Con frecuencia, cuando se habla de  reformas educativas, se piensa en  cambios administrativos, en los planes de estudio, en nuevas leyes, en reorganizaciones de las instituciones o de los programas para resolver problemas concretos. En cada época surgen nuevas prioridades. Algunas de ellas son mejorar el aprendizaje, fortalecer la docencia, usar la tecnología, ampliar el acceso, elevar la calidad, reducir las desigualdades o hacer la gestión más eficiente. Todas estas tareas son importantes, pero tratadas por separado, suelen lograr solo avances parciales y no cambian de forma duradera cómo funciona el sistema.

Un análisis profundo de los resultados de la recién celebrada Consulta Nacional por la Educación 2026 nos invita a observar el problema de la reforma educativa desde una perspectiva distinta. Convocada para escuchar a la sociedad sobre qué tenía que decir del futuro de la educación en nuestro país, sus resultados nos permiten conocer el sentir de la sociedad en materia educativa.

Al adentrarnos en la comprensión de estos resultados, se hace evidente que escuchar a una sociedad no debe limitarse  a acumular opiniones ni a registrar de manera ordenada las demandas de cada grupo participante. La escucha adquiere otro significado cuando nos percatamos de que una misma realidad se ve desde múltiples experiencias y puntos de vista.  El conocimiento que, como sociedad, tenemos sobre nuestro sistema educativo está distribuido. Vive en la experiencia de quienes enseñan, en las dificultades de quienes aprenden, en las decisiones de quienes gestionan, en las expectativas de las familias, en las demandas del mundo productivo y en las particularidades de cada territorio.

La consulta ha hecho visible y documentado ese conocimiento distribuido que existe. Para que este conocimiento sea útil y sirva de insumo efectivo para la formulación y la puesta en práctica de políticas públicas capaces de responder a los desafíos planteados, es necesario que la investigación lo reconstruya y lo sistematice. Ese paso es fundamental. Si no avanzamos con este paso , el esfuerzo realizado con la consulta no arrojaría los resultados esperados.

La información aportada en la consulta sobre la experiencia de los diferentes actores, sus intuiciones, propuestas y juicios sobre la realidad es de inmenso valor, pero no es suficiente para emprender con éxito un esfuerzo de transformación profunda de la educación como el que la sociedad dominicana reclama. Le corresponde a las investigaciones que se hagan de esos resultados identificar las relaciones que existen entre esas informaciones, determinar qué convergencias son lo suficientemente robustas, distinguir lo recurrente de lo circunstancial y establecer qué interpretaciones pueden sostenerse con el conjunto de la evidencia; así como determinar si, detrás de esa diversidad de miradas existe un marco común que sirva para desarrollar un entendimiento común que nos permita construir una mirada compartida de nuestro futuro

Por eso, las principales conclusiones de la Consulta no surgieron de una votación ni de una simple lista de los temas más mencionados. Tampoco fueron escogidas porque determinadas frases aparecieran con mayor frecuencia. Estas deberán ser reconstruidas mediante procesos sistemáticos de análisis que comenzarán con la identificación de unidades de significado en los documentos originales, continuarán con la codificación temática, la agrupación de temas relacionados y la construcción de categorías de mayor nivel, hasta culminar con la contrastación de cada formulación frente a fuentes distintas e interpretaciones alternativas.

Cuando la información recopilada durante la consulta es sometida a este escrutinio, la pregunta central deja de ser: ¿qué dijeron los participantes? Y pasa a ser: ¿qué visión de la educación dominicana emerge cuando todos esos aportes se consideran en conjunto? Esta es la pregunta que, desde el Centro de Investigación de Educación y Desarrollo Humano (CIEDHUMANO) de la PUCMM, estamos investigando en busca de respuesta.

Plantearnos la pregunta desde esta perspectiva puede permitirnos pasar de una mirada descriptiva de la realidad a otra que busca reconstruir significados. La descripción nos permite organizar la información, pero una reconstrucción científica va más allá: nos permite descubrir las relaciones que la explican.

Del análisis realizado hasta ahora se identifican nueve Conclusiones Nacionales Validadas empíricamente. Cada una expresa una dimensión esencial para la transformación educativa. Vistas por separado, ninguna puede comprenderse plenamente. Al analizar el conjunto, se observa  que no constituye una simple lista de prioridades independientes, sino un todo integrado e interdependiente  de propósitos, capacidades, estructuras y condiciones de sostenibilidad.

