La preocupación expresada por el empresario Frank Rainieri, fundador del influyente Grupo Puntacana, no es un simple llamado de alerta: es una advertencia estructural. Señalar como insostenible el crecimiento inmobiliario y turístico de Punta Cana implica reconocer que el modelo actual ha alcanzado su límite de operación. Está al nivel superior posible de su desarrollo y reclama transformaciones estructurantes y sostenibles.
Ese momento ha iniciado con la puesta en valor del Plan Estratégico Altagracia del Mundo, liderado por Su Excelencia Reverendísima, monseñor Jesús Castro Marte, obispo de la Diócesis Nuestra Señora de la Altagracia con sede en Higüey. Es emblemático y una señal trascendente que esta significativa hoja de ruta se pusiera en circulación en el museo «Alejandro Grullón» de la Basílica La Altagracia, que lleva el nombre del visionario estratega santiaguero, creador del Banco Popular y diversos proyectos innovadores y exitosos, Alejandro Enrique Grullón Espaillat.
En esta actividad ejecutiva asistió como invitado especial el rector magnífico del Sistema de Universidades Federico Henríquez y Carvajal (UFHEC), magíster Alejandro Ramírez Cabral, asimismo decenas de representantes de los 2 municipios, 5 distritos municipales, la gobernadora provincial, doctora Daysi de Óleo, la licenciada Ana Valdez, proveniente de una de las familias más poderosas y originarias de la provincia.
Igualmente, la magíster Enoide Cedeño, directora del centro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), decenas de pastores evangélicos, representantes de varios grupos empresariales de la región, organizaciones de la sociedad civil, el consultor sénior del proceso arquitecto y urbanista Julio Corral y quien suscribe, en su momento coordinador general de la iniciativa.
En los hechos, este plan estratégico describe y analiza que lejos de abordarse y aproximarse a un escenario de crisis, La Altagracia parece haber llegado al punto exacto donde las tensiones del crecimiento abren paso a las soluciones. Hoy, lo que antes era advertencia comienza a transformarse en una respuesta articulada, basada en unidad, concurrencia institucional y visión de sostenibilidad.
El plan es el resultado inclusivo y colectivo de un proceso participativo desarrollado entre 2022 y 2024, que involucró más de 525 instituciones y 2,700 ciudadanos en 225 encuentros, grupos de trabajo focalizados, talleres, seminarios y reuniones realizadas en los distintos municipios de la provincia.
Orientados por esta metodología participativa de trabajo de «abajo hacia arriba», el equipo realizó un diagnóstico retrospectivo y prospectivo hasta 2035 y construyó una visión consensuada para ser alcanzada en una primera etapa al 2030, momento que culmina la Estrategia Nacional de Desarrollo (Ley 1-22) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible pactados en el contexto institucional de las Naciones Unidas.
La visión construida de forma innovadora con metodologías que el Colectivo de Investigadores y Consultores, Strategius y otras entidades utilizan con creatividad, denominada Sueños del Territorio, se dirige a lograr una provincia «La Altagracia como territorio consolidado en turismo sostenible y diversificado, articulado en una gestión pública-privada-comunitaria, que protege los atractivos naturales y culturales con complementariedades asociadas al sector agroganadero y las mipymes y a servicios de salud, educación, deportes, seguridad y cultura de calidad; con jóvenes capacitados y con oportunidades para su desarrollo, adaptados al cambio climático y resilientes a los riesgos naturales».
La hoja de ruta estratégica comprende 25 proyectos estructurantes alineados con la visión aportada por los participantes. Todos los resultados y propuestas fueron compilados en una atractiva publicación de 352 páginas presentada recientemente.
Hace más de quince años, el propio Frank Rainieri anticipaba este desafío. En aquel entonces, promovía la necesidad de un programa de desarrollo ordenado para la provincia; incluso nos envió a Santiago un avión jet a recogernos, pero el proceso no pudo avanzar. La historia de la provincia registra incluso otras iniciativas tempranas de reflexión estratégica que no lograron consolidarse.
