas de los centros educativos se abrieron para las mujeres y estas lograron entrar y educarse masivamente, también empezaron a incorporarse al trabajo remunerado fuera del hogar; y de esta manera incrementaron su independencia económica y social. 

La educación y el trabajo contribuyeron, además, a la conquista de derechos civiles y políticos. Las mujeres alcanzaron progresivamente el derecho al voto, a poseer bienes, a ocupar cargos públicos, a heredar, recibir créditos y ejercer profesiones y oficios que anteriormente les estaban prohibidos.

A lo largo del siglo XX, muchas brechas se fueron reduciendo considerablemente. Las mujeres han alcanzado los niveles más elevados de la ciencia. Marie Curie, por ejemplo, la primera mujer en recibir un Premio Nobel y la única persona que ha obtenido dos Nobel en áreas científicas diferentes: Física, en 1903, y Química, en 1911. Otro ejemplo reciente, lo representa Katalin Karikó, quien obtuvo el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2023 por sus descubrimientos que sirvieron de base para el desarrollo de  vacunas  contra la COVID-19.

Según datos de la UNESCO de la Naciones Unidas, en 2023, a nivel mundial, se promediaban 113 mujeres matriculadas en educación superior por cada 100 hombres. Es decir, las mujeres superan a los hombres en la matrícula universitaria  y lo mismo ocurre en República Dominicana. 

Cada día un mayor número de mujeres ejercen funciones que hace un tiempo, eran impensables para ellas. Sobran los ejemplos, de mujeres presidentas de repúblicas, primeras ministras; directoras ejecutivas, embajadoras, rectoras, astronautas, oficiales generales; y ni hablar de rangos y oficios pocos calificados.  

Sin embargo, aumenta, paradójicamente, el desempleo entre ellas. La automatización y la inteligencia artificial desplazan a quienes realizan tareas repetitivas y de poca preparación. Asimismo, las políticas migratorias en Estados Unidos y Europas limitan cada vez más el ingreso de mujeres. 

En consecuencia, en nuestra sociedad procede fortalecer los sistemas de becas e incentivos para que las mujeres estudien y trabajen.

La historia ha demostrado que  la educación es un recurso tan importante como el petróleo y que cuando una sociedad educa y proporciona ingresos a sus ciudadanos,   especialmente a las mujeres, no solamente transforma la vida de ellas; sino de toda sociedad.

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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