Los luditas de hoy en día están ganando terreno porque los gigantes tecnológicos no le han demostrado a la gente cómo la innovación mejorará sus vidas

Los expertos en tecnología de Silicon Valley rebosan actualmente de optimismo de que la inteligencia artificial (IA) lo está cambiando todo. Es muy posible que tengan razón. Pero mientras que la mayoría de ellos da por sentado que esto será para bien, el público estadounidense parece pensar que será para mal. El temor de la IA se percibe en las zonas rurales, en medio de preocupaciones por la pérdida de empleos, la seguridad infantil y el impacto ambiental de los gigantescos centros de datos.

La brecha de percepción entre el sector y la sociedad en EE. UU. se pone de manifiesto en el último informe del Índice de IA de la Universidad de Stanford. Mientras que el 73 % de los expertos en IA cree que la tecnología tendrá un impacto positivo en los empleos de las personas, solo el 23 % del público piensa lo mismo. Algo similar ocurre con la economía y la atención médica. Lo más alarmante es que quienes probablemente vivirán más tiempo en el futuro definido por la IA parecen ser los más preocupados por ella. Entre los votantes estadounidenses de entre 18 y 34 años, la calificación neta de favorabilidad de la IA es de -44, según una encuesta de la NBC.

Los mensajes contradictorios de la industria no han ayudado. Por un lado, los ejecutivos del sector de la IA prometen curar enfermedades, abordar el cambio climático y marcar el comienzo de una era de abundancia radical. Por otro lado, advierten sobre la disrupción laboral, las amenazas cibernéticas y biológicas, y el riesgo existencial.

Al igual que con las alteraciones económicas anteriores, como la revolución industrial y la globalización, es probable que los beneficios económicos de la IA sean generalizados, mientras que los problemas sean localizados. También es más fácil identificar los empleos que están desapareciendo hoy que imaginar los que se crearán mañana. El internet generó demanda de programadores de software, por ejemplo, pero la IA podría llevar a que sean reemplazados por ingenieros de prompts, o indicaciones. Los luditas tienen mala fama por resistirse a la revolución industrial. Pero eran actores económicos racionales: pasaron décadas antes de que los trabajadores comunes se empezaran a beneficiar de las ganancias de productividad de la revolución. Aun así, estamos en los primeros días de la transformación provocada por la IA. Tres factores podrían aún redefinir el debate público.

Primero, la IA es inusual en el sentido de que reduce drásticamente el costo de la inteligencia; es un invento para inventar. La tecnología no solo puede impulsar la productividad, sino que también puede transformar la creatividad y el descubrimiento científico. Gran parte del debate actual gira en torno a los efectos «denominadores» de la IA, que reducen los costos de producción de bienes y servicios. Pero cada vez se enfocará más en sus efectos «numeradores», que permiten la innovación y la creación de nuevos tipos de negocios, generando ingresos adicionales.

En segundo lugar, los usuarios se están dando cuenta cada vez más de los beneficios que la IA les ofrece. La adopción de la IA ha sido más rápida que la de tecnologías anteriores. En tres años, la IA generativa ha llegado al 53 % de la población en los países encuestados, según el estudio de Stanford. Miles de empresas startup están aplicando esa tecnología de manera beneficiosa, por ejemplo, para explorar nuevas formas de desarrollar medicamentos y personalizar la educación. El uso cada vez mayor de agentes de IA también está estimulando un auge de la creatividad individual y de las oportunidades económicas.

Por improbable que pueda parecer hoy en día, es probable que también se desarrolle un régimen regulatorio más receptivo a nivel federal en EE. UU. El informe de Stanford reveló que los estadounidenses confían menos en que su propio gobierno regule la IA de forma eficaz que en cualquiera de los otros 29 países encuestados. Existe claramente una fuerte demanda de una legislación más protectora, lo que se refleja en los 145 proyectos de ley relacionados con la IA aprobados en los estados de EE. UU. para 2025.

Por último, si la IA realmente puede impulsar la productividad, eso por sí solo cambiará los términos del debate. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, sugiere que, en las últimas décadas, el crecimiento económico ha sido difícil, pero crear métodos de redistribución ha sido (relativamente) fácil. Sin embargo, según me dice, la IA podría cambiar ese cálculo.

Los sistemas fiscales existentes se han diseñado para sustentar generosos estados de bienestar en muchos países. Pero en un mundo de crecimiento abundante y creciente concentración de la riqueza económica, habrá que replantear los mecanismos de redistribución. La respuesta lógica sería un cambio radical en la tributación, pasando de gravar los ingresos a gravar el capital. Aún no hemos llegado a ese punto, pero es posible que lo hagamos pronto.

(John Thornhill. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

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