En los últimos años, la Atención Primaria de Salud (APS) ha sido posicionada correctamente como una prioridad dentro del “sistema” de salud dominicano. Su incorporación en el discurso institucional, en el marco normativo y en la agenda de reforma constituye, sin duda, un avance relevante que debe ser reconocido.

Sin embargo, como ocurre en todo proceso de transformación estructural, el verdadero desafío no radica en la definición conceptual, sino en su implementación efectiva como modelo organizador del sistema de salud.

Hoy, la APS representa probablemente la mayor oportunidad estratégica del sector salud dominicano para avanzar simultáneamente en tres dimensiones críticas: i. Mejora de resultados en salud, ii. Sostenibilidad financiera y iii. Fortalecimiento de la legitimidad del sistema frente a la población.

Aprovechar esa oportunidad requiere transitar desde una APS entendida como primer nivel de atención hacia una APS concebida como arquitectura funcional del sistema de cuidados.

Esto implica, en primer lugar, consolidar una lógica territorial real. La organización de los servicios debe responder a las características demográficas, epidemiológicas y sociales de la población, integrando la atención sanitaria con otros determinantes clave como vivienda, educación, empleo y entorno comunitario. Así, la territorialización no es únicamente una herramienta de planificación; es el mecanismo que permite al sistema ganar pertinencia, eficiencia y capacidad resolutiva.

En segundo lugar, resulta imprescindible fortalecer la articulación entre niveles de atención. La experiencia internacional muestra que los mejores resultados no provienen de sistemas segmentados, sino de redes integradas donde la atención primaria y los servicios hospitalarios operan de manera coordinada. En este sentido, el hospital debe ser entendido no como un componente separado, sino como un nodo esencial dentro de un continuo de cuidados.

Un tercer elemento crítico es la capacidad resolutiva del primer nivel. Para que la APS cumpla su rol, los centros de atención deben contar con recursos humanos adecuados, acceso a medios diagnósticos básicos, continuidad operativa y sistemas efectivos de referencia y contrarreferencia. Sin estos elementos, la APS pierde su potencial y el sistema se ve obligado a absorber costos evitables en niveles de mayor complejidad.

Desde la perspectiva financiera, la APS ofrece un espacio claro para mejorar la eficiencia del gasto. Un modelo basado en prevención, seguimiento continuo y manejo oportuno de condiciones crónicas permite reducir presiones sobre servicios hospitalarios, mejorar la asignación de recursos y fortalecer la protección financiera de los hogares. No obstante, esto requiere alinear los mecanismos de financiamiento con objetivos de equidad, riesgo y resultados en salud, incorporando progresivamente esquemas de ajuste que reflejen la realidad de la población atendida.

Igualmente relevante es el fortalecimiento de la participación social pues los sistemas de salud más efectivos son aquellos que logran integrar a la comunidad no solo como usuaria, sino como actor activo en la definición de prioridades, en la evaluación de los servicios y en la construcción de soluciones. La institucionalización de mecanismos de participación con capacidad real de incidencia constituye una inversión en gobernanza, transparencia y sostenibilidad.

La República Dominicana cuenta con condiciones favorables para avanzar en esta dirección toda vez que cuenta con un marco legal establecido, una red pública con potencial de fortalecimiento, experiencia acumulada en distintos territorios y una comunidad técnica con capacidad para acompañar el proceso. El reto es, fundamentalmente, de coherencia estratégica, articulación institucional y ejecución sostenida.

En este contexto, resulta pertinente orientar los esfuerzos hacia una agenda de implementación que priorice:

  1. La consolidación de redes territoriales integradas de servicios de salud;
  2. El fortalecimiento progresivo de la capacidad resolutiva del primer nivel;
  3. La articulación funcional con la red hospitalaria;
  4. El desarrollo de sistemas de información interoperables;
  5. La alineación de los mecanismos de financiamiento con criterios de riesgo y equidad y
  6. La institucionalización de la participación social en salud.

Más allá de una reforma sectorial, el fortalecimiento de la APS debe entenderse como una política de Estado, con impacto directo en el bienestar de la población, en la sostenibilidad fiscal y en la cohesión social.

El país se encuentra en una posición propicia para dar este paso. Convertir la Atención Primaria de Salud en el eje real del sistema no es solo una aspiración técnica ni una mejora incremental, es una decisión estratégica de alto nivel, capaz de reconfigurar el desempeño del sistema de salud, fortalecer la confianza ciudadana y sentar las bases de un modelo de desarrollo más equitativo y sostenible.

Pedro Ramírez Slaibe

Médico

Dr. Pedro Ramírez Slaibe Médico Especialista en Medicina Familiar y en Gerencia de Servicios de Salud, docente, consultor en salud y seguridad social y en evaluación de tecnologías sanitarias.

Ver más