En el centro de todo está el derecho efectivo a aprender. Esta visión que emerge modifica profundamente la manera de comprender el sistema educativo. Al asumir esta visión, el aprendizaje deja de ser uno de los muchos resultados esperados y se convierte en el criterio principal desde el cual deben evaluarse las decisiones institucionales, las políticas públicas, el currículo, la formación docente, el financiamiento, la tecnología, la gestión y la organización territorial.

Sin embargo, proclamar el derecho a aprender, por sí solo, no es suficiente. Para que sea efectivo, este derecho debe contar con el  desarrollo de capacidades en otras dimensiones del sistema educativo. Entre estas capacidades requeridas se identifican, entre otras, contar con una profesión docente fortalecida, un liderazgo escolar capaz de asumir la conducción efectiva, un currículum orientado a los aprendizajes y a las competencias necesarias para la vida, así como una formación integral que articule el conocimiento, la ética, la ciudadanía, la creatividad y la capacidad productiva. También es necesario que incorpore, de manera crítica y responsable, la ciencia, la tecnología, la inteligencia artificial y la innovación.

Estas dimensiones no representan políticas separadas; son capacidades con efectos transformadores siempre que logren establecer sinergias con las demás.

De igual manera, para que estas capacidades puedan desplegarse y tener el efecto esperado, es necesario que actúen apoyadas por una estructura que las organice. En este sentido, organizar el aprendizaje en función de trayectorias de aprendizaje para las personas permite situarlas en el centro del sistema y superar una visión limitada por la concepción de los niveles o modalidades. La gobernanza, en este contexto, debe proporcionar la capacidad de conducir, coordinar, evaluar y rendir cuentas.

Finalmente, otro aspecto que se destaca de los aportes de la consulta es la percepción generalizada de que la transformación educativa, para ser efectiva y sostenible, necesita continuidad y, en consecuencia, debe trascender la gestión de un gobierno, de una administración o de una reforma legal. Es necesario que la transformación educativa se convierta en un proyecto nacional permanente, sostenido por la responsabilidad indelegable del Estado y la corresponsabilidad organizada de la sociedad.

En la medida en que  estas relaciones se  tornan visibles, la investigación nos conduce a articular un Modelo Sistémico de Transformación Educativa, identificado mediante el acrónimo MOSITE.

Es importante señalar que el MOSITE no fue diseñado con anterioridad a la investigación para ordenar los resultados de la Consulta; tampoco es el resultado de la aplicación externa de una teoría ni, mucho menos, constituye una décima conclusión de la investigación. El MOSITE surgió cuando el análisis mostró que las conclusiones mantenían entre sí relaciones lo suficientemente coherentes y estables como para constituir una estructura explicativa propia.

La estructura y la naturaleza del MOSITE nos ayuda a comprender que el poder transformador del sistema no reside únicamente en la calidad de cada uno de sus componentes, sino en la calidad de las relaciones que logren establecer entre sí. Esta relación, que va tornando evidente a partir de los aportes de los participantes en la consulta, es congruente con las teorías sobre la transformación educativa. Estos aportes dejan entrever con claridad que la sociedad dominicana está dejando de ver la  educación como una suma de subsistemas, programas, instituciones y políticas, y comienza a comprenderla como una organización interdependiente.

Estos hallazgos y estas conclusiones resultan particularmente relevantes como insumos para el debate en curso sobre la transformación educativa que el país necesita. Las conclusiones y el MOSITE que hemos presentado ofrecen un marco de entendimiento compartido de gran valor para precisar qué debe transformarse, con qué propósito y mediante qué capacidades pueden impulsarse estas transformaciones. También permiten evaluar la coherencia de las propuestas formuladas y evitar que la discusión se reduzca a cambios administrativos, reformas legales o programas aislados. De igual manera, constituyen insumos invaluables para orientar la nueva legislación que se elabore, de modo que sirva de base a la transformación del sistema educativo y no solo al reordenamiento administrativo de los órganos de gestión, que deben servir de instrumentos de esa transformación.