Ayer no se pudo. Hoy, las condiciones son distintas. En este nuevo contexto emerge exitosamente el Plan Estratégico de Desarrollo de la Provincia La Altagracia, denominado «Altagracia del Mundo». Este instrumento no solo representa una hoja de ruta técnica, sino un pacto social amplio, donde convergen actores públicos, privados, académicos y religiosos. Resulta especialmente relevante el papel articulador de figuras como los obispos Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Nicanor Peña Rodríguez y Jesús Castro Marte, cuya influencia contribuyó a dotar este proceso de legitimidad ética y cohesión social. A ello se suma la participación activa de sectores evangélicos, ampliando el carácter inclusivo de la propuesta.
En el plano institucional, la creación de la Alianza Altagracia Estratégica (ALTES), facilitada por Julio Corral Alonso y la señora Ana Valdez, constituye un paso decisivo y sostenible que crea una nueva arquitectura institucional en la región. Esta plataforma se perfila como el espacio de convergencia de la masa crítica provincial, donde el pensamiento estratégico se traducirá en acciones concretas orientadas al ordenamiento territorial, la sostenibilidad y la atracción de inversiones de calidad.
Los datos demográficos confirman la magnitud del desafío. La provincia ha pasado de 273,210 habitantes en 2010 a 446,060 pobladores censados en 2022, pudiendo llegar en estos momentos a 573,598 habitantes, un crecimiento mayor del 63 %, muy por encima del promedio nacional. Este ritmo no solo es excepcional, es estructuralmente exigente. Implica presiones directas sobre servicios, infraestructura, recursos naturales y gobernanza, en especial si se le suma la presencia de millones de turistas nacionales e internacionales anuales. Visitantes que consumen, se movilizan y disfrutan la magia cultural y geográfica de la isla La Española, y uno de sus puntos más atractivos.
En términos territoriales, la huella urbana también evidencia una expansión significativa: de 97 km² en 2012 a 109.75 km² en la actualidad, un 13.14 % de aumento. Esto equivale a un crecimiento superior a 1.2 km² por año, superando el umbral sostenible recomendado por organismos internacionales de rigor, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), que sugieren no exceder 1.0 km² anual para garantizar equilibrio entre población, urbanización y medio ambiente. Es decir, la armonía entre el medio social, el medio construido y el medio natural.
Este resultado es crucial: el problema no es el crecimiento en sí, sino su velocidad y su calidad. La Altagracia cuenta además con un importante sistema ambiental, compuesto por nueve áreas protegidas que abarcan el 15.27 % de su territorio bajo distintas categorías de manejo, incluyendo parques nacionales, monumentos naturales y paisajes protegidos. Este patrimonio natural, lejos de ser un obstáculo, debe convertirse en el eje estructurante del nuevo modelo territorial.
En paralelo, la presión turística es extraordinaria. Aproximadamente el 65 % de las habitaciones hoteleras del país se concentran en este territorio, liderado por polos como Bávaro, Punta Cana y Cap Cana, que reciben cerca de 5.4 millones de turistas anuales. Esta dinámica genera riqueza, pero también acelera el consumo del suelo y amplifica las demandas sobre infraestructuras críticas.
En consecuencia, el verdadero desafío no es detener el crecimiento, sino gobernarlo. La magnitud de la población flotante y residente exige transformaciones profundas en tres dimensiones clave: seguridad alimentaria, seguridad vial y seguridad ciudadana. Estas variables ya han sido identificadas en el Plan Estratégico como ejes prioritarios, lo que confirma la madurez del enfoque adoptado.
En síntesis, La Altagracia, Higüey, Punta Cana, Cap Cana y Bávaro no están frente a una crisis, sino ante una oportunidad histórica. Han alcanzado el punto donde el crecimiento desordenado deja de ser viable y obliga a dar el salto hacia un modelo inteligente, planificado y sostenible. Ese es, precisamente, el momento del cambio. Y todo indica que, esta vez, la provincia está preparada para asumirlo.
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