Cada 17 de septiembre, cuando se cumple un año más del fallecimiento de Julio de Peña Valdez, Julito, como cariñosamente le llamábamos quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y compartir con él parte de sus luchas, resulta necesario detenernos para recordar su trayectoria y rendir homenaje a un hombre que hizo de la defensa de los trabajadores, de las libertades democráticas y de las causas populares una razón fundamental de su existencia.
Hablar de Julito de Peña Valdez es hablar de una generación de dominicanos que, en momentos particularmente difíciles de nuestra historia, asumieron el compromiso de luchar contra la dictadura, por las libertades públicas, por la democracia, por la soberanía nacional y por una sociedad más justa.
Fue un dirigente antitrujillista, vinculado activamente al Movimiento Revolucionario 14 de Junio y a otras organizaciones de izquierda que, desde diferentes espacios, enfrentaron las injusticias políticas y sociales que caracterizaron buena parte de la historia dominicana.
Su compromiso político no fue una posición circunstancial. Fue una decisión de vida. En una época en la que expresar ideas democráticas y revolucionarias podía significar persecución, cárcel, tortura y hasta la pérdida de la vida, Julito asumió los riesgos propios de quienes colocan sus principios por encima de sus intereses personales.
JULITO Y LA GUERRA DE ABRIL DE 1965
Uno de los capítulos importantes de su trayectoria política fue su participación en la Guerra de Abril de 1965, aquella extraordinaria jornada de lucha popular y patriótica en defensa de la Constitución de 1963 y de la soberanía nacional.
La Revolución de Abril constituyó uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia contemporánea dominicana. Miles de hombres y mujeres se incorporaron a la lucha para defender la constitucionalidad y enfrentar la intervención militar extranjera.
Julito estuvo allí, formando parte de aquella generación que entendió que la defensa de la soberanía y de los derechos democráticos exigía pasar de las palabras a la acción.
Su participación en Abril de 1965 confirma la coherencia de una trayectoria política marcada por el compromiso y la disposición al sacrificio.
UN DIRIGENTE COMPROMETIDO CON LA CLASE TRABAJADORA
Pero su trayectoria no se limitó a la militancia política. Julio de Peña Valdez fue también un destacado dirigente sindical, comprometido con las luchas de los trabajadores y con sus reivindicaciones.
Su participación en organizaciones sindicales, particularmente en la Central General de Trabajadores (CGT), formó parte de ese largo camino de construcción de un movimiento sindical independiente, combativo y vinculado a las necesidades concretas de la clase trabajadora.
Desde el movimiento sindical defendió el derecho de los trabajadores a organizarse, a reclamar mejores condiciones de vida y de trabajo, a conquistar salarios dignos y a luchar por sus derechos.
Julito comprendía que la lucha sindical no podía estar separada de la lucha por las libertades democráticas y por las transformaciones sociales que necesitaba nuestro pueblo.
En esa perspectiva, junto al dirigente y doctor Juan B. Mejía, participó en la experiencia de la Escuela Comuna Obrera, espacio destinado a contribuir a la formación y educación de los trabajadores y al desarrollo de una conciencia crítica sobre la realidad política, social y económica del país.
La preocupación por la formación de los trabajadores constituía una parte esencial de aquella concepción de lucha: no bastaba con organizar a los trabajadores para reclamar reivindicaciones económicas; era necesario también contribuir a su formación política, sindical y social.
UN HOMBRE QUE PAGÓ UN ALTO PRECIO POR SUS IDEAS
La historia de Julito también está marcada por la persecución y la prisión política.
Durante los llamados doce años de Joaquín Balaguer, cuando importantes sectores de la sociedad dominicana fueron víctimas de persecución política, represión y violencia, Julio de Peña Valdez sufrió varios años de cárcel por sus posiciones políticas y por su compromiso con las luchas populares.
Aquellos años de prisión no lograron quebrar sus convicciones. Por el contrario, contribuyeron a reafirmar su compromiso con los trabajadores, con las organizaciones populares y con la necesidad de continuar luchando por una sociedad donde nadie fuera perseguido por pensar diferente ni por reclamar sus derechos.
La cárcel, para hombres como Julito, no significaba el abandono de sus ideales. Significaba un nuevo escenario de resistencia.
Por eso, al recordar su figura, no debemos hacerlo solamente desde la nostalgia. Debemos hacerlo desde el reconocimiento a una vida dedicada a causas que todavía mantienen plena vigencia.
SU EJEMPLO PARA LAS NUEVAS GENERACIONES
En una sociedad donde muchas veces se pretende presentar la lucha sindical y política como asuntos del pasado, la vida de Julio de Peña Valdez nos recuerda que los derechos que hoy disfrutamos fueron conquistados mediante grandes sacrificios.
La libertad sindical, las libertades democráticas, el derecho a la organización, las reivindicaciones laborales y las conquistas sociales no fueron regalos de los sectores dominantes. Fueron fruto de décadas de movilización, sacrificios, persecuciones y luchas protagonizadas por hombres y mujeres que, como Julito, decidieron no permanecer indiferentes ante las injusticias.
Recordar a Julito es recordar que la dignidad no se negocia y que la defensa de los derechos de los trabajadores requiere compromiso, organización y perseverancia.
Su vida constituye también un llamado a mantener la unidad del movimiento sindical y a colocar en el centro de la acción las necesidades de quienes viven de su trabajo.
En momentos en que los trabajadores continúan enfrentando el alto costo de la vida, salarios insuficientes, dificultades para acceder a una seguridad social verdaderamente solidaria y diferentes formas de precarización laboral, el ejemplo de dirigentes de aquella generación conserva una extraordinaria actualidad.
UNA MEMORIA QUE PERTENECE AL PUEBLO
Julio de Peña Valdez pertenece a esa generación de luchadores que comprendieron que la política y la acción sindical debían estar al servicio de las grandes mayorías.
Su paso por el Movimiento 14 de Junio, las organizaciones de izquierda, la Guerra de Abril de 1965 y el movimiento sindical, particularmente su participación en la CGT, forma parte de una historia de resistencia que merece ser conocida y reivindicada.
También forma parte de ese legado su preocupación por la formación de los trabajadores, expresada en su participación, junto al doctor Juan B. Mejía, en la Escuela Comuna Obrera.
A un año más de su partida física, sus compañeros, amigos y quienes compartimos sus ideales tenemos el deber de mantener viva su memoria. No solamente recordando su nombre, sino reivindicando los principios que orientaron su vida.
Julito de Peña Valdez no fue un hombre de acomodarse ante las circunstancias. Fue un hombre de lucha, de principios y de compromiso.
Su ejemplo nos enseña que los verdaderos dirigentes no se miden solamente por los cargos que ocupan, sino por la capacidad de mantenerse junto al pueblo en los momentos difíciles, defender a los trabajadores y sostener sus convicciones aun cuando hacerlo implique sacrificios personales.
Al cumplirse un año más de su fallecimiento, rendimos homenaje a Julio “Julito” de Peña Valdez, dirigente antitrujillista, militante revolucionario, participante de la Guerra de Abril de 1965, luchador de izquierda y dirigente sindical.
Que su memoria permanezca entre nosotros.
Que su ejemplo continúe inspirando a quienes luchan por la libertad, la justicia social, los derechos de los trabajadores y una sociedad verdaderamente democrática.
Julito vive en la memoria de quienes le conocimos, en las luchas de los trabajadores y en la historia de quienes nunca renunciaron a luchar por un futuro mejor para el pueblo dominicano.
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