Los resultados preliminares de la  investigación nos indican con claridad que, lejos de  clausurar el debate o de legitimar  una política determinada, lo que hacen es abrir más el debate, elevar la calidad de la discusión pública, ordenar las prioridades y ofrecer criterios para examinar las alternativas. Una propuesta podrá considerarse más consistente en la medida en que fortalezca el derecho efectivo a aprender, desarrolle las capacidades profesionales e institucionales requeridas, articule las trayectorias, mejore la gobernanza, fortalezca los territorios y cree condiciones de continuidad y aprendizaje.

El enfoque sistémico a que nos conduce el análisis de estos resultados hace ver que, de la misma manera que el cambio legislativo no garantiza la transformación sistémica que los datos de la consulta nos señalan como necesaria, por la misma razón, la transformación no puede reducirse a la incorporación de nuevas tecnologías o a simplemente descentralizar la gestión.  La inteligencia artificial, por ejemplo, amplía enormemente las posibilidades de aprendizaje,  tiene un alto potencial para personalizarlas y constituye un apoyo innegable para la investigación educativa y la mejora de la gestión, pero sus resultados no son automáticos; dependen de cómo se articulen con el currículo, con la formación docente, con la ética, con la equidad y con la protección de la autonomía intelectual de las personas. Queda claro que la tecnología no reemplaza el propósito educativo. Igual señalamiento puede hacerse de la descentralización y de cualquier enfoque parcial que se quiera impulsar para lograr la transformación deseada.

El MOSITE que estamos diseñando a partir de los resultados de la consulta será de mucha ayuda para comprender estas interdependencias y evitar uno de los errores más frecuentes de las reformas: intentar transformar una parte del sistema sin modificar las relaciones que condicionan su funcionamiento.

De esta visión también surge la idea, que en muchos de mis escritos he defendido y proclamado y que ahora se expresa de diversas formas en los diferentes espacios de la consulta:  la transformación debe conducir al diseño y desarrollo de un Sistema Educativo que Aprende. Esta expresión no debe entenderse como una metáfora inspiradora ni como una conclusión adicional. Representa una propiedad que emerge cuando las distintas dimensiones del sistema actúan de manera articulada.

Un sistema educativo aprende cuando es capaz de utilizar la evidencia para revisar sus decisiones, reconocer errores, identificar prácticas efectivas, adaptar sus políticas a distintos contextos y transformar su experiencia en conocimiento institucional. Desarrollar esta capacidad de aprender es una condición necesaria para lograr la sostenibilidad de la transformación de la educación dominicana

Profundizar en los resultados de la consulta para lograr, a través de la investigación, desentrañar el conocimiento que las informaciones fEste deragmentadas y dispersas en los innumerables documentos y conversaciones pueden dejar como uno de los mejores legados de esta consulta. Si la investigación demuestra que procesos participativos como la consulta  pueden servir de base no solo para democratizar los procesos de toma de decisiones, sino también como fuentes invaluables de conocimiento, estaremos proporcionando evidencia de que una sociedad que escucha sistemáticamente a sus distintos actores amplía su base democrática, pero también incrementa su capacidad para comprender los problemas que necesita resolver.

La consulta terminó, pero el verdadero proceso de transformación apenas comienza. Gracias a la consulta realizada, el país dispone de una comprensión y un entendimiento comunes mejor documentados del sistema educativo que necesita construir; para lograrlo, debe convertir ese conocimiento en políticas, capacidades e instituciones capaces de garantizar el derecho efectivo a aprender para todas las personas. Ahora necesitamos respuestas para superar los grandes desafíos,  la comprensión y el entendimiento común que la consulta muestra pueden ayudarnos a que, entre todos, las encontremos; teniendo siempre presente que una nación no alcanza su mayor desarrollo cuando cree haber encontrado respuestas definitivas, sino cuando aprende a formular preguntas, a revisar críticamente sus experiencias y a transformar ese aprendizaje en una fuente continua de renovación institucional y progreso humano.

Si alguna lección podemos extraer de la Consulta Nacional sobre la Educación 2026 es que la República Dominicana puede aprender de sí misma y convertir ese aprendizaje en uno de sus recursos más valiosos para construir el futuro.

Radhamés Mejía

Académico

Educador. Profesor Emérito de la PUCMM ExVicerrector de la PUCMM por más de 35 años y exrector de UNAPEC. Actualmente es Coodinador de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana (ACRD). En la actualidad es Director del Centro de Investigación y Desarrollo Humano (CIEDHUMANO)-PUCMM.

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